Once.

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—Te quedaste muda. ¿Me das otro beso? —comentó Zayn, en tono burlón, mientras una pequeña sonrisa se asomaba en sus labios.
Parpadeé varias veces al salir de mis pensamientos y lo miré directamente a los ojos. Tenía unos ojos preciosos, oscuros, brillantes, profundos… era como mirar el cielo justo antes de que cayera la tormenta.

Me había perdido, literalmente. No supe en qué momento dejé de estar presente y empecé a soñar despierta. El problema era que él estaba justo frente a mí.

—Hay una fiesta en mi casa… ¿Quisieras ir? —le pregunté, tratando de sonar casual.

La sonrisa divertida que tenía se borró de inmediato, reemplazada por un gesto serio, incluso tenso.
¿Acaso lo tomé por sorpresa? ¿O simplemente no le pareció una buena idea?

—No me respondiste —dijo, observándome con más intensidad de la que me sentía capaz de soportar. El calor me subió por el cuello hasta las mejillas. Me ardían.
Esa forma en la que me miraba… me atravesaba entera, como si estuviera descubriendo cada secreto que no quería confesar.

—No lo sé… mis hermanas estarán solas —agregó en voz baja, esta vez sin esa energía segura que solía tener.

¿Estaba molesto solo porque no le había querido dar un beso antes?
O… ¿era por otra cosa?

—Tu amigo Louis puede cuidarlas —le sugerí, intentando sonar lógica.

Zayn suspiró con pesadez. Un suspiro que decía más de lo que cualquier palabra podía expresar.

—Entonces… ¿harás la tarea sola? —insistió, volviendo al tema de antes. Me hizo gracia ver cómo se aferraba a ese pequeño trato para seguir cerca.

—No me contestaste la primera pregunta —repliqué, con un guiño juguetón, repitiendo sus propias palabras.
Sentí cómo su paciencia pendía de un hilo. En cualquier momento, iba a explotar.

—Barbara… tú tampoco —musitó, algo frustrado.

Lo miré fijamente, sin moverme.
—Sí quiero —dije de repente.

Zayn frunció el ceño, confundido.
—¿Sí qué?

No le dejé terminar. Me incliné hacia él, llevé mi mano a su mejilla y lo besé sin previo aviso.

Y él no tardó ni un segundo en responder. Sus labios se movieron al compás de los míos, y sin darnos cuenta, todo se volvió más profundo, más lento, más intenso.
¿Cómo era que pasaba esto? ¿Cómo lograba tener el control tan fácilmente?
No lo sabía. Pero me encantaba. Me estaba volviendo adicta.

Intenté alejarme un poco para tomar aire, pero él no me lo permitió. Me sujetó con más fuerza, como si no quisiera que el momento terminara.
¿Acaso pensaba dejarme sin oxígeno?

Tuve que separarlo suavemente, tomándolo de los hombros. Respiré con dificultad, mientras veía su rostro algo desorientado. Sus labios estaban todavía más rojos e hinchados que antes.

—A eso te referías —dijo, tocándose los labios con los dedos. Su tono era entre divertido y desconcertado.
Sonreí. No podía evitarlo.

—Ahora respóndeme tú —le pedí, con tono retador.

—No lo sé… ¿De quién me decías que era la fiesta? —hizo una mueca como si se arrepintiera de haberlo olvidado todo.

Giré la cabeza hacia la ventana. Ya estaba oscureciendo. Las primeras luces de la noche comenzaban a teñir el cielo.

—De Harry. Solo que será en mi casa —le aclaré. Zayn asintió, pensativo.

—¿Por qué me quieres llevar?

—Bueno… me caes bien —respondí, levantando una ceja con una sonrisa pícara.

Él soltó una risa seca antes de contestar:
—No te acuerdas cuando te dije que tú a mí no me caías bien.

—Seguro se me olvidó por los besos que nos dimos hoy —repliqué con tono inocente.

Vi cómo pasaba un dedo por sus labios, casi sin querer, como si intentara comprobar que todavía estaban ahí. Fue tan obvio que tuve que contener la risa.

