Amboise; un pueblo de Francia. Muy turístico por uno de los castillos de Francisco I.
Me encuentro aquí para visitar a mis abuelos y nada más llegar me ha informado que tenemos una cena con sus amigos, sus vecinos. Me he instalado en una de las habitaciones del piso de arriba. La casa es grande y antigua. Contiene muchas partes de madera, como la escalera y los muebles. En la parte de arriba todo el suelo esta enmoquetado menos el baño. Habías tres habitaciones y una pequeña alcoba con una gran estanteria llena de libros.
Entre en la primera habitación y deje la maleta tumbada en el suelo. No me voy a cambiar, a pesar de que he hecho un viaje muy largo en avión y en tren. No tengo muchas ganas. Además de que me ha venido la regla y el dolor que tengo es insoportable. Total, según mi abuela, 'no es una cena importante'.
Después de haber acomodado mis cosas en el armario, bajo a la sala de estar. Lo primero que hago nada más entrar es ir a la estanteria donde se encuentran una serie de numerosos libros.
-Tengo uno repetido que te lo podrías llevar. -Entra mi abuela inesperadamente, cosa que me hace botar en un salto.
-Genial. -Murmuro.
Se marcha al salón grande y después de unos minutos llega con un libro de la escritora sueca, Camilla Läckberg.
- . -Leo. -¿Pero esta no es la segunda parte de otro libro?
-Si, bueno. Pero los sucesos no siguen, sólo la historia de los protagonistas. -Me giro y compruebo que tiene el primero y los dos restantes. Cojo el primer libro.
-Sabes que me gusta empezar desde el principio. -Me sente en el pequeño sofá de la sala.
-Oh, bueno cariño, leelo como quieras. -Sonrío.
Ella se sienta en su silla de siempre y empieza hacer solitarios.
-¿A qué hora es la cena? -Pregunto.
-A las siete y media hay que estar allí. -Asiento. Miro el reloj de mi muñeca y veo que son las seis.
-¿Puedo salir a dar una vuelta mientras tanto? -Me levanto del sofá.
-Por supuesto, aunque la casa es en esta misma calle, si ves que a las siete y media no has llegado, ve tu misma hacia allí. Hay una especie de carpa justo en frente de la casa, allí será la cena.
-De acuerdo. -Murmuro saliendo de la sala.
Me calzo y subo las escaleras hacia mi habitación, cogiendo mi cámara Nikon y mi mochila pequeña, en la cual meto mi móvil, la cartera, el cargador (solo por si a caso) y el primer libro de Camilla. Vuelvo a bajar las escaleras y salgo de casa bajando por la cuesta que conduce hasta ella. Giro a la derecha y camino hasta encontrar la carpa de la que me ha hablado mi abuela. Seguí caminando hasta llegar a un cierto punto de la carretera, girando a la izquierda, encontrandome el pequeño puente de siempre. Cuando era más pequeña, mi hermano y yo, montabamos en bicicleta casi todos los días y, para ir a Leclerc, un supermercado, cogiamos este camino.
Enciendo la cámara y empiezo hacer fotos al campo verde que hay justo después del puente. Incluso a un caballo marrón que se encuentra comiendo por la pradera. Me apetece darle algo de comer pero como no he cogido nada, decido ir a Leclerc y comprar unas cuantas zanahorias. Cuando regreso, sigue en el mismo sitio y tal como me mira, parece que me estaba esperando. Le doy un par de zanahorias guardandome el resto para mañana, segura de volverle a ver allí. Le hago una foto mientras come y me enseña todos sus dientes a modo de sonrisa, cosa que me hace sonreír a mí.
-Vaya, eres la primera persona que le cae bien siendo una desconocida. -Me sobresalto al escuchar la voz. Me giro al instante y me encuentro con un chico rubio de ojos azules que me mira perplejo.
-Lo siento, pensé que estaba sola. -Murmuro, avergonzada.
-Oh no, está bien. -Sonríe después de haberme observado atentamente y cuando lo hace juro que su sonrisa, es una de las mejores que he visto en toda mi vida.
