El escándalo que hizo el mayordomo al cruzar por el pasillo avisando la llegada del príncipe a Enid le incomodó en nada. Ya que la mención de que estaba herido junto con su gente y que el accidente lo habían tenido de camino hacia allá, la crispó de pies a cabeza... Solo rememoró la pérdida de sus padres y el sentimiento de volver a perder a alguien de aquella manera la azotó al instante. Aunque se recuperó muy rápido y cogió una bata y salió de su habitación a ver en qué podía ayudar, importándole muy poco el estado en el que se encontraba.
No hubo sentimientos de que llegaba tarde, ni nada, ni recriminación por ello, porque muy en el fondo de ella el día pasado al ver su ausencia, se había dicho a sí misma que algo le había pasado, pero nunca llegó a imaginarse el grado del "asunto" con el que se podía asociar, la falta cometida por él. Pero agradeció a Dios que lo hizo llegar, aunque herido por cierto, porque no importa por donde se mirase, había llegado a pesar de las cosas y eso la motivó a respirar con esperanzas.
Acomodó una habitación, junto con Mary y unas cuantas criadas como pudieron, ya que todos estaban nerviosas y más Enid. Cuando escuchó que su alteza necesitaría una salió lo más rápido que pudo.
Al salir, se dirigió por el pasillo para recibirlo. Con cada paso que daba sentía el corazón latirle en la garganta. No le importaban las consecuencias que podrían tener sus actos.
Respiró profundo cuando le vio con aquel brazo vendado, evitando fuertemente no romper a llorar allí mismo.
No tenía la conciencia en lo que hacía, sólo sintió en el momento en que lo abrazaba y él la recibía amablemente en sus brazos, mientras la pegaba más a su cuerpo.
—Enid...-Oyó que susurraba en su oído y ella lo abrazó más acurrucándose en su pecho—Está bien Enid, estoy bien.
La joven se apartó un poco para verle a los ojos, que en ese momento la miraban con ternura.
—¿Seguro?—Enid le miraba con ojos, que sabía, transmitían su preocupación. —¿No le duele el brazo o alguna otra parte del cuerpo?
Constantine sonrió. A él le estaba doliendo una parte de su cuerpo sí, pero una que latía derramando amor.
—No, Enid estoy bien y mucho mejor, después de tan buen recibimiento, debería decir—Constantine no dejaba de mirarla, es que no podía, así de simple.
—Entonces, déjeme llevarle hasta una recámara para que se de un baño y descanse un poco, si le parece.
—Puedes llevarme a donde desees, Enid.
Enid no pudo evitar sonrojarse al escuchar ese murmullo. Y temblorosa por dentro, lo llevó a la habitación.
***
Constantine Russell de Hannover, estaba pasando el mejor momento de su vida, después de que llegó a la recámara acomodada para él, guiado por la belleza andante de Enid.
Estaba más que encantado con la vista de ella, así al natural, que le había permitido ver. Sin trajes finos y de representación, sólo con una bata sencilla azul, que escondía su camisola. Constantine estaba fascinado con su sencillez. En ningún momento dejó de mirarla, salvo cuando ella se retiró para que él tomara el baño, después de ella haberlo mandado a hacer.
Ahora se encontraba vistiéndose con ayuda de su paje. Una camisa blanca holgada y un pantalón negro era lo que fundamentaba su atuendo esa mañana.
Movió la cabeza en señal de que Cyril se apartara. Siempre había necesitado la ayuda de su querido pelirrojo, pero ahora la requería demás, debido a su brazo.
ESTÁS LEYENDO
Entre dos Nobles
Ficțiune istorică(Actualizaciones lentas) 📌 +18 Enid Angliana Pemberton creyó que el amor lo había encontrado en Lord Derby, quien una vez le prometió amarla, sólo que unos días después resultó casado con una fina dama de alta cuna, y con el corazón en mil pedazos...