—De acuerdo —suspiró, poniéndose de pie. Su cercanía me obligó a levantarme también, y no pude evitar notar su figura al girarse.
Sí… definitivamente, eso no era justo.

—Trataré de convencer a Louis —dijo, mientras se alejaba rápidamente por las escaleras.

Me quedé sola, repasando mentalmente el beso que nos habíamos dado minutos antes. Si no lo hubiera detenido, probablemente el sillón ya estaría roto… y yo, asfixiada pero feliz.

Pocos minutos después, escuché los pasos rápidos de Zayn bajando y la voz de Louis con su tono sarcástico de siempre.

—No sé, Zayn… ¿por qué no voy yo a la fiesta y tú te quedas? —dijo Louis.

Tuve que taparme la boca para no reír.

—Te pagaré —respondió Zayn, claramente desesperado.

—¿Cuánto me darás? —preguntó Louis, con la cara de quien está negociando un trato de alto nivel.

Zayn sacó un pequeño fajo de billetes y se lo mostró.
—¿Esto está bien?

Louis lo tomó y se quedó pensativo, mirando de reojo primero a mí, luego a Zayn.

—De acuerdo. ¿Hasta qué hora estarán? —preguntó, y antes de que alguien respondiera, soltó una carcajada—. Mejor no pregunto.

—Ya cierra la boca —gruñó Zayn.

—Solo vuelvan temprano —dijo Louis, dedicándome una sonrisa antes de alejarse.

Me acerqué a Zayn.
—Bueno… ¿vamos? —le pregunté, tomándolo del brazo.

Él movió la cabeza suavemente.
—Iré a buscar algo —se soltó de mi agarre y desapareció por unos segundos. Volvió con una casaca negra de cuero.
—Ahora sí… vamos.

Tomé de nuevo su brazo y salimos hacia la entrada.
Casaca de cuero negra, camiseta ajustada, tatuajes, moto, esa mirada que parecía esconder mil secretos…
¿Se puede ser más perfecto?

Subimos a su moto, le indiqué mi dirección y arrancó.
Incluso conduciendo tenía ese aire misterioso y letal. Era una fantasía con cuerpo y nombre.

Llegamos a mi casa. La música se escuchaba desde la acera. A medida que nos acercábamos, los graves se hacían más intensos.
Harry no había escatimado con la fiesta.

—Vamos a mi cuarto. Me cambio y salimos —le dije. Zayn se tensó sutilmente.
Una parte de mí disfrutó ese pequeño gesto.

—¿A tu cuarto? —preguntó, con tono sugerente.
Definitivamente… tan pervertido como encantador.

—Claro —dije con fingida naturalidad, y seguimos caminando en silencio.

Entramos. La casa estaba repleta. Personas por todos lados. No tenía idea de quiénes eran la mitad.
Pasamos entre la multitud hasta que Harry nos vio.

—Hola, Barbie… y hola, Zayn —saludó, con una botella en mano. Zayn le devolvió una sonrisa cortés.

—Iré arriba a cambiarme. Con Zayn —solté, sin pensarlo.

Harry abrió los ojos como platos. Era evidente que ya estaba algo ebrio.
—¿Solos? ¿A tu cuarto? No se demoren mucho —comentó, medio celoso, y se perdió entre la multitud.

Zayn y yo subimos por la escalera, que era tan angosta que me dejó ir primero.
Entramos en mi habitación.

Color rosa, ordenado, cálido.
Zayn recorrió con la mirada todo el cuarto, pasando por el baño cuya puerta entreabierta dejaba ver el tono lila.

Ah, cierto.
¿Vivo sola? Sí.
Mi hermano Liam se fue a estudiar al extranjero y me dejó a cargo de esta casa.

Pero esa es otra historia.
La importante es esta:
Zayn y yo, en la misma habitación.
Solos.

Y yo... con el corazón latiendo más fuerte que nunca.

Barbara Z.M  (En Edición) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora