Tu sonrisa es la más hermosa, sincera y amable que haya visto nunca. Si tu sonríes, yo estoy bien.
.Portada: @Edlyn_Tovar
#Ganadora de los BiasAwards2020.
Ya había tomado mis medicamentos de la mañana, así que, buscando un respiro del aire viciado de los pasillos, decidí refugiarme en el jardín del hospital. Llegué hasta la fuente y, para mi desgracia, allí estaba él: el chico de anoche. Hoseok. Ese era su nombre. Me quedé paralizada un segundo, debatiéndome entre dar media vuelta o seguir adelante. Si me veía, sabía que no me dejaría en paz; su energía era agotadora para alguien que solo buscaba silencio. Traté de deslizarme por su lado con la cautela de una sombra, conteniendo el aliento. Creí haberlo logrado, hasta que su voz rompió la calma del jardín. —Así que no eras muda —soltó. Di un respingo, el corazón dándome un vuelco al sentirlo tan cerca— Vaya, mejor me lo hubieras dicho. No habría tenido que esforzarme tanto para averiguar tu nombre, JaeMi. —Mm... —balbuceé, atrapada entre la sorpresa y la molestia. No sabía qué decir. —No importa, creo que yo tuve la culpa —admitió, inflando las mejillas con un gesto infantil— Me puse a hablar y no te dejé espacio para decir nada. Es un defecto que tengo: hablo por los codos. Al menos es consciente de ello, pensé con sarcasmo. —Oye, pero no te quedes ahí callada, que hieres mi corazoncito —añadió, llevándose la mano al pecho con una mueca de agonía digna de un actor de teatro. —¿Qué quieres que te diga? —arqueé una ceja, cruzándome de brazos— No te conozco de nada, así que no tengo nada de qué hablar contigo. —¿Ese es el problema? —chasqueó la lengua, dedicándome una sonrisa traviesa
— Mi nombre es Jung Hoseok, dieciocho años y futuro mejor bailarín del mundo. — Me guiñó un ojo con una confianza envidiable— Vamos, ahora es tu turno. Suspiré, derrotada por su insistencia. ¿De verdad este chico no tenía nada mejor que hacer? Luego recordé dónde estábamos. Seguramente estaba tan desesperadamente aburrido como yo la mayor parte del tiempo. —Está bien. Me llamo JaeMi, dieciocho años. —Te falta tu especialidad —insistió, sin borrar su sonrisa. —No me gusta hacer nada, así que no tengo ninguna. —¿Estás de broma? —Sus ojos se abrieron de par en par— ¿Cómo puedes decir que no te gusta nada? Alguna pasión debes de tener escondida por ahí. —No he tenido tiempo para eso —respondí, y el peso de mis propias palabras me hizo suspirar— O tal vez, simplemente no he querido tenerlo. ¿Para qué soñar con lo inalcanzable? Hoseok se sentó en el borde de la fuente y su expresión se volvió inusualmente seria.
—Un amigo dijo una vez: "Prefiero morir a vivir sin ninguna pasión". Lo entendí en el momento en que lo escuché. Debemos tener algo por lo que luchar, algo que haga que el corazón palpite con fuerza. ¿De qué sirve estar vivo si no tienes algo así? Sus palabras calaron hondo, golpeando un lugar de mi interior que mantenía bajo llave. Era cierto. Había luchado tanto por seguir respirando pero, al final del día, ¿qué me esperaba? Mis horizontes terminaban en estos muros de hospital. —Pero bueno, quizás es que aún no te has dado cuenta —continuó, recuperando su brillo— Porque la verdad, sí hay algo que te llena el corazón. —¿Ah, sí? ¿El qué? —Los fuegos artificiales. Te vi anoche. Tenías una cara de boba mientras los mirabas... —Se detuvo un momento, observándome— La verdad, en ese momento pensé que te veías linda. Sentí que el calor me subía a las mejillas.
—¿Qué? ¿Y ahora no? —Bueno, pensándolo bien, no tanto —hizo una mueca burlona— No me gustan las chicas que mienten, y tú —me señaló con el dedo acusador— Me has mentido. —Bien, mucho gusto en conocerte, pero me tengo que ir —anuncié, dándome la vuelta. Pero él fue más rápido y se plantó frente a mí, bloqueándome el paso. —¿Qué quieres ahora, Hoseok? —Estoy aburrido —confesó, como si fuera una emergencia nacional— ¿Qué haces tú aquí para no morir de hastío? —Aburrirme —contesté con una sonrisa ácida. —Venga ya, no seas así. Somos dos adolescentes encarcelados aquí; deberíamos unirnos y tratar de pasarla bien, ¿no crees? —¿Y qué sugieres? —Me crucé de brazos, desafiante— Si quieres, corre por todo el hospital, seguro que así te distraes. —Tengo una idea mucho mejor. ¡Ven! —Antes de que pudiera protestar, me tomó de la mano y me arrastró por el jardín de vuelta al edificio.
(...)
—¿Puedes decirme qué demonios estás haciendo? —pregunté desde el rincón donde me había ordenado sentarme. Habíamos entrado en un cuarto de suministros olvidado, lleno de trastos viejos y cajas amontonadas. —Shh, ya casi termino. Solo falta el toque final —su voz llegó desde un pequeño baño anexo. Cuando finalmente salió, la imagen fue tan ridícula que mi máscara de indiferencia se rompió por completo. Estallé en carcajadas. —¿Pero qué traes puesto? —logré decir entre risas—.ñ Pareces sacado de un contenedor de basura. ¿De dónde has sacado eso? Hoseok también reía, mirándose en un pequeño espejo roto. Llevaba una combinación imposible de prendas viejas y accesorios desparejados. Y de nuevo, sentí esa punzada extraña en el pecho al presenciar su sonrisa; era... luminosa. —Lo encontré aquí dentro. ¡Hay de todo! Hasta gorritos —dijo, quitándose una especie de boina raída— Reconozco que esto me queda demasiado raro. —Estás loco —negué con la cabeza, intentando recuperar el aliento— No sabes de quién era esa ropa y te la pones como si nada. Imagina que pertenecía a alguien con una enfermedad incurable y ahora la llevas tú. —Qué imaginación tienes —se rió él, acercándose para tomarme de las manos. —¿Qué haces? —Fruncí el ceño, aunque no me aparté de inmediato. —Bueno, si me infecté con algo, no pienso morir solo. ¡Te llevo conmigo! —exclamó con una carcajada limpia. —Qué caballeroso —solté mis manos de su agarre, fingiendo indignación— Prefieres que muera conmigo a salvarme. Bufé y me encaminé a la salida, aunque, por primera vez en mucho tiempo, no podía borrar la sonrisa de mi cara.
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