10.Rojo.

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"¿Cómo no volverse loco en esta cloaca?
A falta de poesía esto sería la resaca de un millón de findes con vodka barato, bebiendo todo el tiempo pa' olvidarte solo un rato"

2012.

El cine estaba prácticamente vacío, y eso lo hacía mucho más interesante.

Álvaro no dejaba de murmurar lo coñazo que era la película, pero Raoul y Agoney se divertían buscando referencias de las dos primeras partes de la saga de REC.
Una televisión en la que se veía a Ángela Vidal antes de entrar al edificio infectado les hizo saltar en su asiento y mirarse emocionados.

No veían esa película para pasar miedo, la veían porque REC fue la primera película de terror que vieron juntos, agarrados de la mano, a escondidas en la habitación de Agoney. Y descubrieron que las emociones que generaban los sustos fáciles, los ríos de sangre y los asesinos enmascarados eran mucho más fuertes cuando las vivían juntos.

A Raoul le hizo pensar el final de la película.

El hombre, tan decidido a morir por su mujer, la besa sabiendo que está infectada, le da igual que ella le arranque media cara de un mordisco, porque siente un amor incondicional hacia ella, un amor que le cuesta la vida, y no parece importarle.

Esa noche se durmió dándole vueltas a la cabeza. Se intentaba imaginar a la chica por la que daría su vida y no la encontraba, sin embargo, al mirar al otro lado de la cama y ver a Agoney hecho una pelota a su lado, respirando tranquilo, se asustó.

No podía ser, ¿no?

Se convenció de que aquel fugaz pensamiento en el que veía a Agoney dando su vida por él y viceversa se debía al sueño que tenía y no a que él fuese como Agoney.

Aún así, a la mañana siguiente, cuando Álvaro dejó a su amigo en la puerta de su casa, Raoul le contó a su hermano lo que había pasado por su cabeza.

-¿Pero a ti te gustan los chicos?

-No...creo. No me lo he planteado nunca.

-Entonces es que has tenido la suerte de dar con el mejor compañero de vida que te podía haber tocado. Que no lo dudaba, Agoney te ha protegido muchísimo desde bien pequeño. Es muy grande. Y me alegro de poder llamarlo familia.

Raoul se emocionó porque tenía el mejor amigo y el mejor hermano mayor del mundo.

-Tengo mucha suerte con todo lo que me ha tocado- afirmó sonriente.

Actualidad.

No pensaba responder a ninguno de sus mensajes. Iba a colgar cada llamada.
Evitaría verlo con cualquier excusa. Porque él le había hecho daño.

Quizá a eso se refirió cuando dijo que era peligroso lo que estaban haciendo. Pero que se joda.

Agoney no merecía ni el aire que respiraba. Se estaba liando con otro tío con él delante. El muy imbécil.

Pues no parecía tener ganas de buscarse a otro unas noches atrás, no te jode.

Entre distintos insultos, sapos y culebras, Raoul pasaba el tiempo en la habitación, estaba borando todas y cada una de las fotografías que se habían hecho las dos últimas semanas. Todas las que le había hecho a Agoney con el pelo revuelto y la cara roja. Jamás deberían haber vuelto a hablarse, ya se lo dijo una vez Cepeda, que Agoney solo traía problemas, a él sin ir más lejos le partió la cara.

Y es que era verdad, le gustaba demasiado la gresca, la droga y la fiesta.
Así lo había captado, con la actitud de tío duro (que no era), con los besos de sabor al porro que se había fumado hacía un rato y con sus estúpidos bailes con aquella mirada intensa que, en fin, ahora le tocaba odiar.

Al paraíso.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora