psycopathy

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Actúa de acuerdo a tus instintos, y perderás. Actúa de acuerdo a tu astucia, y ya tendrás el juego ganado. Sólo procura no ver sangre, porque si no, estarás perdido. 


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Él es el peligro inminente.








A Donghyuck no le dará miedo el tenerte bajo su control.

A DongHyuck no le dará miedo el torturarte.

A DongHyuck no le dará miedo el matarte.


Porque él es alguien que no conoce la definición de la palabra escrúpulo, mucho menos del sentido de la piedad.

Él es como la pantera sigilosa que busca a su presa en silencio, esperando el momento perfecto para poder capturarla. Hasta que sus impulsos lo dominan. 

DongHyuck podía ser muy poderoso, pero hasta el dios más potente tiene una debilidad. Y él no era ningún dios.

Él es capaz de cualquier cosa por ver a las personas sufrir, por ver que derraman sangre por su culpa, es como un ritual que se hace a sí mismo para idolatrarse, porque nadie era más divino que él. Pero, por más que él creyera estar en la cima de todo, o ser el que reinará el mundo en un futuro, no era más que un simple humano, igual a todos, con claras diferencias, pero aún así era un simple mortal, un insecto insignificante.

DongHyuck creía ser fuerte, él aparentaba serlo, porque muy en el fondo era alguien débil, con muchas inseguridades y problemas que lo atormentaban. Y entre los muchos de esos, el más desagradable era él.

Él era tan... perfecto. Era exactamente lo que estuvo buscando todo este tiempo. Y era irónico, porque lo tuvo frente a sus narices desde que era un pendejo de no más de cuatro años, y hasta hace un tiempo no se había dado cuenta. Él era, sin duda, su alma gemela, el indicado, aquel que era capaz de cambiar su vida, y darle un giro en ciento ochenta grados. Sabía que él era susceptible para hacer eso, porque ya lo había hecho una vez, sólo que para mal. Él era el único capaz de volver todo a la normalidad.

DongHyuck creía que eso era posible, y bueno, en parte tenía razón, pero era un inútil al pensar que se lo darían todo en bandeja, lastimosamente, se dio cuenta de todo muy tarde. Demasiado tarde.

Sonrió al escuchar aquellos gimoteos, aquellos sollozos inentendibles que le rogaban por piedad con ojos cristalizados y mirada de real arrepentimiento, o miedo, o tristeza, podía ser cualquiera de aquellas emociones. Lo único que se podía decir con seguridad, era que DongHyuck estaba en su máxima adrenalina, y su jolgorio estaba a flor de piel. Era por eso que amaba esto, lo hacía sentirse de una forma única, que ni siquiera el juego más extremo te daba esas potencias de excitación.

—Los besos son más placenteros cuando hay sangre de por medio —susurró en su oído, y, con un fierro lo golpeó en la boca, reventándole el labio al instante y rompiéndole de paso algunos dientes. El sonido metálico del objeto golpeando la piel del contrario era como música para sus oídos, sin duda algo demasiado placentero.

Sin pudor, lamió el chorro de sangre que caía de su mentón cuando le salpicó, y con deleite saboreó lo metálico de la sangre, excitándolo dos veces más.

—¿Te doy un consejo? —le susurró mirándolo a los ojos—. El sexo es tres veces mejor cuando no ves nada.

Y sin decir nada más, sacó con su mano libre una tijera, enterrándosela con saña. DongHyuck no se iba con rodeos.  Soltó una carcajada cuando su víctima soltó un grito de dolor.

—Vamos, si no es para tanto —decía entre carcajadas, enterrando cada vez más profundo el objeto punzante. Metiendo y sacando, una y otra vez.

No pudo evitar soltar un gemido al escuchar el crack del hueso cuando la tijera chocó con su cráneo. Todo era tan perfecto, era mucho mejor que otras veces.

Se puso de pie luego de quitarle los dos ojos, y miró con una sonrisa el cuerpo desfallecido en frente suyo. A esto se refería cuando decía que quería a todo el mundo a sus pies. 

Lo mejor de todo, es que esto no era un sueño, sino que había sido totalmente real. Todo lo que acababa de suceder pasó de verdad, y eso hacía el momento el doble de memorable.

—¡DongHyuck! —se sobresaltó al escuchar su nombre. ¿Cómo era que lo habían encontrado?

Se disponía a correr, no podía ser descubierto, pero al percatarse de quién se trataba, paró en seco, y de la nada todo parecía ser en cámara lenta.

Su cabello rubio, suave y radiante, como siempre. Sus ojos rasgados que cuando sonreía parecían ser dos medias lunas, su tersa y lechosa piel que le quedaba de maravilla, sus labios rosados que eran tan deseables... Él era perfecto en todos los sentidos.

—Jeno... —musitó. Era como si él lo hubiese congelado con su sola presencia, y es que solía causar ese efecto en DongHyuck.

Estaba perdido.

—Otra vez con tus impulsos... —murmuró. DongHyuck sólo lo miraba embobado, tanto así que parecía que la baba se le caería en cualquier momento —Vete a casa, yo me encargo de él. —Asintió, y como niño obediente se devolvió, sonriendo tontamente.

DongHyuck estaba jodido. Y muy jodido.



«Créeme, derramar sangre es la mejor cura para un corazón roto»


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me encanta poner a haechan con este tipo de personalidad, siento que calza muy bien con él, no sé xd
Tan sólo queda uno, y esto empieza de verdad.

Deberían ser atentos con él, porque de verdad es peligroso;)

blood pact ー 00 lineHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora