Podría quedarme a contemplar con admiración el maravilloso cuerpo de este hombre durante toda una vida.
Tengo que despertarlo, utilizar la Tablet que me traje con una seguridad excepcional y revisar cuál será nuestro destino. Para ello, solicitar un pasaje una vez alcanzada la deducción primera.
Pero no puedo dejarlo. Me siento estupefacta, maravillada, en un estupor del que me cuesta salir al tener la imponente figura de Nick Jefferson durmiendo frente a mí. Se lo ve...tranquilo.
Pienso en cómo ha de haber estado todo este tiempo, en la infinidad de veces que ha roto mi corazón y no consigo quitarme de la cabeza lo bien que me hizo sentir hace solo unos momentos.
Renunció a un aspecto suyo muy singular en su sexualidad con tal de asegurarse que yo estaba bien, haciéndome disfrutar, dejándome sumida en la dulzura de un momento ideal.
¿Por qué me haces esto ahora? ¿No te resulta suficiente tortura? Para peor de males, ahí está, con sus secretos, sus mentiras, sus juegos, su vida enigmática bajo tres enormes candados que se esfuerzan por cubrir quien verdaderamente es. Y no puedo juzgarlo. Es lo que él ha podido hacer para sostenerse en la vida y no seré yo quien pueda cambiarlo.
Aunque la gravedad verdadera del asunto radica en que no puedo volver a caer. No con él. No por él.
Es tan hermoso que duele, de esa clase de belleza que incomoda.
Su cabello dorado con motas de sudor brillando a la luz tenue de la lámpara, sus rosados labios llenos entreabiertos, su respiración profunda que hace subir y bajar su musculado pecho, las venas marcadas en sus brazos, su culo maravilloso tan firme y seductor, su pene que descansa luego de haber entrado en acción, sorprendiéndome al notar que sigue firme ¡aun durmiendo!
Carajo, carajo, carajo.
No puedo estar haciendo esto.
Es una puta fantasía. Todo. Debo ponerme a trabajar.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Hay un escritorio a orillas de la habitación en el que me ubico tras darle un lugar a la tablet y el pen drive con la información que he robado de la computadora de mi amigo El Pederasta. En verdad, todo fue sólo una maniobra de descargar el mismo programa que el año pasado le instalé en la computadora a Nick y violar los sistemas de seguridad.
Una vez dentro, noto que el tipo ha intentado destruir su computadora ya que el IP está clausurado, no obstante, el proxy me ha subido a la nube toda su cyberdata.
Aunque intentes destruir el hardware, tus movimientos en la web quedan en una nube grabada a código binario que es fácil traducir con el malware adecuado. En verdad, no es algo tan difícil, hasta hay apps de bajo presupuesto que te permiten joder la computadora de cualquier inútil.