4-Simplemente hermosa

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La algarabía del salón de baile era notoria hasta para la misma Enid. Cosa que la contentó bastante. Es que disimular su propio ánimo se le estaba convirtiendo en una tarea bastante difícil, pero gracias a lo más divino, que había atendido sus plegarias, hoy se encontraba mucho mejor que en otros días. Seguro ya se le estaba pasando su mal de amor.

Suspirando se dijo que solo había que confiar en el tiempo, aunque no sabía si se podría con que algo de mala índole viniera acompañado con el, porque para su mala o buena suerte no sabría cómo responder. Pero el poco tiempo pasado desde la noticia de la boda de Lord Evans hasta ahora, le traían algo bueno ¡por fin! y lo estaba disfrutando.

La trajo de vuelta a la tierra los golpes de un bastón.

Todo el salón hizo silencio.

Miró a la marquesa de Bald con curiosidad, pues no se había sabido que fueran a dar algún ultimátum de la velada o, algún mensaje en específico. ¿Qué más sorpresas le deparaba el destino?

Vio en los ojos de Lady Jane su propia confusión.

Así que, como todos, se quedó tranquila a esperar.

—Esta noche tenemos el grandísimo honor de recibir la presencia de su Alteza, el príncipe Constantine Russell de Hannover, Duque de York y Conde de Norfolk.

De repente vio cómo todos a su alrededor se quedaban asombrados y de inmediato se inclinaban para saludar.

Enid todavía no calibraba bien aquellas palabras y quiso buscar una respuesta a su confusión. ¿Príncipe? ¿habría escuchado bien?

Vio como las Baltimore se inclinaban y no le costó de otra que hacer lo mismo.

Se permitió levantar la vista cuando la curiosidad pudo con ella. Vio una elegancia andante de cabellos rubios. Llevaba el traje blanco con botones dorados y colada una gran sonrisa en su rostro. Bajaba las escaleras seguido de un joven de cabellos rojos y postura recatada.

Mientras caminaba la joven notó que el recién llegado buscaba algo o, a alguien con la mirada.

Su corazón latió de prisa al darse cuenta que se encaminaba hacia donde ellas estaban. ¡Por el amor de Dios! ¿estaba viendo bien? en ese momento sus ojos no le fallaban.

Volvió a bajar la vista mientras notaba como todos le dejaban espacio y, después de saludarle con una inclinación más pronunciada se quedaban de pie observándole.

Luego se puso recta al sentir que las Baltimore a su alrededor también lo hacían. De alguna manera su cuerpo temblaba debido al asombro, a lo extraño y lo desconocido de la situación, más bien de ese momento. Se ánimo, en lo más profundo de ella, a calmarse.

Tranquila, Enid. Estás con tu familia. Se dijo.

Todavía no podía creer lo que tenía cerca de ella, era un príncipe y uno muy hermoso. Su color de piel la dejó prendada. Era satinada, lo que le hacía quedar a juego con el paquete completo.

—Su Alteza...—Emocionada Lady Jane terminaba de cortar la distancia entre ella y el integrante de la realeza. Pasándole la mano derecha para que este se la besara.

La elegancia rubia respondió con una inclinación para besarle los nudillos.

—My Lady...

Y después Enid vio explotar el formalismo.

—¡Oh, querido! Tanto tiempo sin verte. Ya sentía yo que no te volvería a ver...

—No se por qué tanta preocupación milady, no es nuevo para ninguno de los que me conocen, que me desaparezca por algunos días...—Su voz salía suave sin exagerar, con facilidad y llena de entusiasmo. Acompañada de una sonrisa sutil en los labios.

Entre dos NoblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora