La mansión más temida del pueblo, la más solitaria y apartada de todos sin lugar a dudas; una mansión con una historia aterradora detrás, donde la protagonista era una madre psicopata causante de de la muerte de sus trillizos, la muerte de su esposo...
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—¿Como haz podido tener la osadía de preocuparme de tal manera, hija mia? —Mi madre me regañaba con toda la calma que podia tener un rio en un día de verano.
¿Como podia mantenerse asi de serena despues de un acto tan violento?
Aún me sentia mareada, mis ojos por otra parte estaban empañados, debido a la gran fuerza con la que mi madre había impactado hace tan solo unos dos minutos su mano contra mi mejilla izquierda, la cual se encontraba roja y adolorida.
Mi mano posada sobre la mejilla afectada, intentando decifrar su almendrada mirada. No sabia si me miraba con preocupación, tristeza o confución. Tal vez esta vez me miraba como una total extraña, porque se que nunca me creyo capaz de escapar de casa en medio de la madrugada.
Sentadas en el piso la una frente a la otra, teniendo razones diferentes que nos llevaban a un mismo pensamiento ¨¿Como a podido?¨
— ¡¿Estas demente?! — La manera en la que exclama esas dos palabras deja más que claro su descontento.
No hablo, porque se que aún no a terminado su dialogo lleno de maldiciones y preguntas retoricas, uno que me gritaria sin importarle las horas, en cambio me abrazo a mi misma victima del frío, mis ropas estaban demasiado desgastadas. Mi madre por su parte porta varias prendas para cubrirse de este y a pesar de que aún asi esta tiritando, esta muy enferma y sus fachadas son deplorables se las arregla para darme esa mirada acusadora.
— ¡¿Como se te ocurre?! — Estrella sus manos contra el suelo, siendo esta una manera de desahogar su rabia— ¡¿Donde diablos estabas a estas horas?! ¡Estas no son horas de salir, todo el maldito pueblo lo sabe! ¡¿Donde estabas?! ¡respondeme! — Exige. su pecho suviendo y bajando debido a todo el aire que había gastado gritando cada palabra.
La verdad era que yo tampoco sabia de donde habia tomado el valor para presentarme frente a las puertas de lo que en algún momento de mi niñes era mi mayor terror, aquella mansión de cerca era lo que no dejaba dormir a las propias pesadillas.
— Si te calmaras me seria más facil expli- — A pesar de que inicio con toda la serenidad que podria tener eso parece sacarla más de sus casillas.