2. Asperezas

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Muero de hambre, literalmente siento mi estómago retorcerse, vacío y con náuseas. No puedo verme y juraría que estoy pálido, odio esto. Y he caminado demasiado… El camino es de tierra, los alrededores están oscuros y a penas se ve que estoy rodeado por árboles. Un silencio absoluto impera en el lugar, el pitido perfora mis oídos. No hay brisa ni un suspiro que mueva las ramas de aquellos árboles secos.
Y sigo caminando, pongo mis manos sobre mi estómago porque esto se siente realmente mal.

Algo brilla frente a mí, a penas se ven destellos en este paisaje gris y negro. Hay una montaña de piedras que destellan un azúl intenso. Y un instinto me llevan a paso rápido a ellas, a esas pequeñas piedras que yacían ahí.
Planto mis rodillas en el suelo, la aspereza de la tierra hiere mi piel por lo gastado de mis pantalones, y como si fuese un animal me abalanzo hacia ellas y comienzo a masticar esas piedras pequeñas, se veían como pequeños trozos de vidrio. El mineral lastimaba mi boca, un sabor metálico llenó mis labios y mi boca, y yo sigo masticándolos. Siento mis encías doler, mis dientes se remueven de mis cuencas y mi saliva se vuelve más espesa, abundante y cae… y duele.

*Narrador omnisciente*

Oliver abrió sus ojos inmediatamente. Llevaba su respiración agitada y una ligera capa de sudor cubría su cuerpo, había tenido un sueño realmente extraño.
En cuanto se tranquilizó, se sintió realmente extrañado. Estaba en una habitación, de hecho era una habitación normal, él estaba sobre una cómoda cama con sabanas bordó, la habitación tenía tonos beige, y era pequeña. Se veía limpia, decente, era algo a lo que no estaba acostumbrado en absoluto.

—“¿En dónde estoy?”—Se preguntó mientras se levantaba se la cama. Y al instante en que se levantó, notó que estaba usando otra ropa a la que llevaba anteriormente. Ahora llevaba una suéter blanco, bastante limpio. Unos skinny jeans azules y unas medias gruesas negras. Se sentía limpio, cálido. Y eso lo desesperó en un momento… Hace tiempo que no estaba así de cómodo— “¿Qué hiciste, Sykes?” —Preguntó mientras sentía la adrenalina acumularse en su pecho, entonces inmediatamente se dirigió a la puerta que lo llevaba al pequeño baño privado— “¿Qué hiciste? ¿Mataste a alguien para conseguir esto? ¿Hace cuánto que estamos aquí?” —Su pecho bajaba y subía rápidamente. Y al llegar al baño, abrió el grifo del lavabo y con su mano se ayudó para beber agua mientras se inclinaba.

_”Fuimos y seremos basura” —Dijo una voz distante en su cabeza.

—Dime que no matamos. —Susurró mientras se incorporaba y se miraba al espejo sobre el lavabo. Entonces inmediatamente notó que estaba afeitado, su cabello estaba brillante y arreglado. No tenía ojeras casi y tenía ligeros tonos sonrojados en sus mejillas. Se veía bien, se sentía bien y eso lo exasperó, jamás le iba tan bien. Eso no podía ser bueno— ¡Dime que hicimos! —Pegó un grito áspero frente al espejo y sintió su garganta arder.

—“Estoy harto de que estemos mal” —Respondió la voz en su cabeza.

—Estás harto de vernos mal pero haces las cosas mal. —Susurró Oliver rápidamente, sus ojos ardieron y se cristalizaron.

_”Al final nada tendrá sentido” —Hizo eco una voz en su cabeza y una lágrima se le escapó para luego deslizar por su mejilla.

—“Syko” —La voz en su cabeza se oía compasiva— “Estaremos bien. Lo prometo” —Oliver negó con la cabeza y puso sus manos sobre su rostro, sentía su pecho contraerse. Sentía los nervios revolver su estómago y las lágrimas se hacían paso en una angustia rabiosa que lo arrastraba a mostrarse débil— “Mírame” —Dijo la voz en su cabeza y él negó con la cabeza— “Syko, mírame” —Insistió la voz en su cabeza. Entonces miró hacia el espejo. Ahí vio su rostro sonrojado y su labio inferior tembloroso ante su respiración irregular— “Acercate

—No. —Dijo Oliver.

—“Vamos” —Suplicó la voz en su cabeza, entonces suspiró pesado y pasó sus manos otra vez por su rostro para luego inclinarse ante el lavabo y así poder llegar al espejo. Apoyó una mano sobre él y llevó su mirada a sus propios ojos oliva los cuales esclarecidos destellaban verdes claro— “Estoy contigo, y al final sólo nos tenemos a nosotros mismos” —Oliver asintió lentamente ante eso y apoyó su frente contra el espejo. Le resultaba increíble como su mente era tan capaz de irritarlo como de aliviarlo.

—¿Encontraste a Kellin? —Murmuró.

—“De hecho si. Mañana tomaremos un autobús que nos llevará muy cerca de él” —Oliver sonrió grande ante eso y soltó una risa de alivio mezcla de nervios e inseguridad.

—No puedo creerlo. —Dijo mientras se separaba del espejo.

—“Creelo, estamos cerca. Ahora come algo, el boleto está en un libro debajo de tu almohada” —Dijo la voz en su cabeza.

Oliver asintió y salió rápidamente del baño para dirigirse hacia la cama. Entonces comenzó a buscar entre las almohadas, y dentro de la funda de una, sacó un libro. Lo miró extrañado, el libro se llama “Cada día”, rió ligero al ver que era un libro para niñas, en ese momento no se detuvo a ver que en que tipo de lectura se interesaba se interesaba su otro yo. Así que luego se dedicó a empacar todas las cosas que estaban desparramadas por la cama. Ropa, dinero, un teléfono aún más moderno que el primero que había robado.

No sabía como lo hacía su otra parte, siempre podía obtener todo lo que quería, pero sabía que no era bueno y mientras él tuviese esos atisbos de conciencia, no lo dejaría ser libre por completo.

amor enfermizo { segunda parte }Donde viven las historias. Descúbrelo ahora