NICK
Malcolm era una persona de confianza para mi criterio.
Puede que haya sido forzado a hacer todo lo que hizo con tal de proteger a sus hijos, pero esta noche, nada de eso tiene importancia luego de descubrir que fueron tantos meses en que supo de mi desesperación y nunca dijo absolutamente nada.
Lo cual implica, además, que podría haberme asesinado con tal de proteger a sus chicos. No justifico que debiera haberlos puesto en riesgo, pero ese tipo de condiciones marcan un antes y un después.
De regreso, llamo a otra persona de mi equipo de seguridad para pedir un auto que nos retire. Aguardará por nosotros en diez minutos a orillas de la carretera.
—Debo retirar mis cosas por la casa—anuncia Nat de camino. Permanece a unos metros de mí, no es como pensaba que sucedería en caso de encontrarla en que correría a mis brazos y no nos apartaríamos bajo concepto alguno.
—Es peligroso—anuncio—, desconocemos si hay algo preparado que pueda sorprendernos. Ha sido un tiempo de ventaja que le hemos dejado a nuestro amigo El Hacker.
—Puedes decirle Samurái...
Sus palabras me sorprenden gratamente.
—¿Lo...descubriste?—pregunto con suma preocupación.
—No aún, pero sí a ti.
Sus palabras me dejan clavado a la tierra, pero ella avanza.
—¿A qué te refieres con eso?—pregunto de donde estoy. No puede arrojar una bomba y seguir caminando como si nada.
Pero aún así lo hace.
—No hay tiempo de quedarnos a debatir quién suma puntos para ganarse mi odio, entre El Virus y tú, están palmo a palmo.
Ella sigue andando y grita un poco más fuerte, obligándome a andar:
—¡Ven! ¿No te das cuenta de que le estamos dando aún mayor ventaja?
Una vez de pie en la puerta de la casa, Nat marca que será quien entre y yo tendré que esperarla afuera en caso de que algún imprevisto surja.
—Olvídalo—le marco—, yo entro. Tú dime qué debo buscar y te mantienes a salvo aquí.
—En mi territorio no me parece que puedas hacer tu rol de macho alfa. He vivido seis meses aquí y si hubiera un sótano y algo que permitiese a un idiota aparecer de la nada, ya lo hubiera sabido.
—¿Y si vino desde otro lado y no lo vimos?
—Pasaste de ser un tipo al que no le importa nada ni nadie a ser un absoluto paranoico. ¿Qué han hecho contigo, Nick?
—Siempre fui así, prefiero ignorar a la gente porque desconfío de ella. Y los ejemplos en este momento quedan en evidencia.
Nat extiende su mano con algo en ella. Le recibo y noto que yace un diminuto pendrive.
—Por si algo sucede, conserva esto. Sólo no te fugues o te encontraré y no dejaré que me olvides, esta vez con algún recordatorio que valiera la pena.
Su comentario-amenaza me arranca una risita divertida que me resulta extraña en mi propia persona.
Extrañaba de ella, de su forma de ser tan calculadora y de que todo el mundo implique un núcleo potencialmente peligroso.
Punto en el que se parece a mí.
La diferencia es que Nat calcula las cosas antes de hacerlas, yo soy alguien mucho más impulsivo e irracional.
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