...Extrañamente, antes de cruzar por esta puerta algo me decía que no me convenía entrar, pero igual lo hice.
Apenas la atravesé me encontré con una escena desagradable. Ya había visto estas cosas en libros de historia y películas. Pero en persona era repugnante. El olor a podredumbre y los gritos de la gente llenaban el ambiente.
Yo estaba en medio de la multitud, en frente de la turba había una tarima, y sobre ella se podían ver cuatro figuras:
Una víctima recostada con la cabeza tapada con una bolsa apoyada sobre un tronco; un hombre de enorme tamaño con una máscara negra esperaba la orden; un sacerdote hablaba agachado con la persona recostada, probablemente aceptando sus confesiones para así permitirle ascender al cielo cristiano; y la cuarta figura era la mayor de todas, una hoja enorme de acero con forma de cruz era sujetada por una cuerda a la cual el hombre de la máscara estaba listo para cortar. Era una ejecución pública.
Agudicé el oído, lo que me permitió distinguir a las personas por lo que gritaban. Estaban las que lloraban pidiendo clemencia, probablemente se tratara de los familiares del futuro difunto, mis condolencias para ellos; estaban las que abucheaban, éstas hacían acto de presencia en repudio del criminal; y los peores que tienen todo mi rencor, los que habían ido por mera diversión, algunos hasta habían llevado a sus familias como si se tratara de un teatro... Éstos reían.
En eso, el sacerdote se levantó, guió su rostro hacia el público e hizo el anuncio.
-Quien se oponga a este castigo, que hable ahora o calle para siempre-
Obviamente había oposición, pero no podían decir nada, serían ejecutados ellos también.
Viendo que nadie emitía palabra, continuó dando la orden. Ahí fue cuando empecé a abrirme paso empujando gente. Oía sus insultos y maldiciones pero no les di importancia, solo seguí avanzando.
¿Sabía que esa persona era inocente? Creo que en realidad era al contrario, pero lo que si sabía era que no quería que muriera.
Estaba a más de mitad de camino cuando el verdugo cortó la cuerda, grité, no podía hacer nada ya, la cabeza envuelta salió rodando y la sangre manchó la túnica del sacerdote a la altura de los pies, lo cual no pareció importarle.
No lloré pero sentí un profundo pesar, era impotente incluso en un mundo que debía ser mío. Agaché la cabeza y apreté los párpados, para cuando los abrí ya se había retirado toda la audiencia y un hombre sobre la tarima limpiaba los restos.
Miré hacia atrás y vi a otro hombre, este me resultaba familiar, de corbata rosada y mirándome como invitándome a cruzar la puerta que él mantenía abierta.
Aún cabizbajo acepté la invitación al mundo de la vigilia.
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Contar sueños... Soñar historias...
Ficção GeralEsto lo escribí rápidamente durante un viaje para pasar el tiempo muerto que tenía. Usé una temática que no me pusiera límites para poder escribir con soltura. Pero aunque fue algo sin importancia alguna, le terminé tomando cariño a esta historia. E...
