—Bueno, escucha con atención —comenzó Zayn con un tono serio, dándome lo que parecía ser una lista de instrucciones.
Intenté concentrarme, lo juro, pero mis ojos se deslizaron inconscientemente a sus labios, moviéndose con suavidad al hablar. Era hipnótico. ¿Sería bueno besando? Su voz se volvió un suave murmullo en mi mente, desplazado por pensamientos peligrosamente intensos. Bajé la mirada y me fijé en su ropa: jeans oscuros ajustados, camiseta negra simple y ese chaquetón de cuero que gritaba "peligro". Me mordí el labio, atrapada en mi fantasía.
—¿Me estás escuchando? —preguntó, interrumpiendo mi devaneo con una ceja arqueada y una expresión de incredulidad.
Me sobresalté y asentí torpemente, tragando saliva. Él suspiró, visiblemente frustrado, y retomó su explicación. Yo, mientras tanto, no podía evitar pensar en lo contrastante que era su seriedad conmigo y su dulzura con su familia. Con su madre y sus hermanas era cálido, protector... casi irreconocible.
—Deja de verme así y préstame atención —gruñó, molesto—. Después no sabrás qué hacer.
Rodé los ojos. ¿Cuidar niñas? Por favor. Era algo que podía hacer con los ojos cerrados.
—¿Comprendiste? —preguntó al final, cruzándose de brazos.
—Sí. No soy hueca, Zayn —respondí con un tono más cortante del que esperaba. No iba a dejar que me hablara como si tuviera cinco años.
Bufó, abriendo la puerta con brusquedad. Me hizo una seña para que pasara delante.
—Gracias, mi príncipe azul —dije con teatralidad, haciendo una leve reverencia mientras pasaba. Él no respondió, pero sentí su mirada clavada en mi espalda.
Al llegar al salón, las niñas ya estaban jugando.
—¡Mira, Walyha! Su novia se parece a mi Barbie —dijo Safa con una sonrisa iluminada, apuntándome con emoción. Walyha asintió enseguida, contagiada por la risa de su hermana.
Me giré hacia Zayn, que apartó la mirada de inmediato. No dijo nada, pero vi cómo su mandíbula se tensaba.
—Mamá, creo que Safa está enferma —dijo con sarcasmo mientras me lanzaba una mirada burlona.
—¿Por qué? —pregunté, cruzándome de brazos, lista para devolverle su ironía.
—Creo que no ve bien —respondió con fingida preocupación, sentándose con toda la calma del mundo junto a las niñas.
Solté una risa seca, sin humor. Me quedé parada, esperando que tuviera la amabilidad de decirme que me sentara. Spoiler: no lo hizo.
—Zayn —intervino Safa, con esa voz infantil que parecía traer siempre caos. Me encantaba esa niña—. ¿Te gusta Barbie?
El silencio cayó en la sala. Zayn giró lentamente la cabeza hacia mí y, por primera vez, me miró de una manera distinta: intensa, directa, y sin ningún tipo de filtro. Su mirada recorrió mi cuerpo como si fuera algo natural, como si tuviera derecho.
Sentí calor, no solo en las mejillas, sino en cada parte de mi cuerpo. Su expresión era tan seria, tan contemplativa, que por un momento pensé que de verdad iba a decir algo importante.
—Tiene lo suyo —dijo al fin, como si eso fuera suficiente. Me sonrió de medio lado, y luego desvió la vista a su hermana.
—¿Por qué tanto interés, Safa?
—Mi pregunta no fue esa —dijo ella, inocente, alzando su muñeca con orgullo—. Te pregunté si te gustan las películas de Barbie.
Casi se me escapa una carcajada al ver cómo Zayn se enfocaba intensamente en la alfombra. ¿Era rubor lo que veía en sus mejillas?
Justo entonces, una voz más madura irrumpió en la escena.
—¿Nos podemos ir, Zayn? —preguntó su madre desde la entrada. Entró y me dedicó una mirada curiosa, cálida y maternal. Luego me evaluó de pies a cabeza con una sonrisa que me hizo tragar en seco.
—Linda tu novia —comentó con dulzura.
Me sonrojé. ¿Era esto común? ¿Zayn nunca traía amigas a casa? ¿O tal vez era la primera que encajaba? La idea me halagó más de lo que me gustaría admitir.
—¿Lo ves? ¡Sí son novios! —exclamó Safa, estallando en carcajadas junto a su hermana.
Zayn rodó los ojos. —No es mi novia —dijo sin emoción, aunque su mirada se cruzó brevemente con la mía. Apreté los labios para contener la sonrisa que amenazaba con escaparse.
Una vez se fueron, me quedé con las niñas en casa. Fueron adorables. Vieron televisión, me pidieron jugo y galletas, y hasta me dejaron peinarles el cabello. Me sentía como una niñera profesional… o más bien, como parte de la familia.
—Barbie —escuché que me llamaban desde la sala.
Cuando entré, vi a Walyha dormida en el sofá como un pequeño ángel. Safa me miró con ojos grandes y dulces.
—Mi hermana se quedó dormida.
—Traeré una cobija. ¿Dónde puedo encontrar una?
—En el cuarto de tu novio hay una —respondió entre risas, cubriéndose la boca.
Reí junto con ella, divertida. Era encantadora.
—¿Tú crees que sería una buena novia para Zayn? —le pregunté con picardía, esperando su opinión honesta.
Safa asintió enérgicamente. Sonreí para mí misma. Bueno, tengo el visto bueno de la familia. Eso cuenta, ¿no?
Subí las escaleras que ya conocía de memoria. Entré al "cuarto azul" y lo recorrí con la mirada. Cada rincón hablaba de él: pulcro, ordenado, minimalista… pero con estilo. En una esquina, había libros apilados; en otra, una guitarra apoyada contra la pared.
Busqué la cobija. Primero abrí el armario, y por un segundo me perdí entre el aroma de su ropa. Dios. Este hombre hasta huele como una novela. Al final, la encontré doblada sobre una silla: azul, como todo en este cuarto.
¿A Zayn le gustará tanto ese color? Aunque siempre vista de negro... vaya contradicción. Como él mismo.
Con la cobija en brazos, salí del cuarto con el corazón un poco más agitado de lo normal.
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Barbara Z.M (En Edición)
FanfictionBárbara es la chica que todos admiran. Popular, decidida, con una sonrisa que encanta y una seguridad que impone. El colegio es su mundo... hasta que llega Zayn. Zayn es todo lo que ella no es. Misterioso, rebelde, con una mirada peligrosa y una act...
