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No podía creerlo: finalmente estaba frente a mi casa. El corazón me dio un vuelco de nostalgia. Giré el rostro para sonreírle a Hoseok cuando se detuvo a mi lado y, con una delicadeza que me erizó la piel, entrelazó su mano con la mía.

​— Vamos, quiero conocer tu habitación — me dijo con esa chispa traviesa en los ojos, arrastrándome prácticamente hasta la entrada.

​Entramos y subimos las escaleras a toda prisa. La segunda puerta a la izquierda marcaba mi territorio; esta vez fui yo quien tiró de él para entrar. Todo estaba exactamente como lo recordaba; mi madre se había esmerado en mantener cada rincón impecable, como si el tiempo no hubiera pasado.

​— Vaya... — Hoseok se acercó a la cama con curiosidad — ¿Por qué las chicas siempre tienen peluches en su cuarto? — preguntó, tomando uno y apretándolo con fuerza.

​— ¡Hoseok! — lo regañé de inmediato, arrebatándole el muñeco de las manos — Casi lo matas.

​Con un gesto tierno, besé al peluche para "curarlo". Hoseok se quedó de piedra, mirándome con la boca abierta y una expresión de incredulidad.

​— No es una persona real, ¿lo sabes, verdad? — soltó una risita.

​Fruncí el ceño, fingiendo una molestia que no sentía, y me di la vuelta para acomodar al peluche en su lugar de honor sobre el pequeño sofá blanco. Mientras tanto, Hoseok, con la confianza que lo caracterizaba, se dejó caer sobre mi cama y comenzó a revolcarse en ella como un niño pequeño.

​— Ven aquí — me llamó.

​Me acerqué y me senté en el borde, pero él tenía otros planes. Con un movimiento rápido, tomó mi mano y tiró de mí hacia atrás. En un segundo, me vi acostada a su lado, con la cabeza apoyada en su hombro. Los nervios se dispararon; sentir el calor de su cuerpo tan cerca del mío siempre lograba descolocarme.

​— Esto es agradable — comentó él en un susurro — Me gusta estar así contigo.

Lo escuché reír suavemente antes de que se girara para quedar frente a frente. Nos perdimos en la mirada del otro durante unos segundos que parecieron eternos, hasta que su mano buscó mi mejilla y sus labios se posaron sobre los míos en un beso dulce.

​— Te amo — confesó, y sus palabras hicieron que mi pulso se acelerara.

​— Yo te amo más. Amo tu sonrisa — alcé mi mano para delinear sus labios con la yema del dedo — Tus ojos... tu nariz...

No me dejó terminar. Me atrajo hacia él en un abrazo protector y profundo. Hundí el rostro en su pecho, inhalando su aroma familiar; Hoseok siempre se sentía cálido, suave, como un refugio. Aunque sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, deseé que ese momento durara para siempre.

​— JaeMi... — la voz de mi padre nos hizo saltar de la cama como si nos hubiera dado una descarga eléctrica.

​Él estaba allí, de pie en el umbral, observando a Hoseok con una seriedad que helaba la sangre. Se produjo un silencio sepulcral que pareció durar horas, hasta que mi padre decidió romperlo.

— Tus amigas han llegado. Te esperan abajo — dijo con tono seco antes de darse la vuelta — Mejor bajen rápido.

Lanzó una última mirada de advertencia a Hobi y desapareció por el pasillo. Hoseok me miró con los ojos desorbitados por el pánico, y yo no pude evitar soltar una carcajada.

​— ¿De qué te ríes? ¡Tu padre me va a asesinar! — exclamó tragando saliva.

— No seas dramático — le di un beso rápido en la mejilla antes de tomar su mano — Sabes que te adora.

— Creo que eso era hasta hace cinco minutos.

Minutos después, la alegría inundó la sala al ver a Sofi. Verla tan fuerte y recuperada me llenó el alma de alivio. SoAh Unnie también estaba allí; la había extrañado muchísimo. Aún recordaba el día que las conocí: yo acababa de llegar al hospital, sintiéndome devastada y sin rumbo, pero ellas tomaron mi mano y me enseñaron a luchar. Las quería con todo mi corazón.

— Hoseok, hijo, ven a ayudarme con esto — llamó mi padre desde la otra habitación.

Hoseok se puso tenso de inmediato. Me lanzó una mirada de auxilio antes de levantarse con paso vacilante para atender el llamado.

​— ¿Qué le pasa? Parece que vio un fantasma — preguntó Sofi con curiosidad.

— Mi papá entró a mi cuarto y nos encontró abrazados en la cama — expliqué entre risas — Ahora Hoseok está convencido de que su vida corre peligro.

Las tres estallamos en carcajadas ante la escena, pero pronto el tono de la conversación cambió.

— ¿Y ya han... tú sabes? — SoAh alzó las cejas, dedicándome una sonrisa pícara que me dejó sin palabras.

Cuando capté el sentido de su pregunta, sentí que mis mejillas se incendiaban.

— ¡Unnie! — exclamamos Sofi y yo al unísono, escandalizadas por sus ocurrencias.

— ¿Qué? No tiene nada de malo, son pareja — se encogió de hombros con naturalidad — Se nota a leguas cuánto te quiere y lo mucho que le gustas. Apuesto a que ya lo ha pensado, solo que no se atreve a decírtelo.

​Me quedé muda, con el corazón martilleando contra mis costillas. Nunca había tenido novio antes de Hoseok, y la idea de dar ese paso me hacía temblar de nerviosismo. ¿Realmente estaría pensando él en eso?

​— ¿De qué hablan? — Hoseok regresó en ese momento, sentándose de nuevo a mi lado y buscando mi mano como si fuera su ancla.

​— De nada importante, solo le contábamos algunas cositas a JaeMi — respondió SoAh, guiñándome un ojo con malicia.

​"Cositas" que, definitivamente, me habían dejado en estado de shock.

​"Cositas" que, definitivamente, me habían dejado en estado de shock

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SMILE; JHDonde viven las historias. Descúbrelo ahora