Ocho.

3.7K 121 2
                                        

—¿Cómo sabes tú eso? —preguntó con la voz tensa. Sus pupilas se dilataron hasta volverse casi negras, y la furia en su mirada me hizo girar el rostro con nerviosismo.
—Mírame —ordenó, seco—. Y dime quién te dijo eso.

Tu hermana, pensé, pero no podía traicionar a Saffa. No quería que tuviera problemas por mi culpa.

—Nadie… olvídalo. Soñé con eso —solté una risa nerviosa, queriendo quitarle importancia.

Él frunció el ceño con más fuerza.
—Déjame adivinar… ¿te lo dijo Saffa? —alzó una ceja. Tragué saliva y asentí con culpa.
—Demonios… —gruñó y, con una última mirada cargada de rabia, se alejó sin decir nada más.

Me quedé congelada, sintiéndome culpable y torpe. Una vez más, mi boca había arruinado todo. Entré al salón y busqué con la mirada a Harry. Me senté a su lado, intentando sonreír, pero él me notó al instante.

—¿Qué te pasa? —preguntó en voz baja, mirándome con sus intensos ojos verdes.

—Tuve una discusión con Zayn —murmuré con una mueca.

Como si el universo quisiera burlarse de mí, en ese momento Zayn entró al aula caminando como si nada. Me miró y yo, cobarde, aparté la mirada.
—No debí abrir la boca —susurré.

—¿Estás en problemas? —insistió Harry con un tono protector. Negué, intentando no llamar la atención.

—Te lo cuento más tarde —susurré cuando la profesora empezó a lanzarnos miradas sospechosas.

La clase fue eterna. Sentía la mirada de Zayn sobre mí desde el fondo del salón, pero no fui capaz de devolverla. Mi orgullo y vergüenza podían más. Al terminar la clase, salí con Harry y aproveché para desahogarme un poco.

—¿Quién es Yulia? —preguntó él, curioso.

—No lo sé. Por eso pregunté… y lo único que conseguí fue que se enfadara aún más —respondí mientras abría mi casillero y guardaba algunos libros. Luego, intentando cambiar de tema, le pregunté—: ¿Y tú? ¿Cómo vas con tu nueva amiga?

Harry sonrió con picardía.
—Aún no la veo. Espero que me vuelvan a asignar como secretario de la directora. —Rió, y yo lo imité hasta que notó algo detrás de mí.

Al voltear, vi a Zayn acercándose con paso firme y expresión seria.
—Harry, creo que nos vemos luego —le dije rápido, dándole un beso en la mejilla antes de salir rumbo al campus.

Sentía que Zayn venía detrás de mí. Miré de reojo y sí, ahí estaba. No podía correr con estos tacones y tampoco pensaba quitármelos.

—¿Por qué huyes de mí? —escuché su voz, casi divertida.

—No estoy huyendo. ¿Y tú por qué me sigues? —repliqué, girándome con torpeza. En sus manos tenía un pequeño cuaderno.

—No te estoy persiguiendo —repuso, rodando los ojos—. Ya está disponible mi casa hoy, así que no te preocupes. Además, revisé algunos temas para el trabajo.

Asentí sin responder. No sabía cómo reaccionar después de lo que había pasado.
—Bien —dijo tajante, y se fue, dejándome de nuevo con esa sensación de confusión e incomodidad.

El resto del día pasó lento. Al terminar las clases, fui al estacionamiento y no vi a James por ningún lado, lo que me hizo preocuparme un poco.

—Sígueme —escuché la voz de Zayn detrás de mí. Caminó delante sin dignarse a mirarme.

El estacionamiento tenía ese tipo de piedras pequeñas y negras que complicaban cada paso con tacones altos.

—¿Te puedes apurar? —preguntó con fastidio ya montado en su moto.

Puse las manos en la cintura, molesta.
—No sé si sabías, pero tengo puestos unos tacones con los que apenas puedo caminar sobre estas piedras —le respondí secamente.

Su mirada bajó desde mis piernas hasta mis pies. Rodó los ojos con una mezcla de fastidio y… ¿nerviosismo?

—Solo apresúrate, ¿quieres? —dijo, moviendo impaciente una pierna. Me acerqué y me subí a su moto, preocupada porque el vestido que llevaba era algo corto. Sentí su mirada posarse descaradamente en mis piernas.

—Mierda —murmuró, bajándose bruscamente.

Yo también me bajé.
—¿Y si vamos en taxi? —propuse con una sonrisa forzada.

Zayn me dedicó una mirada asesina.
—Todo esto es tu culpa, Barbara —dijo, sin dejar de mirar mis piernas. Hipócrita, pensé. Bien que le gustaba observarme.

—Bien que te encanta verme, Zayn. ¿Crees que no me doy cuenta? —espeté, acercándome un poco más. Lo vi tensarse, y su incomodidad me dio un poder inesperado.

—¿Qué hablas? —balbuceó, intentando mantener la compostura.

—Estoy harta. Por una simple pregunta me tratas como si fuera lo peor que te ha pasado —reproché, apartando la mirada.

—Lo siento, señorita "necesito la atención de todos o me muero". No te pedí que te me acerques. Yo estaba feliz en mi soledad —espetó, clavándome la mirada.

Su altanería me hirvió la sangre. Me acerqué un poco más y observé sus labios. Se veían tan… perfectos. Y yo estaba tan harta de callar.

—Me acerqué a ti porque me parecías interesante… y caliente —dije con descaro, mirándolo a los ojos.

Zayn se quedó en shock, con las cejas levantadas. No sé de dónde saqué el valor, pero sonreí victoriosa.

—Bueno, creo que debemos irnos —dije suavemente. Y sin pensarlo dos veces, lo besé.

Él no respondió al principio. Sus labios estaban rígidos… hasta que delineé su labio inferior con la lengua. Fue como si hubiera activado algo dentro de él. Me rodeó con los brazos, agarrando mi cintura con una posesividad tan intensa que me dejó sin aliento.

Besa increíble.
Y por primera vez, sentí que todo el juego que habíamos estado jugando… acababa de cambiar por completo.

Barbara Z.M  (En Edición) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora