Fría soledad

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Las semanas pasaron y se convirtieron en meses, el fin de año se acercaba, los días cada vez eran más fríos y más oscuros, excepto para un azabache, el cual tenía una sonrisa cada vez más amplia, llena de luz y calidez.

-Ash?

-Tierra llamando a Ash.

Decían los dos rubios tratando de atraer la atención de su despistado amigo.

-Ah! Si, si- reaccionó el nombrado a su llamado.

-Ash recuerdas que estamos atrasados en este trabajo por tu culpa y hay que entregarlo mañana ¿cierto?- la chica de pelo corto, color miel intentó hacerlo razonar.

-Sí, lo siento solo me distraje- rió nerviosamente intentando disculparse- ¿En qué estábamos?

Los dos compañeros de grupo se miraron resignados y suspiraron antes de explicarle todo por décima vez.

Luego de un par de horas el trabajo estaba casi completo.

-Lo lamento chicos, está oscureciendo, ya tengo que irme a mi casa – anunció el de anteojos.

-No te preocupes, no falta casi nada- sonrió Serena y luego se despidieron.

Serena quedó finalmente a solas con Ash y aprovechó la situación para hacer la pregunta que tanto había dado vueltas en su mente.

-He estado pensando...- pronunció sin despegar la vista del trabajo mientras daba los toques finales- que... ya que adelantaron el baile de fin de año por problemas en la escuela y es mañana en la noche...- finalmente levantó la vista y lo miró a los ojos- ¿quieres ir al baile con migo?-sus ojos brillaban suplicantes.

El azabache había quedado un poco desconcertado por la pregunta pero finalmente bajó la mirada- lo siento Serena, no voy a poder ir al baile mañana.

Esas palabras destrozaron la ilusión de la joven, quien sintió que el mundo se le venía abajo.

-¿Alguno quiere chocolate caliente?- preguntó animada Delia entrando a la sala, pero se arrepintió al instante- ¿todo está bien?- notó la tensión en el aire.

-Sí, todo está bien- sonrió la de ojos cielo con lágrimas en los ojos- y no, gracias, ya me tengo que ir- se dirigió hacia la puerta tratando de no llorar.

-Pero comenzó a nevar- advirtió la mujer pero no logró disuadirla.

-No se preocupe, la parada de autobús está cerca- finalizó y se fue.

- Ash ¿qué pasó?- dijo un poco molesta intentando comprender la situación.

Serena caminó hasta la parada, el frío le comenzaba a causar dolor, pero no era la causa de sus lágrimas. Llego a su casa cubierta de nieve.

-¡Serena! ¿Qué te pasó hija?- exclamó al verla su madre, pero ella no contestó, subió a su habitación y se echó a llorar sobre su cama.

¿Por qué me afecta tanto? Se preguntaba, es solo un simple baile, la adolecente estaba decepcionada, le había hecho mucha ilusión la idea de ir acompañada de su... amor platónico, aunque ella nunca se atrevería a decirlo estaba completamente enamorada.

Se hizo la mañana siguiente Ash llegando tarde como siempre, sólo pudo correr hacia su asiento, sin poder siquiera saludar. Casi al instante entró el profesor Ciprés.

-Buenos días alumnos, su compañera Serena no podrá venir hoy- Ash se volteó hacia el asiento de la nombrada notando finalmente su ausencia- al parecer se enfermó y tardará algunos días en recuperarse.

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