...Cuando crucé por la abertura había literalmente nada. No había sonido; no había luz aunque podía verme con claridad a mí mismo; no sentía siquiera el aire en contacto con mi piel; no hacía frío pero tampoco calor. Solo había un vasto vacío negro que se extendía infinitamente.
Mi sentido del equilibrio estaba fallando. Sentí náuseas. No palpaba el suelo bajo mis pies pero intenté dar un paso, y lo logré.
Podía moverme como siempre lo había hecho, pero mis sentidos estaban alterados.
Empecé a ver imágenes. Imágenes de gente que no conocía. Como si estuviera caminando por una calle peatonal.
Algunas personas caminaban solas, otras en pareja y otras en grupo.
A veces se desarmaba un conjunto y sus integrantes se movían a otro o empezaban a andar solos.
Entendí que cada uno era individual, haciendo su vida e ignorando completamente la mía, al igual que yo hacía con ellos.
Estaba observando esas cosas cuando una persona chocó contra mí y siguió caminando. Para cuando me di la vuelta ya no había nadie a mi alrededor, tampoco a quién había estorbado. Solo había una persona además de mí.
Volví a sentir náuseas, o tal vez sea mejor decir que simplemente aumentaron. Esa persona parada frente a mí me miraba a los ojos, y yo a él. Era yo.
Es difícil hablar de mí mismo en plural, pero así fue. Nos quedamos quietos, mirándonos mutuamente. Ninguno dijo una palabra.
Se escuchó un estallido y un grito de dolor. Cayó al suelo, la sangre corría por su brazo. Corrí a socorrerle.
Se escuchó otra explosión y esta vez sufrió su pierna. Se quejaba de dolor.
Rápidamente lo subí a mi espalda y comencé a correr, pero otro estallido generó un golpe en mi espalda. Le seguían dando.
Pensé que no podría hacer mucho pero algo se me ocurrió. Volteé y corrí de espaldas. Se escuchó otro más, pero esta vez golpeó en mí. Dolía, costaba mantenerme en pie, me había dado en una pierna pero, rengueando, seguí.
Se escucharon más estallidos y fui sufriendo más heridas. Seguí hasta que no pude más. En el último intento de salvarlo caí sobre el para cubrirlo.
El último disparo que escuché impactó entre mis ojos.
Pensé en una única persona, no en mí, no en quien estaba defendiendo. Pensé en una persona que me acompañó siempre.
Me pregunté si alguna vez no pudiera verla nunca más la extrañaría. Llegué a la conclusión de que sería más probable que ella me extrañe a mí. Me sentí culpable.
Estaba en un espacio oscuro. Mis sentidos estaban alterados pero podía moverme lentamente, como si estuviera sumergido en agua.
Frente a mí vi dos siluetas, una de ellas me sorprendió, ya la conocía, era la "sombra" del laberinto. A la otra la reconocí aunque nunca la había visto. Era un hombre viejo, sostenía finas cuerdas con una mano y una muñeca colgaba de su cinturón. No, dilculpen, era una marioneta.
Me dieron la bienvenida.
De este sueño aún no desperté, y no creo hacerlo. Al menos tengo compañía de estos dos excéntricos personajes.
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Contar sueños... Soñar historias...
General FictionEsto lo escribí rápidamente durante un viaje para pasar el tiempo muerto que tenía. Usé una temática que no me pusiera límites para poder escribir con soltura. Pero aunque fue algo sin importancia alguna, le terminé tomando cariño a esta historia. E...
