Tu sonrisa es la más hermosa, sincera y amable que haya visto nunca. Si tu sonríes, yo estoy bien.
.Portada: @Edlyn_Tovar
#Ganadora de los BiasAwards2020.
—Entonces, ¿por qué estás aquí? —pregunté, intentando que mi voz sonara casual mientras terminaba mi comida— ¿Qué enfermedad tienes? —Le sostuve la mirada, buscando alguna grieta en su semblante, pero él solo me devolvió una sonrisa radiante. —No estoy enfermo —respondió con una tranquilidad que me desarmó— Solo sufrí un desmayo y me trajeron por precaución. El médico le sugirió a mi madre que descansara, y como ella sabe perfectamente que no me quedo quieto ni un segundo, decidió dejarme aquí bajo vigilancia. —Ah, qué alivio —suspiré, dejando que una sonrisa genuina asomara mientras saboreaba la siguiente cucharada. Un peso invisible se levantó de mis hombros. Ayer no había dejado de darle vueltas a su situación; me aterraba la idea de que alguien tan vital, tan lleno de luz y energía, pudiera estar marchitándose por dentro. Ver a Hoseok cansado o triste me parecía una injusticia de la naturaleza. —Yo también quería preguntarte lo mismo —confesó él, pasando una mano nerviosa por su cabello castaño— Pero temía que fuera un tema delicado. Sin embargo, ya que te has atrevido tú y parece que hay confianza... —soltó una risita cómplice que me hizo eco en el pecho. —Está bien —lo interrumpí, tratando de calmar sus dudas— No tienes que sentir vergüenza. Somos amigos ahora, ¿no? —Él asintió con esa sonrisa encantadora que parecía iluminar el comedor— Pues, lo mío no es nada. Solo unos chequeos de rutina, probablemente me den el alta pronto. No te preocupes. Mentí. La palabra se sintió amarga en mi garganta. Mentí porque me aterraba que la lástima empañara el brillo de sus ojos al mirarme. Mentí porque, por primera vez en mucho tiempo, alguien me veía como una chica normal y no como una paciente terminal. Quería retenerlo a mi lado un poco más, sin el peso del diagnóstico entre nosotros. —¡Qué buena noticia! —Hoseok se puso en pie de un salto, oteando el pasillo con aire travieso— ¿Por qué no damos una vuelta? No te preocupes, no saldremos del edificio. Antes de que pudiera protestar, su mano rodeó la mía. Su calor era tan real, tan lleno de vida, que me dejé arrastrar hacia el exterior.
Caminamos por el jardín del hospital en un silencio inusual. Hoseok, siempre tan elocuente, parecía sumido en sus propios pensamientos. Yo me limité a seguir su paso, disfrutando de la extraña paz que me brindaba su cercanía. —¿Y si nos escapamos? ¿No crees que sería divertido? —solté de pronto, rompiendo el silencio. Él se detuvo en seco y me miró como si me hubiera salido una segunda cabeza. —¿Lo dices en serio? —preguntó, frunciendo el ceño. —Completamente —respondí con una chispa de rebeldía. Me acerqué al muro perimetral que separaba nuestra reclusión del resto del mundo— Quiero salir de aquí, aunque sea una sola vez. Sin batas blancas, sin olor a desinfectante. —Pero dijiste que saldrías pronto. ¿A qué viene la prisa? —Se colocó frente a mi, obligándome a mirarlo. —No lo sé —reí, tratando de ocultar la urgencia que me quemaba por dentro— Quizás solo quiero sentir la adrenalina de una fuga. ¡Como en las películas! Imagina a todo el personal buscándonos frenéticamente. —En ese caso, yo sería el protagonista trágico —bromeó él, haciendo un puchero—El chico al que atrapan y castigan por llevarse a la princesa desaparecida. ¡No quiero morir tan joven! —Vaya, y yo que pensaba que eras un aventurero de verdad —me crucé de brazos, fingiendo indignación mientras me alejaba de él. —¡Oye, que sí lo soy! —gritó, corriendo tras de mí entre risas. Por primera vez en un año, la felicidad no se sentía como un concepto lejano. Hoseok era esperanza pura; estar con él me hacía creer, aunque fuera por un instante, que el futuro no era una cuenta atrás. —¡JaeMi! —La voz de mi madre rompió el hechizo. La vi acercarse con el rostro desencajado por la angustia— ¿Dónde estabas? Me tenías aterrorizada, pensé que te había pasado algo. —Estoy bien, mamá, no exageres —murmuré, bajando la vista, sintiendo cómo la burbuja de libertad explotaba de golpe. —Perdone, señora, ha sido culpa mía. La distraje demasiado —Hoseok intervino de inmediato con una reverencia impecable y su mejor sonrisa— Pero no se preocupe, ha estado en buenas manos. —JaeMi, ¿quién es este joven? —preguntó mi madre, suavizando el tono pero sin dejar de examinarlo. —¡Soy Jung Hoseok! Un gusto. Soy amigo de JaeMi —se presentó con tal entusiasmo que mi madre no pudo evitar relajar el semblante. —Mucho gusto, Hoseok. Gracias por cuidarla —dijo ella, aunque luego me tomó del brazo con firmeza— Pero es tarde, Jae. Tienes que descansar. Me despedí de él con la mano y regresé a la habitación. Una vez instalada en la cama, me quedé mirando las grietas del techo, todavía sintiendo el calor de su mano en la mía. —¿De dónde lo conoces? —preguntó mi madre con curiosidad. —¿En serio? —arqueé una ceja— Mamá, llevo meses encerrada aquí. ¿De dónde más lo voy a conocer? —Solo preguntaba... Parecían tan cercanos. Como si se conocieran de toda la vida —comentó ella mientras acomodaba mis cosas— Pero, dime, ¿te gusta ese chico? —¡Claro que no! ¡Déjame dormir! —exclamé, cubriéndome hasta la nariz con la sábana para ocultar mi sonrojo. ¿Gustarme? ¿Cómo podía permitirme el lujo de enamorarme en mi estado? Era peligroso, era egoísta. Sin embargo, la vibración de mi celular interrumpió mis pensamientos. Hoseok 😄: Está bien, escapémonos un día de estos. 😊
Sentí un vuelco en el corazón. Mis dedos volaron sobre la pantalla.
Jae: ¿A dónde me llevarías?
Hoseok 😄: A donde tú quieras. Estoy a tu disposición, mi bella princesa. 👸
Jae: Está bien. Me llevarás a donde yo elija, sin importar qué tan lejos sea. ¿Lo prometes?
Hoseok 😄: Te lo prometo. 😉
Dejé el teléfono sobre el pecho y cerré los ojos. Sabía que no debía, sabía que las promesas en un hospital suelen ser frágiles... pero, ¿cómo no querer a alguien que te ofrece el mundo cuando el tuyo se está haciendo pequeño?
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