8.Me sabe a poco.

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"Pero no hay verso sensato para tu hermosura, solo queda el futuro y la duda de si durará, todo está en jugar y sudar"

2011.

Cuando Álvaro les llevó a la playa él solo por primera vez, se sintieron libres. Tenían diecisiete y doce años.

Pudieron bañarse sin los gritos de madre de fondo, que repetían una y otra vez "En la orilla, chicos, ¿es que no véis que os va a llevar la resaca?"

La verdad es que el adulto responsable que no era ni una cosa ni la otra, desapareció al rato de llegar detrás de una rubia, según él, despampanante, Agoney y Raoul no sabían a lo que se refería, la verdad, solo era una chica.

Se bañaron muchísimo, jugaron en la arena y comieron luchando contra la misma, para que no manchase sus bocadillos.

-Me gusta venir a la playa, me recuerda a Adeje. Aunque allí es más bonita.

-Algún día tienes que llevarme.- suspiró el rubio apoyando la cabeza en el hombro de su amigo.

Un mes más tarde, ambos irían al pueblo del canario junto a su familia. Fue bonito. Y se repitió cada verano desde entonces.

Álvaro no había vuelto en horas, era de noche y se habían refugiado bajo unas rocas, Raoul tenía frío.

Agoney cubría a su amigo con la toalla ya seca, ¿dónde se había metido el "responsable"?

Una vez en el coche Álvaro miraba por el retrovisor el ceño fruncido de su hermano y la cara de sueño del otro chaval; pedía un millón de disculpas por haberse despistado "por cosas que no tenían que saber".

Fue divertido estar juntos tanto tiempo, solos, disfrutando, deseando que durase toda la vida.

Actualidad.

Dos semanas.
Dos semanas que no podían dejar de quererse a cada momento.
Dos semanas en las que Raoul creía que se iba a morir de amor.
Dos semanas de esconder todo eso porque Agoney pensaba que era lo mejor, cuando lo que él quería era gritar a los cuatro vientos que sí, que estaba con Agoney y que todo era fantástico. Que estaban juntos cada noche. Que su mejor amigo lo desnudaba como nadie lo había hecho. Que lo besaba constantemente cuando nadie los veía.

Quería decirle a Mireya que definitivamente sí que había algo.

Quería decirle a Álvaro que realmente era un de momento.

Quería poder decirle a Agoney que estaba enamorado de él sin quedar como un idiota y mandarlo todo a la mierda.

Quería quererlo muchísimo y que lo quisiese de la misma manera.

Pero Agoney solo quería jugar, solo quería estar con él a ratos de esa manera, como en ese momento, en el que la pantalla de su móvil se iluminaba y le decía "llamada entrante de: Ago"

Lo cogió mordiéndose una sonrisa, no dijo nada, esperó a que hablase él, como siempre. Y suspiró.

-¡Hola Raoul! Voy a ir a tomar algo con Alfred esta noche, ¿te vienes?- podía escucharlo sonreír. Literalmente escuchaba las palabras con la boca estirada, y tuvo que sonreír él mismo.

-¿Dónde vais a ir?

-Habíamos dicho de ir a un bar pero las chicas se van a no sé dónde así que iremos a su casa, igual se viene también Ricky.

-Sí, sí voy, pasas a por mí, ¿vale?

Agoney no se arregló, no solía hacerlo demasiado, pero no se molestó ni en peinarse. Unas bermudas, camiseta, deportivas y al lío.

Al paraíso.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora