Capítulo 11

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Narrador omnisciente
Ya a la mañana siguiente, Luna se despertó, se vistió con unos jeans, una blusa elegante y unos tacones, y se dirigió al despacho del abogado para iniciar los trámites del divorcio. Habló con el abogado, revisó los documentos y, después de un rato, todo estaba listo.

Decidida, se dirigió a la empresa de Matteo. Al llegar, se encontró con una escena que no quería ver: Matteo besándose con Ada. Luna aclaró la garganta para hacerse notar, y Matteo, al percatarse de su presencia, soltó de inmediato a Ada.

Matteo: Luna... yo te lo puedo explicar -dijo nervioso.

Luna: Tranquilo, Matteo. No tienes que explicarme nada. Solo vine a entregarte los papeles del divorcio. Quiero que los firmes ahora y después los envíes a tu abogado -dijo con voz firme, dejando los documentos sobre la mesa.

Narrador omnisciente
Luna se dio la vuelta y se fue. Matteo le dijo a Ada que quería estar solo, y ella se marchó. Luna llegó al auto y explotó en llanto. Sin mirar atrás, condujo hacia la mansión Benson, donde ahora residía temporalmente. Al llegar, encontró a Sol y Matías, y se sentó a jugar con ellos.

Sol: ¿Cuándo vamos a ver a papá? -preguntó con voz inocente.

Luna sintió un nudo en la garganta; no sabía cómo responder.

Luna: Pronto, Sol... ¿por qué preguntas? -dijo nerviosa, intentando sonreír.

Sol: Porque lo extraño.

Luna: Lo que pasa es que tiene mucho trabajo, por eso no ha podido venir a vernos -dijo, forzando una sonrisa.

Narrador omnisciente
Sol se fue a jugar, y Luna dejó escapar un par de lágrimas, secándolas rápidamente. Estaba a punto de levantarse cuando su celular sonó. Contestó sin mirar quién llamaba.

Luna: ¿Quién habla?

Felipe: Hola, Luna, soy Felipe.

Luna: ¡Ah! Felipe, lo siento... ¿y para qué me llamabas?

Felipe: Te llamaba para preguntarte si quieres salir hoy a cenar.

Luna: Claro, ¿me pasas a buscar a las 19:00?

Felipe: Claro, nos vemos. Adiós.

Fin de la llamada

Narrador omnisciente
Luna llamó a Ámbar para pedirle que cuidara de los niños. Ésta aceptó y, al rato, llegó para llevárselos. Luna se comenzó a arreglar: se maquilló, se peinó, y finalmente se vistió con un elegante vestido blanco y tacones a juego. Mientras se miraba en el espejo, alguien tocó el timbre. Pensando que era Felipe, fue a abrir... pero se encontró con Matteo. Su rostro se transformó en una expresión de enojo absoluto.

Luna: ¿Qué haces aquí, Balsano? -dijo, con el ceño fruncido.

Matteo: Por favor, perdóname, Luna... te amo -dijo con los ojos cristalizados, intentando acercarse.

En ese momento, desde el interior, se escuchó otra voz.

Felipe: ¿Luna, estás lista?

Narrador omnisciente
Luna sintió un torbellino de emociones. Por un lado, Matteo estaba frente a ella, rogándole y mostrando arrepentimiento; por otro, Felipe esperaba pacientemente para acompañarla a la cena, ofreciéndole una vida tranquila y sin complicaciones. El corazón de Luna latía aceleradamente, dividida entre el pasado que aún la atormentaba y la oportunidad de un nuevo comienzo.



 El corazón de Luna latía aceleradamente, dividida entre el pasado que aún la atormentaba y la oportunidad de un nuevo comienzo

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