Si me vas a mentir...

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No he podido pegar ojo en toda la noche. Me hice la dormida cuando él llegó, pero no me acosté en mi cama, sino con Anahí.

Ian no me despertó para ir a la cama y lo agradecí. Ahora estoy mirando a la nada apoyada en la barra de la cocina. Él se está preparando para irse a trabajar y yo estoy... Sigo en shock.

Ni siquiera sé cómo sentirme a parte de traicionada. Dolida. Estaba dolida. ¿Por qué está conmigo si no me quiere?

¿Desde cuándo está con esa chica?

— Me voy, llego tarde —besa la mejilla de Anahí y se acerca a mí para hacer lo mismo.

Sus labios calientes dan en la mejilla y de su boca salen un te quiero, ahora falso para mí.

— Duerme un poco —me dice—. Deja a la niña con tu madre.

Sale y Anahí me mira pero no dice nada.

Me clavo las uñas en las palmas de mis manos y cierro los ojos con fuerza.

Salgo de la cocina y me apresuro a ir a la habitación de Anahí. Le saco un conjunto para ponérselo ahora y cojo una maleta. La abro encima de la cama y después abro su armario. No me preocupo en cómo estoy echando la ropa o si me cabe más o menos en la maleta, solo quiero irme.

Quiero salir de ahí.

Cierro la maleta cuando echo lo necesario y ahora voy a mi habitación. La cama sigue sin hacer y no me preocupa. Cojo otra maleta y hago lo mismo con mi ropa y todos los productos que utilizo.

Ayudo a vestirse a Anahí y le ordeno que coja sus juguetes favoritos porque vamos a pasar unos días en casa de la abuela.

— ¿Y papá? —Pregunta.

— Vendrá después —miento.

Ahora no quiero llorar. Ahora sólo quiero gritar de la rabia porque siendo el dolor expandirse por todo mi pecho cada vez que recuerdo la escena. Quiero arrancarme el corazón del pecho para que deje de doler tanto.

Antes de tener a Anahí, mi madre me dijo que tenía que ser fuerte siempre por mi y por mi hija, que ahora ella iba a ser una parte de mí.

Y por eso, nos vamos a la playa a pesar de que solo quiero estar tumbada en la cama. Por eso me pongo a jugar en la arena con ella y nos ponemos en la orilla para que las olas choquen contra nosotras.

Porque ella no tiene la culpa de que su padre sea imbécil. No tiene la culpa de que me haya roto el corazón.

Abro la habitación de un motel y Anahí entra con su pequeña mochila colgada en la espalda.

Escucho los pitidos a través del teléfono hasta que la voz de mi madre suena al otro lado.

— Hola —saluda.

— Hola mamá, solo quiero decirte que estoy bien, ¿vale? Y Anahí también.

— ¿Qué ocurre?

— Te lo cuento pronto, solo tienes que saber que estamos bien y que iré pronto para allá.

Cuelgo sabiendo que mi llamada la ha dejado preocupada y apago el teléfono.

— Vamos a darnos un baño, princesa.

— ¿Por qué vamos a dormir aquí?

— Porque he pensado que sería divertido. Nunca me he quedado en un motel.

— ¿Divertido?

— Traigo el ordenador con un montón de películas de dibujos. También traigo palomitas.

— ¿Una fiesta de pijamas?

— Eso es —abro el grifo de la bañera—. ¿No es divertido?

— ¡Sí!

Me ducho con ella esa noche y no tardamos en estar en la cama viendo Frozen.

Me siento identificada con Anna. Ella era como yo. Una chica emocionada con la idea del amor verdadero. Siempre he pensado que amar a una persona es lo más bonito que puedes hacer. Y yo puse todo mi corazón en amar a Ian.

Él me robó el corazón desde el primer momento en el que apareció en mi campo de visión en una discoteca para decirme que mi vestido era muy bonito.

Se lo llevo todo. Mi primer beso, mi virginidad y mi corazón.

Despierto a la mañana siguiente porque Anahí se dedica a tocarme con su dedito las pestañas y veo que es hora de irnos.

Lo primero que hago es encender el móvil para ver que tengo 60 llamadas pérdidas de Ian, 20 mensajes de voz y 10 llamadas de mi madre.

También tengo 100 mensajes de Ian en mi WhatsApp que no leo.

Vuelvo a apagar el teléfono y dejamos el motel antes de la hora prevista porque vamos a desayunar.

— ¿Puedo invitar a mi novio a mi cumpleaños? —Me pregunta Anahí.

Casi me atraganto con el café. — ¿Qué? ¿Tienes novio?

— Sí. Se llama Diego.

— No puedes tener novio —me río.

— Si tengo. Se llama Diego.

— Me parece muy bien, pero eres muy pequeña —observo las dos moños que le he hecho.

Anahí se encoge de hombros y me cuenta que solo juegan juntos, aunque mi vente se evade y pienso en Ian. No puedo dejar de pensar en él, en todo.

Cuando aparezco en casa de mi madre, ella nos abraza con fuerza para decirme que estaba muy preocupada por mí.

— Voy a meter el coche en el garaje.

— Vale. Iré metiendo las maletas dentro.

Ella no pregunta —por ahora— y mete las maletas mientras Anahí va a saludar a Frida, la amiga gatuna de mi madre.

Subimos las maletas a la que era mi habitación y bajamos a la cocina para no hablar delante de Anahí.

— ¿Qué ha pasado? Ian ha estado aquí después de llamarme veinte veces porque no estábais en casa.

— ¿Qué le dijiste?

— Que no sabía dónde estabas, pero que estabas bien. No se lo creyó, así que vino a casa a comprobar que no estábais.

Junto mis labios en una fina línea y observo mis uñas sin pintar.

— Ian... —paso la lengua por mis labios porque no soy capaz de decirlo en voz alta—. Está con otra chica, mamá —mi voz se quiebra y pongo una mano en mi boca.

— ¿Qué?

— Lo vi antes de ayer besando a una chica a las afueras de un bar.

— No puede ser —susurra.

— Se llama Ariana y al parecer es su nueva compañera de trabajo —sorbo mi nariz.

— Yo es que... ¿Ian? —Niega con la cabeza— Si ese chico daría la vida por vosotras, no lo entiendo.

— No me quiere, mamá —me encojo de hombros.

— Ven aquí.

Ella rodea la isla de la cocina y me abraza.

— No lo entiendo.

— Volverá a buscaros.

— No quiero hablar con él.

— Tienes que afrontar el problema y él tiene derecho a ver a su hija.

Su hija...

++

Estoy pensando en hacer el siguiente capítulo narrado por Ian. No sé qué hacer. ¿Qué queréis?

One-shots. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora