Justo ahora.

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21:22. El autobús había llegado al hotel después de estar todo el día haciendo turismo por Barcelona. No se escuchaban voces de nadie, estaban todos durmiendo o leyendo. Otros, muy pocos sorprendentemente, con el móvil. Pero Agoney se fijó en una chica del asiento de al lado que le resultó interesante. Una chica pequeña, pelo de color dorado y unos ojos que brillaban incluso de noche. Estaba escuchando música y escribiendo algo en una libreta. No paraba de mirarla, le parecía una chica super bonita. Era tanto el tiempo que pasó observando como escribía que el rubio llamó su atención.

-¿Qué miras? -gira la cabeza para mirar a la chica también.

-¿No te parece preciosa?

- Sí… sí sí. ¿Qué te ha dado ahora?

- ¿A qué te refieres? Es que no puedo reconocer la belleza ajena ahora ¿No?

- Chaval, tranquilo.

Agoney estaba en aquella narrativa algo perdido y confundido. Pero pasó de los comentarios de Raoul. La chica se levantó con su libreta y bajó los cascos hasta su nuca, dejando su pelo dorado y brillante metido por dentro de él. El canario se levantó detrás de ella y al llegar a la entrada del hotel se acercó.

-..¡Hola! Eh…Soy Agoney. -le extiende la mano.

La chica se sorprendió pero fue amable.

-Yo soy Nerea, ¿Qué tal?

- Genial, todo genial. Oye que solo te hablaba porque me habías llamado la atención en la guagua. Nunca he visto a una chica como tú.

- ¿Una chica como yo? ¿Me estás diciendo que te molo? -rie.

- ¿Qué? No no. -rie nervioso- si yo soy…

- ¿Eres…? -pone toda su atención en él.

- Soy… novio de alguien. Eso.

- Ah bueno, ¡Qué afortunada! -rie de nuevo.

- Sí… -sonríe- Bueno nos veremos por aquí ¿No?

- Claro, sí sí nos vemos Agoney.

La chica se marchó al ascensor. Raoul había escuchado toda la conversación desde unos metros atrás y se acercó a Agoney para subir juntos.

-¿Estás bien tío?

- Vamos a dormir anda.

- Es que no te va bien con ninguna chica macho. -le pasa la mano por la espalda.

-¿Quieres saber por qué no me va bien con ninguna chica? -le mira, subiendo el tono- Porque me gustas tú, Raoul. Me gustas tú desde el primer día. Y sí, soy gay. Me esfuerzo innecesariamente en que me gusten las chicas solo por tener la fiesta en paz. Pero te conocí y ahora estoy jodidamente enamorado de ti. Sí, lo has escuchado bien. Te parecerá una locura enamorarse, ¿Pero tú qué eres? La locura. Y lo siento, no elijo de quién me enamoro viendo peinarse un tupé estúpido o viendo lavarse los dientes mientras canta. Pero me he enamorado de ti en cada momento del día.

-¿Te has enamorado de mi?

- No lo digas en un pasado cuando me sigo enamorando cada vez que te veo.

Raoul no sabía como reaccionar, se quedó allí parado. Agoney esperaba una respuesta, observaba su cara para encontrar aunque sea un lenguaje no verbal pero no pasó nada. Estaba tan destrozado como para quedarse ahí a ver el desastre unos segundos más. Se marchó al hotel, solo. Arrastrando los pies. Le pesaba el cuerpo pero ahora sentía que tenía un peso menos en el pecho. Llegó a la habitación y se cambió. Ordenando las cosas que estaban en el suelo.

22:20. Raoul aún no había llegado a la habitación y ya había pasado casi una hora desde aquel momento. Agoney no sabía si arrepentirse de lo que dijo o sentirse mejor, aunque todo fue una verdad. Se levantó de la cama y se quedó sentado, mirando cada cosa de aquella habitación. La luz estaba apagada, pero entraba luz de un foco que atravesaba la ventana dando directamente en la habitación. La maleta de Raoul roja seguía en el mismo lugar desde que llegó. Nada había cambiado, ni siquiera el frío de suelo. Lo único que había cambiado era un sentimiento, y Agoney no sabía cómo sentirse ante aquello. Sabía que no iba a ser nada igual que antes, que seguramente habrá frialdad en el ambiente.  

Se escuchó la puerta abrirse, Agoney mantuvo su posición intentando no romperse antes de verle a él. Cuando vio su cuerpo y su cara que no paraban de mirarle a él también, empezó a temblar. Como si fuera la primera vez que le ve, o peor, como si fuera la primera vez que se enamoró de él.

Se miraban, mutuamente. A nada de serlo todo. Hubo un silencio que no era incómodo, era un silencio lleno de palabras. Un silencio lleno de Hamartias, un silencio lleno de abrazos, de “todo estará bien”, un silencio que era básicamente de ellos dos.

Y rompió.

Todas las piezas de Agoney estallaron en aquella habitación un 12 de Marzo a las 22:40. Raoul se lanzó a sus brazos, se refugió en ellos. Los dos se necesitaban en aquel momento, solo existían los brazos de ambos como refugio. Pasaron así los 4 minutos siguientes, hasta que se escuchó algo a las 22:44 del rubio.

-Yo también quiero enamorarme de alguien como tú.

-¿Por Qué quieres?

-Ya ha pasado, justo ahora.

Minute By Minute - RagoneyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora