Tu sonrisa es la más hermosa, sincera y amable que haya visto nunca. Si tu sonríes, yo estoy bien.
.Portada: @Edlyn_Tovar
#Ganadora de los BiasAwards2020.
— ¡Yo quiero ir al parque de diversiones! —exclamé, acompañando mi petición con un puchero exagerado. — ¡Me niego rotundamente! —respondió Hoseok, cruzándose de brazos con una determinación que me dio risa. Me resultaba increíble que alguien tan enérgico como él pudiera tenerle tanto pánico a las atracciones. Parecía que su valentía se esfumaba al ver una estructura de metal de más de dos metros. — Es nuestra primera cita y ya estás poniendo excusas. Me temo que la ruptura será inevitable —bromeé, conteniendo la risa al ver cómo sus ojos se abrían de par en par, llenos de fingido espanto. — ¡Podría morir en una de esas máquinas del demonio! No quiero salir despedido por los aires y terminar desparramado en el suelo, ¡no señor! Suspiré con una mezcla de ternura y resignación. Realmente quería ir; nunca había visitado un parque de diversiones y me hacía ilusión que mi primera vez fuera con él. Pero si su miedo era real, no iba a forzarlo. — Está bien —sonreí para tranquilizarlo— Buscaré otro lugar. Hoy me dedicaré a pensar en un plan mejor. — ¿Todo el día? —asintió con curiosidad— ¿Y entonces a qué hora vas a tener tiempo para pensar en mí? Antes de que pudiera responder, me rodeó con sus brazos desde atrás y dejó un beso cálido en mi mejilla. — Oh, creo que no tendré espacio en mi agenda para eso —me encogí de hombros, disfrutando de su reacción. — ¡Oye! ¿Cómo que no? —protestó, estrechándome un poco más fuerte— Debes pensar en mí cada hora, minuto y segundo. Exactamente como lo hago yo. Sonreí en silencio. Él no tenía de qué preocuparse; se había vuelto tan esencial en mi vida que incluso cuando estábamos juntos, mi mente ya estaba planeando cómo extrañarlo cuando se fuera. — ¿Estás lista, hija? —preguntó mi madre por tercera vez, ajustando innecesariamente mi chaqueta. — Sí, mamá, estoy perfecta. No tienes que preocuparte, sabes que Hobi me cuidará bien —la tranquilicé, dándole un apretón en la mano. — Es solo que... todavía no me acostumbro a verte salir así —admitió con una sonrisa nostálgica— Tienes razón, estarás bien. En ese momento, unos golpes rítmicos en la puerta interrumpieron nuestra charla. Al abrir, nos encontramos con la energía radiante de Hoseok. — ¡Waa! ¿Quién es esta princesa y por qué yo parezco un mendigo a su lado? —exclamó con su dramatismo habitual. — No digas tonterías, te ves guapísimo —me acerqué a él y robé un beso rápido de sus labios. Él tomó mi mano con delicadeza y, antes de marcharnos, le hizo una reverencia impecable a mi madre. — La traeré de vuelta sana y salva, lo prometo —se despidió con un gesto entusiasta. Ya instalados en el taxi, lo observé con curiosidad. Me había llamado temprano diciendo que tenía una sorpresa y que ya no era necesario buscar otro destino. El misterio me estaba matando. — ¿Ya me vas a decir a dónde vamos? —él negó con un movimiento de cabeza, haciendo un pequeño berrinche visual— Por favor... —le puse mi mejor cara de cachorro abandonado.
— No hagas eso, no es justo —rió, cubriéndose los ojos— Es una sorpresa, ya casi llegamos. Tras media hora de trayecto, el vehículo se detuvo. Al bajar, Hoseok cubrió mis ojos con sus manos. El aire cambió; ahora olía a palomitas de maíz, azúcar quemada y se escuchaba un bullicio vibrante de risas y música a lo lejos. — ¿Lista? —susurró en mi oído. Asentí emocionada— ¡Tarán! Frente a mí se alzaba el parque de diversiones, iluminado y majestuoso. Era mucho más grande de lo que imaginaba. — Hobi... pero tú... tenías miedo. — Está bien, es hora de enfrentar mis temores. Ya soy un hombrecito para andar huyendo de estas cosas —dijo, aunque noté un ligero temblor en su voz mientras señalaba hacia el horizonte— ¡Vamos! ¡Subiremos a la montaña rusa! — ¡Pero si es la más extrema! —comenté, preocupada de que terminara con un paro cardíaco. — Precisamente por eso —movió las cejas con picardía— Hoy tendré un duelo a muerte con mi yo interior. Pero primero, vamos por algodón de azúcar. Caminamos de la mano, compartiendo el dulce mientras nos acercábamos a la imponente estructura de acero. Hoseok no dejaba de mirar los vagones que pasaban a toda velocidad, dejando un rastro de gritos a su paso.
— Se ve... divertido —dijo con la voz un octava más aguda de lo normal— ¡Oh! ¿Viste eso? ¡Se quedaron de cabeza! ¡Santo Dios!
No pude evitar soltar una carcajada al ver su expresión de puro terror. Me sentí un poco culpable; sabía que estaba haciendo esto solo por mí.
— Hobi, ¿qué tal si vamos a otro lado? No necesito subirme a esto, de verdad. Estoy feliz solo con estar aquí contigo.
Él se detuvo y me abrazó con ternura. — Quiero hacer esto contigo. Nunca has venido y lo único que deseo es verte gritando de felicidad allá arriba. Eso es más fuerte que cualquiera de mis miedos. Además —confesó con una sonrisa tímida—, también es mi primera vez, así que tal vez no sea tan malo si estamos juntos. — Solo promete que no te desmayarás —me burlé antes de salir corriendo hacia la fila.
Odiaba que le recordara su fobia a la sangre, pero la adrenalina me ponía de humor para bromear. Una vez en el vagón, los operarios aseguraron nuestros arneses. El tren comenzó a avanzar con un sonido metálico y lento, iniciando el ascenso hacia la cima más alta. — Despiértame cuando todo esto termine —murmuró Hoseok cerrando los ojos con fuerza.
— Oye, Hobi.
— ¿Qué? —abrió un ojo con desconfianza.
— Te amo.
No tuvo tiempo de responder. El vagón alcanzó el ápice, se detuvo un milisegundo y luego se desplomó en una caída libre vertiginosa. El grito de Hoseok fue mucho más fuerte que el mío. — ¡Ah! ¡Paren esto! ¡Voy a morir! ¡Mamáaaa!
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.