El viernes fue un día realmente bonito. No solo por el hecho de que había llegado Niall sino que, nos tiramos toda la tarde hablando sobre nuestras vidas. Más tarde, nos fuimos a cenar a una pizzería y al llegar a casa, no muy tarde, nos pusimos a ver maratones de pelis. Hasta que yo me dormí, claro está. Hoy es sábado, y me encuentro a su lado, observándole dormir. Son las doce de la mañana. Llevo despierta tres horas. No podía dormir más y he aprovechado para hacerle el desayuno, el cual está encima del escritorio, recién hecho. Un par de crepes, zumo de naranja, tostadas y colacao. Estoy esperando a que se despierte ya que me da pena despertarle yo. Mi mano se dirige hacia su cara, acariciando su mejilla. Sus pestañas revolotean, pero sus parpados siguen cerrados. Inspira y suspira. Sonríe. Se mueve un poco y pasa sus brazos alrededor de mi cintura, trayéndome hacia él, abrazándome.
-Buenos días. –Su voz ronca inunde en la habitación.
Sus ojos azules penetran en los míos y me ruborizo.
-Buenos días. –Murmuro. –Te he hecho el desayuno.
-¿Así? –Sonríe.
Aparto de mi sus brazos y me levanto a coger la bandeja en la cual contiene la comida. Niall se incorpora y le pongo la bandeja en su regazo. Yo vuelvo a su lado.
-Gracias, pequeña. –Besa mi frente y se pone a comer. – ¿Tu ya has comido? –Asiento.
-Me voy a duchar, ¿vale? –El asiente sin dejar de comer. –Luego podemos salir, si quieres. –Vuelve asentir y yo le asiento de vuelta. Cojo ropa interior, elijo la ropa que me pondré hoy y me meto en mi baño.
Me deshago del pijama, regulo el agua a una temperatura decente y me sumerjo bajo la lluvia de la alcachofa. Me lavo el pelo y el cuerpo y cuando acabo me quedo varios minutos bajo el agua. Disfrutando del calor. Unos golpes tocan a la puerta de mi habitación. Escucho a mi madre pedir permiso para entrar y Niall se lo da.
-¿Y April? –Escucho a mi madre decir. Niall no habla y supongo que es porque no habrá entendido que le ha dicho. –Supongo que no me has entendido. –Dice mi madre. Yo rio. – ¿April?
-Estoy en la ducha. –Digo apagando el grifo.
Mi madre entra justo cuando me estoy enrollando la toalla en mi cuerpo.
-¿Qué pasa? –Pregunto mientras cojo otra toalla más pequeña para mi cabeza.
-Cariño, me han invitado a un balneario este fin de semana. –Sonríe.
-¿Quién? –Me seco el cuerpo y me coloca la ropa interior.
-Mis compañeras de trabajo, voy con ellas. Me voy ahora, ¿vale? Tu hermana pasara el fin de semana en casa de su amiga. Estaréis solos, cuidado con lo que haces, April. –Me apunta con un dedo y yo rio.
-Tomaremos precauciones, tranquila. –Sonrío.
-¡April! ¿Ya lo habéis hecho? –Casi grita.
-¡Mamá! No tengo por qué contarte eso.
-Claro que si, soy tu madre. Tengo derecho. –Yo sonrío.
-OH DIOS MÍO ¿LO HABEIS HECHO? –Grita. Histérica. ¿Por qué coño sonríe? Se supone que es mi madre y que en vez de alegrarse debería preocuparse por mí, para que no me peguen enfermedades ni me quede preñada.
-Mamá, ¿sabías que eres la madre más rara que hay en el mundo mundial? –Digo, dramatizando.
-Que va. –Encoge sus hombros y sonríe.
-Va, mamá, vete ya, ¿vale? Estaremos bien.
-Ya, ya, ya sé que estaréis bien. –Ríe y sale del baño. Me quedo perpleja y me sigo vistiendo.
