CAP 2: Cannon's Thunder

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Nami se despertó con la sensación del barco meciéndose debido a la agitación de las olas, abrió los ojos lentamente y se dio cuenta de las paredes y barrotes que la rodeaban, que supuso que eran del buque de guerra de la Marina. Podía oír el pandeo de la madera con cada choque con el océano, el sonido se mezclaba con el ruido metálico de las pesadas cadenas colgadas de las paredes que mecían con el movimiento de la nave. Estaba sola allí abajo, a excepción de los guardias apostados en su única salida, los hombres estaban alerta ante cualquier idiota que podría pensar en embarcar para rescatar a su única prisionera.

Se incorporó con un gemido debido a la incómoda posición, le dolía todo el cuerpo, tenía las muñecas y los tobillos encadenados a la pared y el suelo. El sonido atrajo la atención de los guardias, pero le echaron un vistazo rápido y voltearon su mirada a la puerta. El hecho de que no parecían demasiado preocupados, le dijo lo suficiente; ella no era vista con una amenaza, se adaptaba a sus propósitos muy bien.

Con su atención en otra parte, sus ojos vagaron por el calabozo, observando cada centímetro del espacio lo mejor que pudo. Vio el manojo de llaves en la cadera de uno de los guardias. Había una caja en la esquina donde vio un brillo azul. Facilmente reconoció como su Climatact apenas asomaba en la parte superior. Por suerte, su log pose y la pulsera de su hermana, aún seguían en su muñeca. Estaba tan enfrascada inspeccionando la cerradura de su celda, así como los tornillos de la puerta con brazos cruzados, que no presto atención a los gritos lejanos que provenían de la cubierta.

Algo estaba sucediendo, pero no sabía qué. Al parecer, aquellos guardias estaban nerviosos, lo que pasaba afuera, no se lo esperaban.

Fue entonces cuando oyó el sonido distante de un cañón de fuego.

El barco se sacudió de repente, meciéndose como si fuese una bala de cañón caída que cayó en el océano cerca de su objetivo pero no lo suficiente como para dañarlo.

Otra explosión, esta vez mucho más fuerte, obviamente, procedente de la nave en la que se encontraba.

Se escucharon más gritos y los guardias prepararon sus armas para dirigirse a la cubierta.

Se escuchó un sonido distante de los cañones de la nave que los atacaba. Un silbido se escuchaba en el aire con fuerza a medida de que cada segundo pasaba, luego una explosión perforo sus odios, y esta vez el disparo alcanzo el barco, a solo unos pocos pies de distancia de la celda donde estaba ella.

A su alrededor volaban trozos de madera y metal, la nave comenzó a balancearse de un lado a otro y el movimiento la envió rodando por el suelo, lucho lo mejor posible para escapar de los disparos. Tan pronto como sintió que los disparos ya no eran tan constantes, sus ojos examinaron la habitación en busca de los daños. Uno de los guardias estaba inconsciente, sangrando a montones por las múltiples heridas. El otro guardia no estaba por ningún lado, pero a juzgar por el orificio de la puerta causada por la otra nave, donde entró la bala de cañón, asumió que no estaba mucho mejor que su compañero.

La puerta de su celda se deformo, los pernos flojos se salieron de la madera del suelo. Al oír gritar a la tripulación pensó rápidamente. Escucho los pasos corriendo mientras seguían disparando otras rondas de cañones a sus atacantes, Nami se acomodó entre los escombros hasta que pudo tomar de su cabello una horquilla. Con una facilidad que venía de muchos años de experiencia, retorció las manos hasta que pudo liberar el bloqueo de los grilletes que estaban alrededor de sus muñecas. En cuestión de segundos tenía sus manos libres para saltar y abrir las cadenas alrededor de sus tobillos, permitiéndola escabullirse por la puerta de su celda y tirar de los pernos rotos hasta que la puerta estuvo lo suficientemente abierta para atravesarla y salir.

Hizo una carrera hasta donde estaba la caja que contenía su arma, que estaban dispersa por el suelo junto a su celda. Sus ojos se perdieron en el guardia restante que ni siquiera había gemido, echo un vistazo más de cerca a su condición. Hizo una pausa a sus movimientos mientras vio entonces, los ojos sin vida mirando hacia el techo. 

Sacudió su simpatía y se empujó a si misma a agarrar su bastón y colocarlo de vuelta a su funda, escucho los gritos y estruendos del fuego del cañón haciendo eco pero se enfocó en su propia supervivencia. Con gracia y velocidad, se subió por las paredes rotas y tablas de bergantín hasta que llego al agujero que la bala había rasgado el babor de la nave, tratando de tener una idea sobre lo que la rodeaba. Lo primero que vio fue el barco pirata atacando, explosiones de pólvora rodeándolo, ya que pareció estar alejándose de ellos. No habían estado atacando, si no que estaban corriendo lejos de los marines, que habían decidido derrotar a todos los piratas del Nuevo Mundo firmemente. 

Observo como el mástil se rompió por la mitad cuando una bala de cañón de la Marina lo arranco de él, Nami dejó vagar su mirada sobre el prácticamente vacío océano hasta que lo vio: Tierra

No era demasiado, al menos para ella, tal vez uno o dos kilómetros. Mientras que los océanos del Grand Line eran excepcionalmente peligrosos en ese momento ella sabía que tendría más posibilidades de nadar que quedarse atascada en una celda de Impel Down.

Justo cuando se disponía a saltar, su atención se desvió de nuevo a la puerta del calabozo y el fuerte sonido metálico al abrirse de golpe. Sus ojos se agrandaron cuando vio a uno de los hombres del Vicealmirante allí de pie observando el daño.

"¡Detente!" Gritó, con el arma preparada para dispararle en cualquier instante, si ella le daba una única razón para hacerlo.

Y lo hizo.

Sin pensarlo dos veces, Nami salto fuera del gran orificio a un lado de la nave, y más tarde se escuchó el sonido de la voladura de la pistola. Pensó entonces que su ejecución había sido perfecta, al menos hasta que sintió un dolor mordaz en su pierna, a la altura del muslo, donde se incrustó aquella bala.

Con un golpe duro, su espalda impacto en el agua, mientras se hundía más en las profundidades del abismo de color azul oscuro. Aturdida, apenas vio otra bala zumbar desapareciendo en el agua, y luego otra, y otra, hasta que finalmente logro encontrar la energía y el impulso para empujarse a sí misma hasta la superficie, saliendo del agua con un gran suspiro.

El grito fue más claro de nuevo, sus ojos fueron a la nave de guerra y su ruta de escape donde vio a más soldados prepararse para disparar contra ella. Si no podían traerla como prisionera, estaría bien con verla flotando muerta en el agua. Su pierna punzaba con dolor, Nami se obligó a si misma a nadar lejos; sería mucho más lento y tedioso de lo que esperaba que fuera, pero tenía que intentar alejarse de la Marina antes de que otra de sus balas la golpeara.

Mientras más se alejaba, más aliviada se sentía. Cuando se hizo evidente que no había posibilidad de sacarla, los Marines, una vez más desviaron su atención al barco pirata que estaba al sur. A continuación, podría poner todo su esfuerzo en su lucha de atravesar las agitadas olas y corrientes ásperas, y hacer su camino a la isla que esperaba que pudiera darle un refugio temporal, tomo un respiro para retomar la compostura y decidir qué hacer ahora.

Ya sobrevivió sin su tripulación una vez, podría hacerlo de nuevo. Ella los encontraría, tenía que hacerlo. No podía enfrentar al mundo sin sus nakamas.

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