086 | #ROUND 1 (Parte II)

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NATALIE

Antes de abrir los ojos, puedo oler el fuego.

Estoy acurrucada contra un árbol, mis manos están terrosas y mis pies descalzos. Me encuentro vistiendo un vestido harapiento y mi pelo es una especie de paja enmarañada, atada con una coleta de cuero o algo parecido.

Lo primero que observo cuando me pongo de pie y comienzo a andar entre los árboles, es un templo. Parece de una vieja dinastía china. De fondo de oyen quenas y un estilo musical antiguo que reconozco de inmediato. Estoy en uno de mis juegos favoritos de la infancia. Age of empires.

Avanzo y me encuentro con otros aldeanos como yo. Las mujeres ingresan en las casas y los hombres salen desasperadamente a buscar recursos.

Otros guerreros se encuentran preparando sus ejércitos en la puerta de cuarteles, arquerías y fábricas donde salen catapultas y lanza misiles.

—Dis...disculpa—le digo a una aldeana, intentando detenerla. Pero ella me evade y sigue corriendo hasta los huertos, donde recoge frutos con agilidad.

Luego pasa otra, muy parecida a la primera y me entrega un canasto.

—¿Disculpa?—le digo.

Y ella, sin mediar palabra, corre hasta los huertos. En las batallas, la gente ha acumulado recursos, pero si el enemigo llega con ventaja, puede que no sean suficientes. La tarea de los aldeeanos es precisamente esa.

—Carajo—murmuro y salgo a andar a toda prisa.

No pienso quedarme a recoger frutos, yo quiero salir a pelear.

En esta Edad, las mujeres no pelean.

Así que opto por meterme en una arquería. Siempre quise saber cómo era una de éstas, lo cual me carga de entusiasmo. La gente corre de un lado a otro, fuera se oyen gritos y olor a pólvora.

Pasan algunos arqueros listos para salir, por lo que opto de esconderme tras una enorme columna. Hay antorchas con fuego en las paredes. La gente sigue andando a toda prisa y mi corazón se acelera. Esto es apasionante, me fascina. Pero estoy en medio de una guerra, sobrevivir a esto sin armas ni un escudo será sumamente difícil.

Ingreso por uno de los pasillos de la arquería y me filtro gracias a las gruesas columnas que sostienen el edificio. Desde arriba, uno cuando juega y ordena a cada uno qué hacer es una especie de dios todopoderoso. Aquí, una es solo un peón más. Me pregunto quién estará controlando el juego ahora. Lo cierto es que yo puedo dar las órdenes a mi propio mando, lo cual me deja un poco más tranquila.

Tras un cerezo, alcanzo a visualizar un cuarto donde hay algunos que retiran arcos y salen a sumarse al ejército. Me muevo cuando todos han despejado el área y me meto, cerrando la portezuela corrediza. Hasta dar con lo justo que estaba necesitando.

El armamento es firme y se ve muy pesado. Pero tiene un arco, capucha y la seguridad se ve un poco avanzada para la época. No creía que eran tan cautos ya en esta Edad.

Escucho pasos fuera y me apresuro a trabar la puerta. Alguien grita, pero me coloco rápidamente el armamento. Me queda un poco grande, pero no importa. Las otras personas se siguen amontonando y finalmente rompen la portezuela corrediza.

—Lo siento, quedó cerrada.

Ellos actúan automáticamente, ingresan, buscan sus cosas y salen. Alguien está al mando, alguien que no soy yo ni son ellos mismos.

Tomo mi arco y ya, disfrazada de un arquero más, me filtro entre ellos quienes salen listos para dar pelea.

Nunca supe manipular un arco, pero creo que esta puede ser la o'portunidad.

Me formo con ellos y capto que no salen por la entrada principal, sino que se dirigen al establo.

Oh...cielos...

En fila se van subiendo a sus caballos y salen montados con los arcos en sus espaldas.

Cuando me toca hacer lo mismo, me cuesta subir, jamás monté a caballo y la armadura es muy pesada.

Alguien actúa de manera también automática y colabora para que suba dándome un empujón lo cual me hace estar arriba de modo virtual.

El envión casi me tira al suelo en cuanto el caballo sale. No es necesario domarlo sino que actúa por si solo al unísono de los demás.

Soy una arquera de la Edad de Hierro a punto de dar pelea.

El polvo y la guerra impregnan todo a mi alrededor una vez que ya estoy fuera, entre medio del ejército de arqueros.

Este jodido juego de realidad virtual debería haber llegado a mí mucho tiempo antes.

Ya estamos listos.

Nos reunimos con un ejército de elefantes guerreros, entes del cuartel, sacerdotes custodiados y catapultas al frente, avanzando. Los arqueros somos los segundos en tomar ventaja ya que podemos atacar desde lejos.

Al frente yace el campo de batalla.

La gente pelea.

Todos.

Menos uno.

Una maraña de cabello rojizo yace clava al suelo. Viste una túnica negra sin capucha. Me está observando fijamente.

—¡APUNTEN!—grita alguien.

Todos inmediatamente levantan sus flechas con los arcos en posición.

—¡LISTOS!—sé lo que sigue.

—¡¡¡FUEGO!!!

Las lanzas salen el resto de los caballos con sus guerreros se abren paso para atacar.

Todos pasan alrededor de ella. Nadie la toca. Su figura se recorta entre la montaña de polvo que se alza y el humo.

Yo también he quedado clavada al suelo mientras el resto de la guerra sucede a nuestro alrededor.

Es imposible.

Magda está...muerta.

O su cuerpo lo está.

¡MIERDA!

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#LasMentirasDelJefe

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