Prólogo

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(Editado) 

Sueños... ¿Qué son? Puede que sean parte de la realidad, o puede que solo sean una forma que tiene nuestro subconsciente de decirnos lo que queremos, a través de falsas imágenes y palabras azucaradas. Tan elegantes y encantadores, haciéndonos creer que están ahí para nosotros, cuando solo nos llevan al vacío. Este es otro aspecto, el vacío. ¿Qué es el vacío? Es el agujero frívolo y helado al que caemos al despertar, abandonando los rayos brillantes que provocan nuestros sueños, enviando escalofríos a nuestra espina dorsal, y llegando a nuestras mentes ocupando toda nuestra cabeza. No hay nada peor que el vacío, excepto los sueños. Te hacen creer que estás en lo más alto, que puedes llegar a tocar el cielo, cuando solo son conceptos que se difuminan cuando abres los ojos. Los sueños te hacen creer que son reales, hacen que te ilusiones, para luego romperte el corazón en mil pedazos cuando observas que todo es una fantasía. Todo se desvanece al despertar. Sin embargo, por un momento te crees que todo es posible, que todo ha sido real, y no una simple visión idealizada de tu vida, hasta que caes en el vacío de la realidad golpeándote de frente, y volviendo a tu miserable vida. Y eso, me pasa cada día de mi vida.

Al dormir, me veo a mi mismo como una estrella, o simplemente como un fantasma que vive en el sol, caliente y brillante sin que nada me detenga. Pero luego, me hundo en lo más profundo de mí, ahogándome con las sábanas que me resguardan del frío, viendo cómo todo se vuelve más claro, y siento el tacto de la tela de mi cama. El soñar solo es una maldición que me recuerda siempre que no seré nadie, y que me hace creer que puedo cambiar, cuando la realidad es que estoy anclado a una tierra de nadie, solo, y lúgubre. Aunque ya me he acostumbrado a estas decepciones, así que ya se como despertar sin derrumbarme como solía hacer los primeros días críticos, en los que me pasaba horas llorando sin consuelo alguno. Puedo despertarme

- de esta manera.

Abro los ojos que mantenía cerrados debido al cansancio que reinaba en todo mi cuerpo. No recordaba la última vez que pude dormir bien sin tener estos pensamientos rondando en mi cabeza. Doy una gran bocanada de aire, rezando para que mis pensamientos no vuelvan a pedirme salir a gritos. Puede que todo mi alrededor sea un pozo de silencio, pero mi cabeza es el lugar más ruidoso de todos. Por eso, a veces he de hablar solo como ahora mismo, para dejar salir las palabras ensordecedoras que me atormentan cuando no estoy soñando, y poder conservar un poco de la cordura que me queda.

Sigo metido en mis pensamientos, cuando unos fuertes golpes en la puerta me hacen desaparecer de mi trance, uno en el que vivo como si fuera mi segunda casa. Me levanto y me dirijo hacia ella, arrastrando mi peso hasta la puerta de madera clara de mi habitación. Cuando la abro, me recibe un gran empujón que me hace caer al suelo por la fuerza proporcionada.

- Vamos tarde al instituto imbécil, apúrate.

Y este, es mi hermano, el ser más odioso de la tierra. Se llama Ryan Black, y es el hijo preferente de mis padres. Sinceramente, mi hermano es el tipo chico cliché, capitán del equipo de rugby, con mil chicas a su lado esperando a que cayera por alguna de ellas. Todo el mundo cree que es el chico modelo e impecable, pero solo yo sé la verdad. Cuando mis padres se van, tengo que tragarme el orgullo, y soportar todos sus comportamientos inmaduros e inadecuados para su edad. Fiestas sin fin, jarrones rotos y un chico al cual culpar de todo lo que hace, que siempre resulto ser yo. Todavía recuerdo esa vez que jugó béisbol en casa y rompió dos cuadros con la pelota, pero recuerdo más como me echó la culpa a mí, y mis progenitores le creyeron. No pude hacer muchas cosas ese verano por su culpa, en fin, ya estoy acostumbrado. Ahora me acuerdo de que no he descrito su físico. Ryan es una persona extremadamente alta y con aspecto de deportista de élite. Tiene unos grandes ojos marrones con un pelo castaño claro un poco largo que se peina hacia atrás. Hasta en físico me supera, será por eso que mis padres solo lo presumen a él.

Este es otro tema, mis padres. Las personas perfectas que aparentan tenerlo todo, incluso una familia feliz. Llamados Jonathan e Isabella Black, son lo que todo el mundo quiere ser. Un buen físico, buena posición económica y cero problemas. Mi padre, un señor alto, con barba castaña al igual que el pelo, con ojos azules brillantes. Luego está mi madre, una señora igualmente alta, con un largo pelo rubio y ojos avellana. Toda mi família es preciosa salvo yo. Incluso a mis progenitores les cuesta admitir que soy su hijo en frente a los invitados, no les puedo dar más vergüenza. Y yo me pregunto por qué. ¡No es que sea tan extraño! Solo me gustan las cosas que no están bien vistas por la sociedad de hoy en día. Por ser un hombre, les abochorna que lleve un poco de maquillaje, o les aborrece que me guste la música más fuerte, pero así soy yo, y por más que trate de complacerlos, soy incapaz. Por más que trate de ser como mi hermano... No puedo, y esta vez caigo en un vacío real.

Ahora que lo pienso, yo no me he presentado, pero no es tan raro ya que no me gusta hablar mucho de mí. Me llamo Joshua Black, Josh para los pocos amigos que tengo, y perdón por no describir mi físico ahora mismo, no me gusta. Lo ireis conociendo con el paso del tiempo, o no. En fin, creo que ya he hablado lo suficiente conmigo mismo, ya es hora de prepararme para el instituto. Veo el reloj de mi habitación, y realizo que solo me quedan unos veinte minutos para que empiecen las clases. Abro mi armario, y de repente el tiempo parece caer como un balde de agua sobre mí. Se me abren los ojos, y digo:

- Joder. 

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¡Hola de nuevo! Esta es mi primera publicación desde hace mucho tiempo, y espero que la leáis. ¿Qué os ha parecido este nuevo prólogo? Como he mencionado en el anterior comunicado, haré los capítulos con este nuevo enfoque. Me sería de mucha ayuda que me digáis vuestra opinión, cualquier crítica ayuda. Aunque haya detalles que los he puesto y otros que me he dejado para poner en otros capítulos, los capítulos no editados los voy a dejar para que puedan servirme para editarlos mejor y por si alguien quiere leer más a fondo la antigua historia. 

Muchos abrazos, 

La escritora novata arrepentida. 

A de AntisocialDonde viven las historias. Descúbrelo ahora