𝐆| 𝐸𝑙 𝑎𝑚𝑜𝑟, 𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑓𝑖𝑛𝑖𝑡𝑖𝑣𝑎, 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑚𝑒𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑎𝑑𝑜.
Mitsuki era una pequeña híbrida desamparada, pero, tras ser acogida por aquel chico amable llamado Gohan, comprendió el verdadero signific...
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Gohan miraba cada tanto a la puberta que estaba en su cama, quien se hallaba muy entretenida jugando unos videojuegos que traía el celular del mayor (que descargó exclusivamente por la minina). Había pasado unas semanas desde en incidente del regaño, pero todo parecía ir bien desde entonces. Ciertamente, al principio la felina se mostraba un poco recelosa con sus sentimientos, aunque, conforme los días, volvió a ser la misma de siempre. Lo único que sí hacía sentir un poco mal al de ojos ónix era que Mitsuki no le hablaba cuando él se ponía a estudiar, y eso significaba que, de alguna manera, sí le había calado las palabras aquella tarde.
Por más que le había insistido en que no había problema si le quería ir a enseñarle algo cuando él estuviera estudiando, ella había dicho que no quería ser una molestia.
También se sentía un poco melancólico por el hecho de que la de genes gatunos comenzaba a cambiar físicamente, denotando que ya se estaba volviendo toda una adolescente. Terminó de percatarse de ello (o, más bien, aceptarlo) cuando le bajó su primer período —siendo aquel día todo un desastre ya que Milk no estaba en casa, dejando todo el embrollo en las manos de los Son mayores— y notar los evidentes cambios que todo adolescente pasaba.
No podía creer que aquella gatita pequeña e indefensa que había encontrado en un callejón, ya tuviera la apariencia de una chica de catorce años. Le era difícil procesarlo, saber que estaba creciendo sumamente rápido y que próximamente tendría su edad. Fue en esos momentos que entendió por qué a su mamá le costaba verlo ya como un semi adulto. Soltó un suspiro, intentando dejar de lado esos pensamientos y buscando centrarse en los ejercicios que tenía su libro escolar, pero un pequeño gruñido hizo que regresara a ver a su minina. Mitsuki estaba sentada en la cama, con el ceño fruncido y mirando el celular fijamente.
—¿Sucede algo, Mitsu? —Preguntó Gohan, haciendo que la susodicha diera un respingo, un poco asustada.
—Es que salió algo en tu celular y después se apagó solo. ¡Juro que no me metí en ninguna otra aplicación, Gohan! —Exclamó rápidamente, entrelazando sus manos en un intento de súplica, preocupada de que hubiese dañado el aparato. El de mechón en la frente soltó una risa entre dientes.