El silencio y la expresión perdida de mi madre es más dolorosa que lo que podría ser la bofetada o el fuerte grito que me esperaba de su parte.
—¿Qué acabas de decir? —me pregunta entonces, aunque sé que escuchó bien lo que dije.
Veo sus manos temblorosas y me acerco a ella para abrazarla.
—Perdóname, mamá —digo sollozando.
Mamá se escapa de mi abrazo haciendo como si me tuviese asco y me agarra fuertemente del brazo para obligarme a subir las escaleras.
Ya en planta alta se detiene frente a la puerta de mi habitación y la abre para empujarme hacia adentro de forma tan violenta que casi me hace caer. Ella entra también y le pone el seguro a la cerradura.
—¿Cómo que estás embarazada?
Aparte de su notable y creciente furia, su voz es lo que me da más miedo. No está gritando muy alto, pero habla en un tono tan perturbado y amenazador, que me hace temblar y aumentar mi llanto.
—Sí, mamá. Me enteré hoy, tengo siete semanas —contesto entre sollozos.
—¡Maldita estúpida! —grita frustrada caminando de un lado a otro halándose de los pelos — ¿Freddie ya lo sabe?
Por supuesto, piensa que él es el papá. Nunca he tenido ningún otro novio, ¿quién más podría pensar ella que es?
Niego.
—No, Fred no--
—Pues abortarás —sentencia antes de que termine de hablar.
Al escucharla inconscientemente pongo una mano sobre mi abdomen.
—¡¿Qué?! ¡Mamá, no puedes pedirme que haga eso, es un bebé! ¡Mi bebé!
Mamá deja de caminar y se acerca a mí para tomarme por los hombros, clavando sus uñas en mi piel.
—¡¿Un bebé?! ¡Lo que tienes en el vientre es solo una cosa que no puede nacer porque no hay lugar para él en tu vida!
Sus palabras hacen hervir mi sangre. Sí, tal vez el bebé sea un error que sucedió a causa de mi estupidez, pero es más importante para mí que ir a la universidad o lo que la gente piense.
—¡Sí hay lugar para él en mi vida, mamá!
—No eres la chica que crié Eleanor, en serio te desconozco —dice soltándome de golpe, haciendo que caiga sobre el colchón de la cama —. ¿Te has detenido a pensar en qué pasaría con los sueños de Fred si esa criatura nace?
—Los sueños de Fred no me importan, ¿porque sabes qué? Él no es el papá.
Solté la información prepotentemente, pero a estas alturas ya no me interesa, a pesar de que en el fondo siento mucha vergüenza. Debo aceptar la verdad, y afrontarme a la tormenta que yo misma creé.
—¡¿Cómo?! ¡¿Ahora me dices que estuviste con otro?! ¡¿No fuiste tú la que me dijiste hace una semana que su relación iba de viento en popa?!
—¡Sí, pero te mentí! ¡Nuestra relación es un asco y por eso lo engañé!
—¡Eres un zorra! ¡Qué asco siento de haberte parido!
No digo nada, no es su culpa si eso es lo que siente. Al fin y al cabo esos sentimientos hacía mí son válidos viniendo de ella.
—¡Dime con quién demonios te acostaste!
Trago saliva. Ahora sí viene lo peor.
—¿Tú... recuerdas al hijo del señor Van Der Pelt que estudiaba conmigo en primaria?
Si antes mamá quería matarme, ahora probablemente estará deseando jamás haberme concebido.
La mitad de mi cara es impactada por la palma de su mano.
—Te atreviste a quedar embarazada del hijo del enemigo de la familia... ¡Maldita seas, Eleanor!
—¡Míralo por el lado bueno! Los Van Der Pelt tienen mucho más dinero que nosotros, y hasta más que la familia de Fred —saco en mi defensa, con la esperanza de que haga a un lado la idea de abortar porque sé que el dinero es lo que más le interesa en la vida—. Si me caso con Andrew tendremos más de que tenemos ahora.
Mamá resopla y ríe sin gracia.
—Por favor, ¿crees que ese niño querrá casarse? Aún si quisiera, ¿crees que su desalmado padre lo dejaría? Ese hombre es un infeliz, ¿acaso se te olvida como casi nos deja en la calle hace unos años? —pregunta.
—Andrew no es como su padre, ¡él no es un mal chico! Y aunque lo fuera, tendré a mi hijo de cualquier manera —aclaro.
Mantendré mi posición a toda costa, porque, aunque suene absurdo, ya lo siento parte de mí.
—¿Y cómo le explicarás a tu papá que será abuelo de un Van Der Pelt? Te recuerdo que su enfermedad cardíaca es muy delicada. Y yo te juro Eleanor, que si a tu padre le llega a suceder algo por tu culpa, jamás te lo perdonaré.
Eso es lo último que me dice antes de caminar hacia la puerta. Sale, pero antes de cerrarla, habla otra vez.
—Buscaré un lugar en donde realicen abortos. Y te haré una cita para mañana mismo, si es posible.
—¡No! —le contesto tirándole una almohada, pero ella ya se ha ido.
Me quedo acostada llorando sin salir de mi habitación el resto del día. No bajo a almorzar ni mucho menos para cenar, solo lloro durante horas y horas.
No es justo que decida por mí; es mi vida, es mi cuerpo, es mi problema. Sé que me equivoqué, pero también sé que me equivocaré aún más si termino con la vida de un ser que no tiene la culpa de absolutamente nada. Es mi bebé, ¿cómo pretende que me deshaga de él como si fuese menos que nada?
Y pensar que todo comenzó por el capricho de retener a un chico...
Al final, acabo dormida vestida y despierto a medianoche aún con el uniforme y con un insoportable dolor de cabeza. Me levanto para cambiarme de ropa y bajo a la cocina por un vaso de agua. Después de beberlo me percato de que las luces de la sala están encendidas.
Cuando voy a ver, me encuentro con la imagen de mi madre sentada en uno de los sillones mirando por la ventana que da al patio y con un vaso de whisky en la mano.
Una de las cosas que ella más odia en el mundo es el alcohol. Así de mal la habré dejado para que esté bebiendo.
Me acerco a ella por detrás y pongo una mano sobre su hombro. Aún estando ida, da un respingo al sentir mi tacto. Levanta la vista para verme y me estremezco cuando veo su cara demacrada con la mirada perdida, quebrada y ojos llorosos.
—Te harás el aborto.
Niego, comenzando nuevamente a llorar.
Hincándome a sus pies abrazo sus piernas para suplicarle y poso mi cabeza sobre sus rodillas.
—No... por favor, mamá. —tartamudeo. Mi barbilla tiembla mientras intento hablar de forma corrida—. Haré lo que sea, lo que quieras; pero por Dios no me obliges a eso. Si quieres, puedo tener relaciones con Fred y le decirle que he quedado embarazada de él. Pero por favor, mamá, déjame quedarme con el bebé —le pido.
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La Mala del Cuento [Editada]
Novela JuvenilLa vida de Eleanor es perfecta. Es popular en la escuela, sus padres tienen dinero, y está en una relación envidiable con un chico que parece sacado de un catálogo. Pero eso último se verá en peligro con la llegada de una misteriosa chica a su coleg...
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