Después de la suciedad de mi rostro y la mugre en mis uñas, fui aquella a la que alguna vez llamaron la estirada, una mujer elegante y refinada, de buenos gustos y con mucho glamour, con buenos modales y mucha clase, mucho porte; ¿pero en qué moment...
Nos desvestimos hasta quedar solo en ropa interior y nos metemos al agua, que estaba algo tibia y empezamos a chapotearnos uno al otro. El momento se puso algo tenso cuando el me tomo por la cintura sosteniéndome fuerte, y yo solo apoye mis manos sobre sus hombros.
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-Estas seguro de esto?- Le pregunto temblorosa.
-¡Si!! Muy seguro- Me responde y me besa apasionadamente dejándome sin aire.
Luego de que nos saliéramos del agua, estábamos secándonos, pero no dejábamos de mirarnos con un poco de picardía, él me estaba empezando a gustar en serio, y empecé a retractarme de lo que había dicho antes.
En cuanto estuvimos un poco secos, comenzamos a vestirnos y las miradas se convirtieron en pequeñas risitas, y en un impulso de él, me tomo por la cintura nuevamente y yo acaricie su rostro
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Luego el me cargo haciendo que lo rodeara con mis piernas y comenzamos a besarnos un poco descontrolados.
-Tú también quieres esto?- Me pregunto separándome de sus labios y muy serio.
-Si... solo que no ahora- Le dije escondiendo la mirada.
-Yo me refería a la boda- Me dijo con una enorme sonrisa en su rostro.
-Ha! si claro, la boda. Si!! Acepto- Le dije devolviéndole la sonrisa.