Capítulo 26 [Editado]

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Antes de que empezara a sospechar de mi embarazo, solo era una niña mimada que vivía en un mundo iluso. Pero la vida me dió una bofetada, que me está haciendo caer en la realidad.

Es increíble cómo todo puede cambiar, para bien o para mal, tan rápidamente.

Mamá me acaricia la mejilla y hace lo que parece ser un leve intento de sonreírme. Ponerme de rodillas para suplicarle fue un acto impulsivo y desesperado, sé que no hay manera de que mi madre se eche para atrás en su determinante decisión.

Esperaba más gritos con rechazo, por eso me sorprendió tanto cuando dijo:

—Esa es una buena idea. Está bien. Será nuestro secreto, querida.

Expulso el aire que no sabía que estaba conteniendo en mis pulmones. Definitivamente me impactó que haya aceptado mi súplica, y más aún que lo hizo con tanta calma y ternura, como cuando era niña y me dejaba comer más galletas de las que debía.

Si el hecho de ser Van Der Pelt va a ser un impedimento para que mi bebé pueda estar conmigo, entonces no lo será.

Pienso en Andrew y lo siento por él; sé que es injusto que lo prive de su paternidad sin siquiera hacérsela saber. Pero si no es de esta manera, mi madre me hará abortar.

En los siguientes días mamá lo planeó todo fría y rápidamente. Diré que estoy embarazada de Fred, le pagaremos a algún doctor para que mienta sobre el tiempo que llevo de embarazo y, cuando se acerque el momento en el que tenga que dar a luz, vamos a viajar las dos solas para decirle a todos que el parto se adelantó.

Parecía fácil llevar todo a cabo, pero no estaba ni cerca de serlo.

Lo primero y más importante que tenía que hacer, acostarme con Fred, cada vez se me hacía más complicado. Siempre que me acercaba para intentar algo con él, huía de mí como si le causara picazón. Me frustraba que no fuera como un adolescente normal que no deja pasar cualquier oportunidad que se le presenta, y me preocupaba que los días pasaban con rapidez y que pronto una faja no sería capaz de seguir ocultando mi barriga.

La fiesta del aniversario de los Roberts será esta noche. Después de comentarle de mi problema, mi madre dijo que la fiesta sería una gran oportunidad para embaucar a Fred y lograr que por fin tenga relaciones conmigo.

Luego de ayudarme a camuflar mi abultado abdomen bajo el vestido, mamá me entrega un pequeño frasco con algo líquido dentro. Me dice que es una sustancia que acelera el efecto del alcohol en la sangre, y que lo ponga en la bebida de Fred sin que él se de cuenta para que después, cuando esté bien borracho, lo lleve a su habitación y haga mi trabajo.

Pero de seguro mamá no contaba con que Fred sea un maldito santurrón que no quiere probar ni una gota.

—¿Quieres que te traiga algo de beber, amor? —le pregunto por enésima vez en la noche.

Ya di que sí de una vez.

—No, gracias, Elle.

Ruedo los ojos.

—Maldición, Freddie —dice David, uno de sus primos que está sentado junto a nosotros—. Tu chica lleva como una hora ofreciéndote una copa. Dale el gusto.

Le sonrío a David, agradeciéndole internamente.

—Bueno, está bien. Tráeme algo —me dice resignado Fred.

Voy enseguida a la mesa donde pusieron las botellas de champán y sirvo una copa. Camino hacia un rincón y mirando a los lados saco disimuladamente el frasco de mi bolso para echar el liquido sin que nadie me vea.

La Mala del Cuento [Editada]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora