Memorias: 3. El diamante

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Hace 6 años atrás.

*Narrador omnisciente*

La suavidad de la blanquecina piel del diamante se cernía sobre Oliver. Una blanquecina piel que llevaba rastros de rasguños y mordidas provocadas por la violencia y el deseo contenido del castaño.
Kellin siempre se mostraba tan complaciente, tan sumiso, tan perfecto que ni los rastros de las lágrimas provocados por el dolor y la confusión que batallaban en su interior lograban corromper ese comportamiento.

Oliver estaba acostado en su cama, su cabello estaba corto así que a penas unas hebras se pegaban a su frente a causa del sudor. Sus ojos verde oliva se encontraban brillantes, sus pupilas dilatadas, sus párpados entreabiertos sosegados por la imagen frente a él. Sus labios brillantes se encontraban abiertos, prácticamente estupefacto por el placer. Su cuerpo estaba completamente desnudo y entre sus caderas se encontraba Kellin, se tomaban se ambas manos como para mantener su equilibrio.

Kellin llevaba su cabello tirado hacia atrás, sus ojos diamantes estaban clavados en los de Oliver, su iris verdoso-azulado no quedaba opacado por la grandeza de la luna de sus pupilas. Sus labios cuales pétalos sonrosados se encontraban abiertos, dejando escapar pequeños sonidos que se perdían en el tiempo y en la habitación. Su torso mostraba el movimiento continúo que ejercía con sus caderas. Sus delineadas piernas contorneaban el torso tatuado del castaño mientras que sus glúteos impactaban una y otra vez sobre su cadera.

Kellin gemía en cuando se sentaba y sentía la longitud de su novio invadirlo con dureza autoinfringida y en cuanto se elevaba, Oliver soltaba un suspiro sintiendo su piel estirarse sin querer abandonar aquella húmeda y cálida cavidad.

—Te amo. —Habló Kellin con voz temblorosa y soltó un gemido al volver a sentarse.

—Amor… —Dijo Oliver con voz profunda y cerró sus ojos sintiendo como Kellin volvía a elevarse, entonces soltó un suspiro y soltó sus manos para tomarlo de sus curvilíneas caderas— Te amo. —Terminó su frase y se sentó para envolver a Kellin en un abrazo. Entonces cambió la posición y terminó acostando a Kellin en la cama y él quedó encima.

Kellin soltó un jadeo de gusto y pasó sus brazos por detrás de sus hombros mientras que sus piernas se enredaban alrededor de la cintura del castaño.

Y entonces Oliver continuó con todo. Sus caderas comenzaron a moverse para embestir a Kellin. Se adentraba tanto como podía en él, y eso lo obligaba a curvar su espalda mientras un sonido acuoso y obsceno se hacía presente producto del líquido preseminal del castaño llenándolo.

Todas las sensaciones se sentían exquisitas para cada uno de ellos, la presión que oprimía al miembro de Oliver, la invasión constante que sentía Kellin. El perfume de ambos sintiéndose con intensidad en la piel del contrario, los gemidos de Kellin, los suspiros de Oliver, y el hecho de que el sentimiento que compartían era sempiterno.

Y Oliver volvía a arremeter contra él una y otra vez. Y Kellin volvía a soltarse y a gemir mientras se removía contra las sabanas.

—Oli, amor. —Gimió Kellin y soltó un jadeo al sentir que Oliver había salido de su interior. Se sintió extrañado un momento y luego sonrió al sentir las manos del castaño sobre su cadera guiándolo para que le dé la espalda. Y eso hizo, se acomodó de espaldas y separó sus piernas para luego volver a sentir como volvían a invadirlo, entonces sintió como aquella húmeda punta tocaba de inmediato su punto dulce. Se sintió derretirse contra las almohadas y un gemido quedó atrapado mientras sentía sus ojos casi ponerse en blanco.

Oliver tomó una bocanada de aire. La excitación en su vientre cosquilleaba insoportable queriéndolo llevar al punto máximo les clímax y él se reprimía lo más que podía. Sus manos acariciaron las caderas de su diamante y luego lo sujetaron con firmeza para comenzar a embestirlo con rapidez y profundidad.

—¡Ah, amor! —Gritó Kellin al sentir tal rapidez chocar contra su punto de placer y cerró sus ojos con fuerza mientras cerraba sus ojos. Su propio miembro se encontraba erecto y chocaba una y otra vez contra su abdomen a causa de los abruptos movimientos de su novio.
—¡Oli! Ah, ¡Oliver! —Gimió Kellin y como último alto de cordura, decidió morder la almohada debajo de él para silenciarse. Ahora sus gemidos salían amortiguados y aún más continuos a causa de su respiración agitada siendo casi bloqueada.

Y Oliver se adentraba, salía y formaba círculos en el interior de Kellin mientras contemplaba la silueta de su espalda. Y sus manos bajaban hasta esos redondeados glúteos y con delicadeza los separaba mientras seguía con lo suyo.

Entonces Kellin no resistió más. El golpeteo contante de su miembro en su vientre y aquellas duras estocadas lo elevaron hasta culminar logrando que termine liberando su líquido con agilidad sobre su pecho y abdomen.
Sus ojos se abrieron de par en par al sentirse acabar de aquella manera y logró quedar boquiabierto mientras se estremecía al sentir el líquido cálido de su novio en su interior. Aquella voz apagada se oyó en un profundo jadeo que advertía que Oliver había alcanzado el clímax.

Ambos deshicieron esa unión y luego se acostaron en la cama, con sus respiraciones agitadas y la excitación latente en su piel. Ambos se miraron y sonrieron, Oliver suave y Kellin deslumbró con una de sus grandes sonrisas.

—Te amo. —Susurró Kellin y soltó una pequeña risa pequeña al ver a Oliver acercarse.

El castaño se acercó para dejarle un beso en sus labios y se quedó ahí rozando su piel, dejándose cautivar aún más por toda esa belleza.

—Te amo mucho, demasiado. Ojalá nunca me dejes. —Murmuró Oliver.

—Jamás te dejaré. —Susurró Kellin quien se dejaba llevar por la paz que sentía en ese momento— Incluso creo que debería casarse conmigo, señor Sonic. —Bromeó y soltó otra pequeña risa.

—Señor Kellimon, será un gusto. —Dijo Oliver formando una sonrisa grande— Olvídalo, luego te lo pediré bien, con un anillo como corresponde.

—Y en un sitio especial, ¿No? —Preguntó Kellin sonriendo de lado.

—Claro, ese día será perfecto. —Susurró Oliver y al final ambos terminaron envolviéndose en un abrazo.

amor enfermizo { segunda parte }Donde viven las historias. Descúbrelo ahora