Las puertas del invernadero se abrieron suavemente y se cerraron de la misma manera. El silencio, que hasta entonces había embargado a ambas brujas, fue dispersado ante aquel ruido de bisagras desgastadas. Lili alejó su mirada de El Profeta y la dejó sobre la presencia de un muchacho con aspecto de rockero muggle. Llevaba un par de cosas en las orejas y movía su cabeza, obligando a su largo cabello moverse de un lado a otro, de arriba abajo al compás de su, suponía ella, extraña y ruidosa música.
-Llegas tarde, Henry -dijo cruzándose de brazos. Adshner se quitó los auriculares e intentó sonreír apenado, aunque sabía positivamente, que no lo estaba en lo absoluto -, ya hablamos sobre esto.
-Lo siento, Señorita Dorian.
-Deja al muchacho -reprendió Mia rodando los ojos -. Te comportas como su madre -murmuró divertida, Lili iba a responderle pero logró interrumpirle -. Debo marcharme; si cambias de opinión, sabes dónde encontrarme.
-Dudo que eso llegue a suceder, pero lo tendré en cuenta -ella asintió comenzando a caminar hacia la salida, sin embargo, antes de ello se giró hacia atrás captando la atención de la herbóloga -. ¿Qué sucede?
-Cuídate.
Lili no respondió pero frunció levemente el ceño mientras su mejor amiga finalmente, desaparecía de su vista. No supo realmente a qué se refería, pero después de leer aquel artículo del diario matutino, supuso que Mia se había tomado aquello muy a pecho. Miró de reojo a Henry, nuevamente en su mundo, acomodando algunas mandrágoras tarareando una letra de un tema musical que desconocía por completo.
-Tenemos mucho trabajo por delante. El profesor, Neville Longbottom, necesita estos plantines para mañana.
-Entendido.
-Y no vuelvas a llegar tarde o no tendré tanta misericordia para la próxima.
Henry asintió distraído en tanto le colocaba tierra a las masetas que quedaban por preprar.
Henry Adshner no contaba con más de veinte años, llenos de ilusiones, amante de la herbología, a pesar de que no lo aparentaba. Era un ex alumno del colegio de magia y hechicería Ilvermorny de la clásica norteamerica. Lili llevaba dos años trabajando a su lado, prácticamente era uno más de la familia y dormía, incluso, en Dorian Manor. No conocían mucho de su historia, sólo que no tenía a nadie en aquel vil mundo, que era un talentoso y misterioso mago que le tenía pavor a los gnomos.
Extraño, pero no era algo que no se hubiera visto antes en el Mundo Mágico. Muy diferente a las masacres de aquellos niños que estaban preocupando a la comunidad, tanto mágica como muggle; ¿qué tipo enfermo haría algo como eso? Quitando el hecho de que el único que había llegado a hacer eso, estaba completamente acabado.
~•~
"Estimado, señor Wilson:
Debido a las evidencias recogidas hace veinticinco horas, podemos decir que la muerte de Austin Wallas fue provocada por la ingesta de una planta venenosa. Por ahora, no podemos dictaminar exactamente de qué especie y no podemos asegurar, tampoco, que el resto de los casos hayan sido por de la misma manera.
Sin embargo, aún sostenemos que, dada a las graves lesiones del cuerpo, se trata claramente de un asesinato.
Me temo que, dada las pocas certezas que nos acompañan últimamente, la información denota ser algo empobrecida, pero es lo mejor que hemos encontrado en meses.
Espero su respuesta.
Dr. J.G Martins."
Derek alejó la carta y le dio un largo trago a su vaso de coñac. Llevaba dos días consecutivos leyendo aquellas líneas, palabras, escasas y cargadas de algo que, hasta entonces, lo encontraba inexplicable. Sí, era esperanzador, pero aún existía algo que lo inquietaba. Algo que el Dr. J.G Martins, por supuesto nunca podría resolver. Mordió su labio y caminó hacia el ventanal de su despacho, este daba a los jardines de su casa, los mismos que ya no eran recorridos por su madre; llevaba un tiempo viviendo solo después de la muerte de sus padres en un fatídico accidente.Habían sido años duros y parecían no querer acabar.
-¿Amo? -dejó la ventana para mirar a su pequeño elfo en medio de su despacho. Sus ojos, de un verde pálido, lo miraron fijamente -. El señor Desenger lo espera.
-Muy bien. Gracias, Charlie -éste asintió y desapareció sin emitir un solo sonido.
Dejó el vaso vacío sobre su escritorio y tomó la carta del doctor Martins. El hombre, un muggle de mucho conocimiento, había sido de gran ayuda en varios casos pasados. Había resultado ser un no mágico amable, leal y profesional, principalmente, en su labor como forense. Y en un principio, muchos se habían opuesto a que alguien sin magia los ayudara en cosas tan complejas del Mundo Mágico. Sin embargo, sus aportes habían sido realmente provechosos, a pesar de no conocer absolutamente nada de ellos.
-Antes de que me lo digas: ya tienes una hipótesis -Derek rodó los ojos mientras bajaba los últimos escalones de la preciosa escalera en forma de caracol -. Amigo, deberías descansar.
-No hay tiempo para perder el tiempo.
-Tener una vida no es perder el tiempo. Daría lo que fuera por tenerlo para mis hijos y mi esposa -Desenger sacó un cigarro de su bolsillo, con ciertos temblores en sus manos. Posiblemente un cuadro de ansiedad que no podía controlar si no era consumiendo nicotina barata. Lo miró y apuntó con su mentón el pequeño tubo cancerígeno, cargando en su expresión con una seriedad única -. ¿Se puede?
-Si con eso te calmas.
-Lo dejaré -aseguró encendiéndolo, le dio un par de caladas, lo alejó, soltó el humo por su nariz y observó el cigarro en su mano derecha con desdén -, algún día. ¿Qué prosigue?
-Tengo una lista de Medimagos que viven en la zona, quiero saber qué se usó realmente para envenenar al niño -tomó su sombrero del perchero y su chaqueta -. Será un largo camino.
-Bueno, dependiendo de dónde busquemos.
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[Finalizado] El Mundo Mágico oculta un asesino.
FanfictionDerek Wilson forma parte de un equipo de investigación mágica muy importante: un grupo especial del departamento de Aurores y se ve envuelto en un caso extraño que lo obliga a pensar que están nuevamente en tiempos oscuros; el asesinato de una decen...