Me desperté con los ojos hinchados, aún pesados por el sueño. Apenas bostecé y me restregué los párpados, noté que mi mano estaba manchada de negro. Genial, me había olvidado de quitarme el maquillaje. Me incorporé de un salto, sintiendo el pijama pegado al cuerpo por el calor, y me arrastré hasta el baño.
Al verme en el espejo, solté una risa amarga. Parecía un mapache con resaca. Tenía rímel corrido, base mezclada con lágrimas secas y un peinado que gritaba auxilio. Rápidamente me quité todo rastro de maquillaje con una toalla húmeda y me lavé la cara con agua fría, dejando que las gotas despertaran mi piel.
Bajé aún en pijama —un short suelto y una camiseta grande— a la cocina. Preparé café y tostadas sin entusiasmo, mientras la casa se mantenía en un silencio cómodo. Puse todo sobre la mesa del living y encendí el televisor. Hice zapping por un rato, pero no había nada interesante. Dejé las noticias de fondo y miré la hora. 12:35. Benditos fines de semana.
—¡Abran la puerta, esto es un asalto! —gritó Harry desde afuera.
Reí. Era imposible no hacerlo con él.
Corrí hasta la puerta y la abrí con una sonrisa. —Pasa, payaso.
—Wow, ¿a dónde vas así? —me escaneó con su mirada burlona.
El perfume que usaba era intenso y embriagador, como siempre. —Yo diría lo mismo de ti. ¿Qué haces tan arreglado?
—Salgo con los chicos. Tú sabes… vida social. —Se encogió de hombros como si fuese famoso.
—Gracias por el cumplido, por cierto. Me siento halagada —dije con sarcasmo.
—Lo siento, te ves… única. —Se rió mientras se dejaba caer junto a mí en el sofá.
—¿Estás depresiva porque Zayn ya no está a tu lado? —me miró con una ceja levantada.
—Cierra la boca si quieres conservar los dientes —amenacé, mientras le lanzaba una almohada.
—Puedo llamarlo si quieres —sacó su iPhone.
—¿¡Cómo tienes su número!? —arqueé las cejas, sospechosa.
—Digamos que su teléfono y el mío tuvieron un encuentro casual. Y se lo devolví, lo juro —alzó las manos como si fuera inocente.
—No me importa cómo lo conseguiste, dame el número —sonreí como quien no quiere la cosa.
Lo apunté rápidamente. Harry se levantó. —Me tengo que ir. ¡Arréglate un poco! —rió mientras escapaba por la puerta.
Me quedé viendo televisión un rato más, luego limpié y subí a darme una ducha. Me esperaba la casa de Zayn. Escogí un vestido veraniego con vuelo y unos tacones sencillos. Me miré al espejo. Me sentía bien regresando a ser esa versión de mí que a veces olvidaba.
Llamé a Zayn.
—¿Hola? —respondió con voz ronca, somnolienta.
Solo con escucharlo, un escalofrío me recorrió. —¿Sabes qué hora es? ¡Ya estoy por ir a tu casa!
—¿Cómo conseguiste mi número? —su tono cambió, más alerta.
Reí. —Eso no importa ahora. Bañate, cámbiate y espérame. En quince minutos estoy allá.
Colgué y salí a tomar un taxi. Nueve minutos después, estaba frente a su casa. No era lujosa, pero tenía un aire acogedor que me gustaba. Toqué la puerta con el corazón latiendo a mil. Al abrir, Zayn estaba recién peinado, camisa crema con escote en V y pantalón negro. Aún tenía el cabello húmedo. Se veía tan bien que me olvidé del mundo por un segundo.
—Tardaste —dijo con una sonrisa pícara.
—¿Y tus hermanas?
—Con mis tíos.
Nos sentamos en el living, rodeados de un silencio que, en vez de incómodo, se sentía cargado de electricidad.
—¿Cómo obtuviste mi número?
—Harry. Aunque tampoco sé cómo lo consiguió.
—Tendré que hablar con ese idiota —rió. —Bueno, ¿comenzamos?
Fui tras él hasta la cocina. No podía dejar de mirar sus labios mientras hablaba. Tenía también algo en los ojos… una especie de brillo que me atrapaba sin remedio.
—¿Me extrañaste? —preguntó con una sonrisa ladina.
—Un poquito —confesé con un mohín que lo hizo reír.
—¿Me das un beso? —preguntó de golpe.
Tragué saliva. No era una broma. Me estaba mirando como si tuviera hambre… de mí.
—Te recuerdo que somos amigos —dije, aunque ni yo me creía eso.
—Y antes nos besábamos sin serlo —se acercó más, su aliento rozó mis labios. —Por favor, lo necesito.
Me derretí. Lo besé.
Y fue… fuego lento. Dulce y ardiente. Suave y demandante. El mundo se detuvo. Podría jurar que el reloj dejó de avanzar, que el aire se volvió más espeso. Me temblaron las piernas. Zayn me sostuvo de la cintura, y por unos segundos, no existía nada más que nosotros dos y ese momento.
Cuando nos separamos, ambos estábamos colorados. Decidimos comenzar con el trabajo como si nada hubiera pasado, pero yo no podía dejar de pensar en lo que acababa de sentir.
A las 8 decidí irme. Caminé por la calle como flotando. El corazón todavía me latía con fuerza. Me obligué a recordar que él era un chico complicado. Que probablemente mañana ni me hablara. Pero esa noche… esa noche dormí con una sonrisa idiota en el rostro.
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Lunes. Colegio.
—Harry, cierra tu fea boquita y no digas nada —le advertí al entrar.
—Como digas. Aunque eso de "fea boquita" fue innecesario.
—Shhh. Solo hazme caso.
Al llegar a mi casillero, Zayn apareció. Sonrisa de lado, mirada letal. —¿Necesitas ayuda?
Quería decir que sí, que me lleve en brazos si era necesario. Pero solo negué. Escuché a Harry decir en voz alta:
—Bueno, chica enamorada…
¡Zas! Le clavé el tacón en el pie.
—¿Chica enamorada? —Zayn me miró sin expresión.
—¿Qué? ¡No! Ya sabes cómo es Harry…
Fuimos a clases, y mientras él se sentaba adelante, yo dibujaba corazones como una tonta. Una nota de James me distrajo. “¿Me prestas el libro? No estás haciendo nada”. Le respondí con un sí, pero que él lo buscara.
Justo cuando James vino por el libro, la profesora lo notó y lo obligó a sentarse conmigo. Zayn giró y nos miró con el ceño fruncido.
—Lo siento, no quería problemas —dijo James en voz baja.
—Tranquilo. Me gusta tu compañía —respondí, lanzando una mirada fugaz a Zayn.
Cuando James me acarició la mano, corregí la situación: —Solo amigos. Ya sabes que te quiero como tal.
—¡Ow! ¡Está enamorada! —chilló alguien. Murmullos, chiflidos, y la mirada de Zayn clavada en mí, como un puñal. Me mareé.
Después, en el almuerzo, Harry me lanzó una bomba: —Tu plan de seducirlo se fue por el caño.
Lo sabía.
Busqué a Zayn entre la multitud, lo encontré y me acerqué.
—¿Podemos hablar?
Él expulsó el humo del cigarro justo en mi cara. —No sé dar consejos para chicas enamoradas. Lo siento.
Y se fue.
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Barbara Z.M (En Edición)
FanfictionBárbara es la chica que todos admiran. Popular, decidida, con una sonrisa que encanta y una seguridad que impone. El colegio es su mundo... hasta que llega Zayn. Zayn es todo lo que ella no es. Misterioso, rebelde, con una mirada peligrosa y una act...
