Cuatro amigos mentalmente inestables, y un círculo amoroso. Cada uno son el complemento del otro, hasta que uno desaparece, y las bestias que llevan escondidas en lo más recóndito salen de la cueva, sin siquiera ellos saber sobre su existencia.
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Está atrapado en un círculo vicioso, se siente tan confundido que se le imposibilita el actuar o pensar con claridad. Tiene las respuestas ahí mismo, sin embargo, está ciego. Está sumido en un abismo con la salida en frente de sus narices, pero su ineptitud no lo deja salir.
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Él es quien posee las respuestas.
Todo es un infierno para JaeMin. Las voces, las alucinaciones y sus impulsos lo han llevado a cometer graves errores que luego tuvo que pagar. Lo peor es que él ni siquiera tiene la capacidad para poder defenderse. JaeMin es sólo un niño en el cuerpo de un adulto.
Su vida cada día se ha ido deteriorando más y más, destrozando su alma paulatinamente. Hoy en día, su calidez, y lo que era antes estaba a punto de esfumarse.
Pero tampoco hay que echarse abajo. Sólo es una etapa, una larga y tediosa etapa, pero que ya pronto pasará, y él volverá a ser lo que era antes, o incluso, mucho más fuerte. Sólo es cuestión de tiempo para que el verdadero caos se desate.
Su trastorno mental no es impedimento para sacar su verdadero yo, ni mucho menos para volverse más poderoso. JaeMin ahora es alguien débil, pero no falta mucho para ver quién es realmente. Hoy en día, sólo es un cachorro perdido en medio del bosque, buscando a su manada.
JaeMin es capaz de muchas cosas, porque él no tiene límites, él no se echa para atrás con cualquier cosa. JaeMin es él. JaeMin es el que le dará la vuelta al juego.
Sus piernas arden por tanto esfuerzo físico, su respiración cada vez es más pesada y desacompasada, y gotas de sudor frío caen por su frente. Corre sin parar por las oscuras calles que a esas horas ya no son concurridas, y desesperado mira hacia atrás y a los lados buscando algún lugar en donde escabullirse. Su cuerpo ya no puede más, y pareciera que en cualquier momento caería al suelo del agotamiento.
Se llena de esperanzas al ver que unos metros más allá hay un callejón, y sin perder más el tiempo se adentra y se esconde dentro del contenedor de basura. Escucha los pasos pasar de largo, y suelta un gran suspiro de alivio.
No sabía porqué lo perseguían, JaeMin nunca se había metido en problemas, ni tampoco había cometido un delito o algo por el estilo, todo era tan extraño...
Se quedó unos minutos ahí escondido, deseando que no volviesen a perseguirle. Aprovechó para calmarse, y por qué no, también llorar. JaeMin era tan débil que hasta la más mínima cosa le afectaba de una forma terrible, y la única forma de desahogarse era llorando, porque no podía hacer nada más.
Salió por fin, y se dirigió a casa de una vez. Por suerte no se había ido tan lejos, por lo que conocía el camino de regreso. Aún seguía paranoico, mirando a todos lados por si alguien pasaba detrás suyo. Suspiró y negó con la cabeza, necesitaba calmarse.
Pero su susto sólo aumentó cuando vio a alguien asomarse desde la esquina de su calle. Su corazón pareció paralizarse por unos milisegundos, al igual que todo su cuerpo. Un desconocido caminaba con paso indeciso, y su rostro irradiaba una sonrisa de bobo. Su alma le volvió al cuerpo al reconocer su rostro, y su corazón, en vez de encogerse y paralizarse, ahora latía a mil por hora y se ensanchaba cada vez más con cada latido.
Era él, el amor de su vida, el chico que le desordenaba todo. El que lo derretía con sólo verlo sonreír.
—¡DongHyuck! —exclamó, más el chico no lo oyó. Parecía ido, como dopado, o algo por el estilo —¡DongHyuck! —volvió a decir, y de nuevo, no lo escuchó. Se empezó a acercar a él, para tratar de ayudarlo, pero el tiempo pareció detenerse cuando una luz resplandeciente encandiló sus ojos.
Lo único que pudo oír fue la bocina de un auto, y como si eso lo hubiese vuelto a la vida, reaccionó, corriendo lo más rápido que sus piernas le dieron para alcanzarlo.
No supo cómo lo hizo, pero ahora tenía a un DongHyuck dormido en sus brazos.
Con sus manos temblorosas movió su cabello hacia atrás, dejando a la vista su frente. Su rostro estaba helado y lleno de sudor frío.
—¿DongHyuck? ¿Estás bien? —preguntó muy preocupado. El mayor sólo abrió sus ojos, confundido.
—¿Estoy en casa? ¿JaeMin? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Jeno? —JaeMin rodeó sus ojos, DongHyuck había vuelto a lo mismo.
—¿Dónde la escondiste? —lo miró fulminante. DongHyuck sólo se echó a reír, y de su bolsillo sacó una bolsita de plástico, con hierba dentro de ella.
—Es de la buena, ¿quieres? —le guiñó un ojo, y con flaqueza de puso de pie. JaeMin lo miró, claramente molesto.
—Vete a la mierda —se colocó de pie también, y con brusquedad lo tomó de sus ropas y lo miró a los ojos, parecía como si ellos echaran llamas de fuego por lo fulminante de su mirada. DongHyuck se asustó un poco por aquella repentina acción, pero luego volvió a reír, lo que provocó más ira en el menor—. Estuve ¡un año! Ayudándote a dejar esto, ¿y de la nada vuelves a consumirla? Eres lo peor —lo soltó. DongHyuck parecía no escucharle, porque sólo lo miraba perdido y totalmente ido —encima, ¡casi te atropellan! Y ni las gracias me das.
—Ajá. Me voy a casa, ¿vienes? Estoy exhausto —suspiró, y sin esperar respuesta se fue. JaeMin lo miró furioso por unos momentos, y lo siguió, sólo que no se acercó a él, sólo iba detrás de él.
—¿Por qué no puedes entender cuánto te amo?
«La bestia aún sigue durmiendo. Cuando el caos comience, es cuando será el momento de despertar»
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Bien, fin de las introducciones. Ahora es cuando nos metemos en lo de verdad. Enjoy it.