Tu sonrisa es la más hermosa, sincera y amable que haya visto nunca. Si tu sonríes, yo estoy bien.
.Portada: @Edlyn_Tovar
#Ganadora de los BiasAwards2020.
—Lo sentimos... el tumor ha regresado. Esta vez avanza con mayor agresividad. Estén con ella... todo lo que puedan. Nadie se atreve a decirme lo que ya sé. Creen que me derrumbaré al escucharlo, y tienen razón; estoy devastada, el suelo parece haber desaparecido bajo mis pies.
Sin embargo, hay un matiz distinto en este dolor. No tengo miedo. No es que desee morir, pero si el final es inevitable —y lo es—, no me encontrará temblando. Habito en un extraño equilibrio: la tristeza de decir adiós y la felicidad de haber amado. Me duele dejar a quienes quiero, pero me consuela haberlo conocido a él.
Fui feliz. Vi la sonrisa de Jung Hoseok, esa luz que se convirtió en mi única definición de esperanza. Solo deseo que él siga adelante, que sus sueños no se detengan por mi ausencia. Sé que llorará, pero espero que, con el tiempo, se limpie el rostro y sonría al recordarme. No quiero ser una herida abierta en su memoria, sino un refugio. —Jae... Su voz me devuelve al presente. Sé que tiene los ojos irritados por el llanto, pero aun así, me dedica el gesto más hermoso que conoce. Abro los ojos y ahí está: su sonrisa, firme a pesar de la tormenta. —Hobi —murmuro, forzando mis labios a responderle— ¿Dónde estabas? —Fui a comprar un jugo... tenía sed —miente con una ternura que me parte el alma. Suspira y acaricia mi cabello con una delicadeza infinita— Tu mamá quería que fuera a casa a ducharme, pero no quise dejarte. Hizo un puchero infantil que me obligó a reír. Fingí olfatear el aire, tratando de disipar la densidad del momento. —Ah... ahora entiendo por qué insistía —bromeé, tapándome la nariz— Apestas, Hoseok. Él frunció el ceño, ofendido, y se olió la chaqueta. —¡Mentira! —exclamó haciendo un berrinche fingido— Está bien... iré, pero volveré en un abrir y cerrar de ojos. Asentí, observándolo como si quisiera tatuarme su silueta en la retina. —Te amo —dijo él, antes de salir. —Te amo —respondí. "Te amo para siempre". Sonreí al darme cuenta de que esa es una promesa que sí podré cumplir. Lo amaré hasta mi último aliento y, si existe algo después, lo amaré también allí. Mi tiempo es finito, pero mi amor no lo es. La medicación me sumió en un sueño pesado y sin sueños. Mi madre custodió mi descanso toda la noche hasta que llegó el relevo. Desperté solo cuando sentí su presencia; Hoseok estaba sentado en la silla junto a mi cama, con la cabeza baja y los hombros sacudidos por un llanto silencioso.
—Hobi... —alcancé su mejilla con mis dedos débiles— No llores, por favor. —¿Por qué? —preguntó con la voz rota, levantando la mirada. Sus ojos estaban inyectados en sangre— No puedo soportarlo, Jae. Simplemente no puedo. Su llanto estalló, rompiendo la última barrera de su resistencia. Verlo así, tan desarmado, dolió más que cualquier tumor. —Está bien... —susurré. —¡No, no está bien! Tienes que vivir. Tienes que cumplir tus sueños, ser feliz... Tomé su rostro entre mis manos, obligándolo a mirarme. —Estoy viviendo, Hobi. Y ya cumplí mi sueño: tú eres mi sueño. Tu sonrisa es la más sincera y amable que he visto en mi vida. Si tú sonríes, yo estoy a salvo. —Jae... —Se inclinó hacia mí, rodeándome con sus brazos y escondiendo su rostro en mi hombro— Ojalá pudiera hacer algo... salvarte. Él no lo sabía, pero ya lo había hecho. Me salvó de la amargura y del vacío. Me salvó al enseñarme que el amor vale la pena, incluso si el tiempo es corto. No me importa morir, porque tuve la suerte de conocerte a ti, mi bella esperanza.
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