››Diciembre, 2011. [Sebastián Harrison]
La noche de tu vida llega cuando menos la planeas, para mí todo comienza con un pequeño plan, un evento que suele repetirse, y que jamás imaginé que terminaría en algo distinto.
Coloco la laptop en la pequeña mesa que hay en la cabaña, arreglo el mueble y cuento cuantas sábanas he traído. Natalie no debe tardar en llegar, nos hemos puesto de acuerdo para ver un maratón de películas de navidad, es así cómo pasamos nuestro día previo a la noche buena.
Escucho la puerta abrirse y volteo a su dirección, la miro llegar con su chaqueta cerrada hasta el cuello y su gorro. Coloca su morral en el suelo y lo abre. Saca de ahí dos botellas de alcohol y me sorprendo.
—¡Voilá!—expresa mostrándome las botellas.
—¿Qué es esto? ¿Cómo lo conseguiste? Eres una niña
—Patrocinado por el minibar de mis padres. Nunca están, así que nunca sabrán que las tomé.
—Es ilegal, somos menores de edad.
—Oh sí, claro, cómo si no supiera qué contiene el ponche de las fiestas a las que vas sin mí.
Sonrío ante su comentario y le hago señas para que nos sentemos a ver las películas.
Al inicio ella abre una de las botellas, y yo la observo detenidamente, nunca antes la había visto hacer eso, y me intriga saber la razón. Hay muchas cosas que me inquietan sobre Nita, pero ella es de la clase de chica que expresa sus sentimientos cuando se siente preparada. Sin embargo, sé que está triste, y aún más desde el incidente que tuvo hace más de un año en el Spa donde trabajaba. Pero he prometido devolverle la alegría y sin importar que haya sucedido, haré lo posible por hacerla sonreír cada día.
—Esto quema la garganta—dice luego de probar el primer trago. Yo no lo puedo evitar y me río—¡No te rías! ¿Es normal que sepa así de feo?
—No, eso depende del licor, y justamente tú has optado por una botella de Vodka original, lo cual es bastante fuerte para comenzar.
—¿Qué tal si jugamos algo? Estas películas la vemos cada año, deberíamos hacer algo distinto.
—¿Qué propones jugar?
—Tú eres el de las fiestas, tú dime.
—De acuerdo, tengo cartas. ¿Qué tal si jugamos la pirámide?
Comienzo a explicarle el juego y parece haberlo entendido.
Minutos más tarde ha perdido en su mayoría y ha tenido que tomar más tragos que yo.
Tres horas después, los juegos han comenzado a aburrirnos, los chistes y las anécdotas han pasado a ser grandes temas de conversación. Nita ha hecho su mejor intento de baile y yo he tenido que decir el abecedario al revés. Esta faceta de nosotros es algo que no conocía, pero me encanta.
—Jamás te pregunté—hablo torpemente, tumbado en el piso mirando al techo.—¿Por qué Nita? Te llamas Natalie, eso no tiene sentido—Sentía que todo empezaba a darme vueltas.
—Mi hermano Will, no sabía decir mi nombre cuando era pequeño, así que me llamaba Nita, y pues, así me quedé... —su voz se oye muy rara, me parece graciosa—Sebastián, me voy a caer.
Me levante rápidamente, me preocupaba que se cayera, pero mi sorpresa fue encontrarla acostada en el piso a unos metros de mí.
—Ven, levántate—digo jalándola del brazo.
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Los secretos de Harrison
Mistério / SuspenseLa vida de Sebastián Harrison comienza a cambiar el día que llega al pueblo de Belisa y su participación en un juego que al principio parecía ser muy infantil. Seis niños trazaron sus destinos al seguir las reglas de un absurdo juego de secretos, s...
