Capítulo 15

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Es un art que encontré en Pinterest y me gustó, toda cara de Lucy que no esté llorando me vale aparte la camiseta es chulísima

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Es un art que encontré en Pinterest y me gustó, toda cara de Lucy que no esté llorando me vale aparte la camiseta es chulísima. Mi idea de las pulseras es diferente a la imagen pero igual es una idea.

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Todos nos habíamos instalado en el salón al lado de la hoguera. El caldero lo había quitado Igneel y repartió cuencos con sopa a todos, incluso se cogió uno a si mismo y se sentó a mi lado. De algún modo sentía apoyo moral de su parte.

Suspiré y soplé un poco buscando en mi cabeza por donde comenzar a hablar. Sinceramente no me esperaba encontrar con Natsu tan temprano, en parte ni siquiera tenía esperanzas para sobrevivir.

Y sin embargo aquí estaba, sentada tranquilamente al lado del pelirrosa y su felino.

Aparté mi cuenco para dejarlo en la mesita redonda, total no tenía hambre, y observé el fuego buscando inspiración allí.

—Natsu, ¿Qué tal ha ido tu viaje?—comenzó a hablar Igneel—Supongo que aprendiste el un par de cosas que te comenté antes de morir

—Aja—volteé el rostro y me encontré directamente con sus ojos grises, mirándome, antes de que él se fijara en Igneel—Sobre eso, ¿Cuando te hiciste el espíritu celestial de Lucy?

—Lucy ¿Puedes convertir a cualquiera en llave? ¡Qué miedo!—metió su comentario como siempre a destiempo Happy.

Simplemente lo miré mal.

—Nada más morir a manos de Acnologia me transporté al mundo de espíritus celestiales donde me cosieron y dieron el cuerpo humano. Un mes habrá pasado de tu marcha ¿No, Lucy?

Asentí—Para Igneel fue así, pero mi historia es un poco más complicada. —me puse de pie y alcé mi mano, seleccionando las doce llaves doradas las hice levitar en el aire delante mío—Cuando asesinaron a Yukio, sus llaves pasaron a mi, teniendo en total las doce.

—Un momento—me interrumpió Natsu mirando todas las llaves—Falta una, tenías otra llave dorada.

Me tensé. No me gustaba hablar del tema—Si, Acuario. Pero mi contrato con ella se rompió y su llave se destruyó durante la pelea con tártaro. Necesitaba salvaros—tragué con fuerza, encontrando la garganta demasiado seca—Volviendo al tema de antes, había una leyenda respecto al número doce. Las doce llaves doradas es la más famosa porque dice que abre un poder antes jamás visto.

»Aparte de eso, yo me hice Guardiana Celestial, siguiendo el legado de familia Heartfilia, y cada Guardiana puede añadir una constelación al cielo—Guardé las llaves doradas y separé ahora la llave legendaria. Ésta brillaba a la luz de fuego como si se tratase de lava, y se la di a Natsu—Rey Celestial no me dejó mucho tiempo para pensar y se me ocurrió que podría hacer contrato con Igneel por lo que viajé al pasado.

Al momento la casa se llenó de sus exclamaciones. Natsu incluso se olvidó que tenía mi llave en su puño todavía, por lo que tuve que quitarla. Después volví a sentarme.

—Si, porque tengo las doce llaves doradas Natsu, y ese poder que abren es el de tiempo. Todavía no sé hacer gran cosa, pues el poder no viene con un manual pero en el mayor de los casos se trata de imaginación. Aparte, hay mucho más de magia celestial que descubrí cada día, por ello no dejo de entrenar.

Me crucé de brazos algo incómoda, pues Natsu no dejaba de taladrar me con sus ojos. Casi veía cómo dentro de su cabeza las neuronas se movían para conectar las ideas y llegar a las conclusiones.

¿Crees que es buena idea decirle que Virgo es su madrastra?

El pensamiento de Igneel interrumpió mi observación y por un segundo no entendí sobre lo que hablaba pero después de entender sobre qué estaba hablando, casi me atraganté con la saliva ante la inentendible mirada de Natsu y Happy.

Si, eso mismo pensaba yo — seguía con sus divagaciones Igneel.

Lo hice callar de forma algo brusca, porque ¿Solo yo me tomaba aquella conversación con seriedad? Mientras tanto me fijé que Natsu empezó a hablar, sin percatarse de que Igneel me hablaba mentalmente.

—... y entonces te encontramos luchando con el dragón. ¿Por qué te fuiste tan lejos? Estamos en el límite del reino Fiore.

Igneel, ayuda - pedí mentalmente.

Aha, ahora si necesitas que te hable.

Porque me distraiste.

Y mientras Igneel me relataba el cuento del viaje de Natsu yo respondía.

—Porque necesitaba estar sola. Hacerme fuerte y comprender mi magia. Tener mi propio viaje...

—Lucy—me interrumpió el dragonslayer y esperó a que lo mirara a los ojos. De repente hacia demasiado calor y yo me sentía derretir ante la mirada de culpa de Natsu. Por una parte sádica mía, me gustaba cómo él sufría. Era como vengarme por cómo de mal me sentí yo cuando él se marchó.

Pero por otra parte no me gustaba que él se sintiera culpable por cómo me encontraba yo. Sabía perfectamente las malas pintas que tenía. No había nada en mí del avance que conseguí hacer en Sabertoot.

—Hey Happy, ¿por qué no vamos a ver cómo están las chicas Isan y Miranda? Seguramente necesitaran de ayuda—Igneel se puso de pie, el traidor, con claras intenciones de dejarnos solos.

¡Ni se te ocurra!- grité todo lo fuerte que se puede gritar en la cabeza. Pero los esfuerzos lo merecieron porque Igneel hizo mala cara.

Happy parecía que también lo entendía, pero se veía indeciso si quedarse y enterarse de todo, o ir con Igneel y solo poder imaginarse lo que podría pasar.

Al final no tuvo alternativa, porque el dragón lo agarró y salió de casa dejándola ésta en completo silencio.

Ahora me sentía incluso aún más incómoda si era posible, pues Natsu seguía taladrando me con los ojos mientras yo me esforzaba en hacer cara de "no me doy cuenta de nada", sin apartar los ojos del fuego. O tentaba pensar en lo que habíamos avanzado con Igneel en el elemento fuego, lo que no era mucho ni poco. Eso me hizo pensar en mis entrenamientos con Sting y preguntarme cómo estaría él.

Lo que también me llevó a que hace mucho que no los llamaba. ¿Y si Sting ya...

No -negué mentalmente la cabeza - él está vivo. Tiene que estarlo...

No me di cuenta que me distraje tanto hasta que el ruido de papel me distrajo, antes de que un papel apareciera delante mío en la mesita. Era una carta. MI carta que escribí en casa de Natsu.

—Ahora explícame ésto.

No, no hacía calor. Me estaba abrasando literalmente. El calor que sentía solo se compararía a fuego. ¿Por qué Natsu se fijó en ese cacho de papel? ¿Por qué ahora solo le importa eso? ¡Solo son palabras escritas!

Ni tú te lo crees.

Y no, no fue Igneel quien lo dijo sino mi consciencia, que es otro dolor de trasero.

Suspiré y apoyé la cabeza en la espalda del sofá mirando el techo:

—¿Qué quieres que te diga Natsu? Si, me despedía seriamente. Si, iba tras los seguidores de Acnologia, ellos mataron a Yukio—alcé los hombros y armándome de calor lo miré directamente—Y si, te quería.



No Te Rindas [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora