070 | #SALIDA

13.9K 1.2K 81
                                        

SOPHIA


Esta noche soy poeta y estoy maldito.

Déjame amarte y hacerte pedazos,

No voy a cambiar mi manera de ser.

No me lo ruegues.


Tu cuerpo es poesía,

La musa de mis sueños.

El problema es que

Me gusta devorar todo lo que amo.

Me gusta ser devorado.


Rómpeme.

Átame.

Aplástame.

Pero no dejes de hacerme

pedazos.

—Quizá ella está bien. / Quizá yo esté equivocado. / Quizás esté bien aprender / A vivir sin miedo a la bestia.

Serge me atrapa en su habitación, recostada en su cama con la camisa que llevaba puesta anoche cuando salimos al bar. Tenía anotaciones junto a su cama, palabras sueltas, casi inconexas, pero con un extraño atractivo. Tenebroso. Masoquista.

Cuando él entra, trae consigo una bandeja con dos tazas de café humeante, una flor en un vaso, agua, jugo, croissants, mantequilla y tostadas.

—¿Tú escribes esto?—le pregunto lo obvio mientras él acomoda las cosas a los pies de la cama y se sienta en ésta frente a mí.

Vive en un piso de los barrios de clase media de Yorkshire. El interior parece sin terminar, con una estética hogareña color ladrillo, amplio monoambiente con una división en el baño y un desayunador que divide la cocina.

Los croissants huelen deliciosos y al ver el gesto de la flor amarilla adornando la bandeja, lo miro a los ojos y le dedico una sonrisa cargada de calidez. Ken jamás hubiese tenido ese gesto, pero tenía otros un tanto más duros. A veces, es necesario que el sexo vaya acompañado de un abrazo mientras duermes.

—Es mi letra—corrobora, depositando un suave beso sobre mis labios.

—Lo sé, pero podría ser la letra de alguna canción.

—Googléalo.

—No es necesario. Te creo.

Él comienza a untar mantequilla sobre una de las tostadas mientras sigo hojeando sus notas.

—Hey, ¿dónde está esa que acabas de recitar?—le pregunto.

—Está en mi mente y en mi pecho—me dedica una risita de suficiencia—. Acabo de pensarlo mientras te preparaba el desayuno.

—¿Lo dices en serio?

Yo necesitaría todo un fin de semana martirizándome la cabeza como para componer algo. De adolescente intentaba crear canciones, pero luego las releía y me daba cuenta de que intentaba embellecer la caligrafía como si eso fuese a corregir la podredumbre de texto que creaba y terminaba desechando con suma vergüenza y pudor.

—¿Y qué es "la bestia"?—le pregunto.

Quizás esté bien aprender a vivir sin miedo a la bestia. Recuerdo sus palabras y me quedan resonando intentando hacer par con las que anteriormente había estado revisando.

—¿Por qué si un chico hurga en las cosas de una chica es una enorme falta de respeto, pero si una chica lo hace con las cosas de un chico, él está obligado a tener que dar declaraciones?

+18 Las Mentiras del JefeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora