No sabia como reaccionar, me había quedado helada e inmóvil. ¿Que se debe hacer cuando te enteras que tu prometido se acaba de casar con otra? Es verdad que estaba dispuesta a romper con ese compromiso y que comenzaba a sospechar que me ponía los cuernos , pero toparme con esa realidad había sido demasiado doloroso. Aunque más que dolerme, su traición me hacía sentir estúpida y humillada.
Seguía ahí parada delante de Matteo y Emilia aun sin poder emitir una sola palabra, cuando comencé a sentir vértigo. Perdí mi balance y si no fuera por Simon que rápido se percato de todo y me tomó entre sus brazos, yo hubiera terminado en el suelo.
—Ambar, ¿Que pasó Bonita? Estas muy pálida y por poco te caes.—Dijo un angustiado Simon.
—No sé creo que se me bajo la presión y me falta un poco el aire. No me siento bien,creo que sera mejor que me vaya.—Conteste débilmente.
—No te vayas Ambar. Ahorita consigo algo para que te sientas mejor.—Respondió Emilia. A lo que yo rápidamente negué.
—Mi amor, si se ve muy mal creo que sera mejor que descanse.—Agrego un nervioso Matteo.
—Si tiene razón tu Esposo—dije haciendo énfasis en esposo y mirando al Italiano con rencor. —Sera mejor que me vaya a descansar. Simon tu quédate con tu hermana no es justo que te pierdas su boda por mi culpa.
—¿Estas loca? Yo no pienso dejarte ir sola. Ya estuve en la ceremonia que era lo más importante y ademas Emilia me sabra comprender. ¿Cierto hermanita?
—Si, totalmente. Ve con ella no pasa nada. Ambar espero que te sientas mejor, fue un gusto conocerte.—Dijo abrazándome. No sabia como responder a ese abrazo. Emilia al igual que yo era víctima de las mentiras de Matteo pero ahora me sentía extraña con ella. Termine correspondiéndole el abrazo pero no tan efusivamente como lo había hecho ella. Al soltarnos le di una sonrisa débil y me di la vuelta para irme sin volver a toparme con la mirada de Matteo.
Saliendo del salon no pude más y me quebré. Comenzando a llorar a llanto abierto. Un muy consternado Simon me tomó por el rostro para preguntarme que ocurría.
—¿Mi amor que te pasa?
Por un instante creí haber escuchado mal pero lo volvió a repetir y fue allí que comencé a sollozar más fuerte. Me había dicho mi amor.
—Bonita dime la verdad, yo no me trago eso de que se te bajó la presión. Tu llanto va más allá de una molestia física. Mírate estas igual o peor que la noche en la que te encontré en la playa.— Simon había aprendido a leerme muy bien. Sabia que mi cambio de humor no era por algo de salud y que algo no andaba bien. Yo solo me abrase a el poniendo mi cabeza en su pecho.
—Por favor llévame al hotel y ahí te explicare todo.—Le pedi entre sollozos.
Ya estando en mi habitación, Simon me dio espacio para que me calmara y me pusiera más cómoda. Me lave la cara de payaso triste que tenia después de arruinar mi maquillaje con mis lagrimas. Me quite el vestido cambiándolo por una pijama y tome una bocanada de aire antes de salir a contarle todo a Simon. No sería fácil decirle la verdad pero no podia ocultarle esto que de alguna forma también lo involucra a el. Cuando salí del baño rápidamente caminó hacia mi.
—¿Te sientes mejor mi amor?—Preguntó dulcemente. Yo llevé una de mis manos a su rostro para acariciarlo brevemente.
—Si, igual no te puedo prometer que no voy a llorar más porque lo que te voy a decir es muy fuerte.—Le respondí sentándome en el bordo de la cama. Simon luciendo preocupado se sentó a mi lado y tomándome de las manos me pidió que le contara que es lo que me pasaba.
—Vi a mi prometido.—Simon me miró sorprendido.
—¿Como? ¿Donde? No me digas que lo viste en la fiesta.—Yo asentí y mis ojos volvieron a llenarse de lagrimas.—Pero si yo conozco a todos los invitados. ¿Quien es?—Respire hondo para responderle.
—Matteo Balsano, el esposo de tu hermana. El es el prometido de el que tanto te he hablado.—Solté.
Simon abrió sus ojos incrédulo, soltó un risa falsa, se levanto de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro alborotándose el cabello frustrado. Cerro los ojos cubriéndose el rostro con sus manos. No decía nada pero la rabia que se le estaba acumulando era evidente.
—Lo voy a mater.— Habló finalmente dirigiéndose a la puerta. Yo rápidamente corrí hacia el para detenerlo.
—No Simon! No vale la pena. No le arruines este día a tu hermana.
—¿Que no le arruine el día dices? Si se acaba de arruinar la vida entera carajo! Se casó y va a tener un hijo con un mentiroso. Te engaño a ti. Tuvo el valor de traerte a el lugar donde se iba a casar con otra y no solo eso, el muy cabrón tuvo el descaro de hospedarte en mi hotel. Te lastimó y va romperle el corazón a mi hermana. Es un hijo de puta que se metió con dos mujeres que amo y se va arrepentir de todo. Le voy a romper la cara y no me importa nada Ambar!—Dijo furioso.
—¿Ni siquiera yo te importo Simon?—Le pregunte llorando.—Mi amor no hagas nada, no ahora, por favor. Te necesito.—Dije abrazándolo.—Te pido que no me sueltes Simon. Quédate conmigo.—Suplique sollozando. Simon me apretó fuerte contra su pecho y beso mi cabeza.
—Nunca te soltare Bonita. Perdona mi arranque, pero es que me llené de furia al saber lo que hizo ese idiota. Ustedes no merecen lo que les a hecho, nadie merece que lo engañen y lo traten así.— Me alejó de su pecho para verme, limpio mis lagrimas con sus manos y me dio una sonrisa triste.
—¿Recuerdas lo que te dije esa noche que te conocí? Te dije que tus hermosos ojos azules no merecían estar invadidos por lagrimas de tristeza. Se que es difícil ante esta situación porque hasta yo quiero llorar, pero lo que queda de hoy no quiero que llores más. Ven vamos a la cama necesitas descansar.
No hizo falta estar en esa cama desnudos y llenos de placer para demostrar que nos amábamos. Estar abrazados sintiendo el calor de cada uno era suficiente para expresar lo que sentíamos. Lo amaba. Era lo único bueno que había surgido de todo esto. Y sin el yo ahorita estaría al borde de la locura ante semejante cruda realidad. No sé en que momento me quede dormida pero caí en un profundo sueño que horas después fue interrumpido por el ruido de una puerta.
Abrí mis ojos lentamente y vi que aun estaba abrazada a Simon. Si el seguía aquí ¿quien abrió la puerta?
Solo una persona tenia la otra llave de la habitación y no podia creer que tuviera el valor de usarla para entrar nuevamente en ella. Lleve mi vista a la puerta y en efecto ahí estaba Matteo parado con los brazos cruzados y una sonrisa burlona.
Había contemplado que Matteo fuera un buen hombre que se equivoco y no supo llevar la situación. Pero pues un buen hombre no engaña a 2 mujeres de esa forma. Así que sera un buen hijo de puta. En unas horas subo el capitulo del enfrentamiento.
