Capítulo 8

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Durante un tiempo, todo pareció mejorar. Los niños reían, los momentos en familia volvían a existir y Matteo comenzó a mostrarse más cariñoso, más atento. Luna quiso creer que, por fin, las cosas estaban tomando el rumbo correcto.

Pero bastaron unas pocas semanas para que todo cambiara otra vez.

Matteo volvió a ser frío, distante y desagradable. Cada encuentro entre ellos terminaba en discusiones, reproches y silencios que dolían más que los gritos. Luna se fue apagando poco a poco... hasta que se cansó.

Un día decidió ir a verlo a la empresa.

Mientras caminaba por el pasillo que llevaba a su oficina, comenzó a escuchar ruidos. Su corazón empezó a latir con fuerza. Una parte de ella se negaba a creer lo que su mente insinuaba.

Él no podría hacerme esto... otra vez, pensó.

Pero cuando abrió la puerta, el mundo se le vino abajo.

Allí estaban Matteo y Ada, su secretaria.

La escena fue suficiente para que las lágrimas llenaran los ojos de Luna. Matteo levantó la vista y abrió los ojos, pálido, al darse cuenta de su presencia.

-Lo... lo puedo explicar -dijo nervioso.

-¿Qué me vas a explicar? -respondió Luna con la voz quebrada-. ¿Que me viste la cara de estúpida otra vez? ¿Que me traicionaste de nuevo?

-Por favor, Luna, déjame explicarte -insistió él, desesperado.

-Me arrepiento de haberte conocido, Matteo -dijo ella, llorando-. Me arrepiento de haberte chocado en Cancún, de haberme enamorado de ti... me arrepiento de todas las cosas bonitas que vivimos.

Su voz se volvió un grito cargado de dolor.

-Olvídate de que tienes hijos. Matías, Sol y yo nos vamos lejos de ti. No quiero volver a verte cerca de ellos.

-Eso no te lo voy a permitir -respondió Matteo con firmeza.

Luna rió con sarcasmo, una risa vacía.

-¿De verdad crees que un juez te daría a mis hijos? Si ni siquiera tienes tiempo para ellos. Todo lo malo que pasó fue por tu culpa. Por tu culpa perdí a mi bebé.

-¿De qué hablas? -preguntó él, completamente confundido-. ¿Cómo que estabas embarazada?

-Tantos malos ratos contigo, Matteo... mi bebé no resistió -dijo ella entre sollozos.

El silencio cayó como una sentencia.

-No te voy a dar el maldito divorcio -dijo Matteo, lleno de rabia y culpa.

Luna lo miró por última vez, con el corazón hecho pedazos, sabiendo que esa traición había sido el golpe final.




Luna lo miró por última vez, con el corazón hecho pedazos, sabiendo que esa traición había sido el golpe final

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𝕸𝖊 𝕰𝖓𝖌𝖆ñ𝖆𝖘𝖙𝖊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora