Capítulo 14

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A la mañana siguiente, Luna y sus dos pequeños despertaron sobresaltados cuando una de las azafatas les pidió que se colocaran los cinturones: el avión estaba a punto de aterrizar. Minutos después, el vuelo tocó suelo firme y un empleado de la mansión Benson ya las esperaba para llevarlos.

Con el paso de las semanas, Luna comenzó a sentirse extraña. Los mareos, las náuseas y los vómitos eran cada vez más frecuentes, por lo que decidió acudir al médico. Fue allí donde recibió la noticia que cambiaría su vida una vez más: estaba embarazada.

Pasaron los meses, y Matteo finalmente logró dar con su paradero. Decidido a no perderla otra vez, viajó hasta México para buscarla. Luna ya tenía siete meses de embarazo... y no esperaba un solo bebé, sino gemelos. Ella estaba llena de ilusión, mientras que Matteo, por su parte, se encontraba apagado: había dejado de cuidarse, casi no comía y vivía sumido en la culpa y la tristeza.

Un día, Luna tomó una decisión. Volvería a Argentina.

El viaje fue largo, pero al llegar dejó a los niños en la mansión y se dirigió a la que alguna vez fue su hogar junto a Matteo. Entró con su propia llave y el panorama la golpeó de lleno: la casa estaba desordenada, sucia y con un olor a abandono imposible de ignorar.

Lo encontró en una habitación, cantando en voz baja. Luna se acercó y comenzó a cantar junto a él. Matteo se giró sorprendido, pero Luna fue más rápida y lo besó. Él no tardó en responderle. Ese beso decía todo: amor, arrepentimiento, añoranza.

Al separarse, Matteo habló con la voz quebrada.

-Te extrañé... no sabes cuánto. Extrañé a Matías, a Sol... lo siento tanto, Luna.

Ella sonrió con dulzura.

-¿Y a los que tengo en la pancita? ¿No los extrañaste?

Matteo, confundido, bajó la mirada y tocó con cuidado el vientre de Luna, notando lo grande que estaba.

-¿Vamos a ser papás...? -preguntó, incrédulo.

-Sí, Matteo. Vamos a ser papás otra vez.

-¿Qué es?

Luna rió suavemente.

-¿No será qué son?

-¿Son dos...?

-Sí. Dos hermosos bebés.

Matteo no pudo contenerse. La besó, la levantó en brazos y la hizo girar con cuidado, llenándola de besos en el rostro y, finalmente, en el vientre.

-Después de todo lo que pasamos -dijo Luna con emoción- no me arrepiento de haberte elegido, chico fresa. Cuando te vi por primera vez pensé que eras arrogante y que jamás me fijaría en alguien como tú... y míranos ahora. Tenemos una familia.

-¿Juntos por siempre? -preguntó Matteo, mirándola a los ojos.

-Juntos por siempre, chico fresa -respondió ella con una sonrisa.

Se fundieron en un beso lleno de amor, sabiendo que, esta vez, estaban dispuestos a luchar por su familia y por el futuro que los esperaba.

Se fundieron en un beso lleno de amor, sabiendo que, esta vez, estaban dispuestos a luchar por su familia y por el futuro que los esperaba

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Fin.







Fin

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𝕸𝖊 𝕰𝖓𝖌𝖆ñ𝖆𝖘𝖙𝖊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora