EXTRA · SILENCE

1.6K 239 38
                                        



FIX ME.

Estos hechos ocurren anteriores al último capítulo extra.


Jisung observó de pie como Minho intentaba arreglar el desastre rápidamente. Los trozos de vidrio del vaso se habían esparcido por todo el suelo yendo a parar a quién sabe donde. Sin embargo, el castaño los buscaba arduamente. Los alejó de él. Jisung podía jurar que le estaba diciendo algo, podía ver sus labios moverse , pero no podía escuchar nada. Su corazón latía apresurado, las manos le temblaban. Necesitaba aire.

Se movió sintiéndose perdido, dejando a Minho con sus palabras en el aire. Abandonó la cocina intentando no perder el equilibrio de un momento a otro. Logró llegar a uno de los sillones que tenía el salón sin demasiadas complicaciones. Calma. Necesitaba calmarse.

El castaño venía detrás de él, porque solo bastaron unos segundos antes de que el rostro de Minho apareciera frente a él. Se veía preocupado, seguía diciéndole cosas que Jisung no podía escuchar. Le faltaba la respiración, podía sentir la rapidez con la que subía y bajaba su pecho. La cabeza le dolía, y sus pensamientos estaban como locos. Empezó a asustarse y el miedo se acumuló en cada fibra de su ser.

-Jisung, Jisung, mírame. Tomas mis manos, ¿lo ves? Yo estoy aquí- sus ojos se encontraron con los orbes cafés del castaño. -Intenta respirar conmigo, ¿sí? Vamos, inhala, exhala...

Sí. Estaba ahí. Minho estaba junto a él. Intentó seguir su juego, apretando con fuerza los dedos largos y suaves del castaño. Observaba sus labios y sus ojos. El resto del mundo en su entorno daba vueltas todavía, todo era borroso. Sin embargo, mientras Minho lo hacía respirar y a la vez le contaba sobre un día que había ido a conocer la nieve Jisung logró relajarse. Cuando volvió en sí y las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas supo que ya había pasado lo peor. 

Minho se sentó junto a él entonces y lo atrajo hacia sí. Se escondió en el pecho del castaño, manchando su camisa con lágrimas. Sintiéndose más vulnerable al sentir el amargo olor de su colonia. Se quedaron abrazados en el sillón hasta que Jisung logró controlar su llanto. Hasta que la tormenta pasó y un pequeño rayo de luz se avistó. Cuando todo terminó Jisung se sentía vacío. Como una bolsa de snack cuando estos se terminan. Su cuerpo parecía agotado, como si hubiera corrido durante un largo rato. 

Se quedó sentado en el sofá mientras Minho le preparaba un té de manzanilla en la cocina. Se miró las manos durante un largo rato. Era la primera vez que tocaba a Minho de esa forma tan íntima desde aquel verano que habían compartido juntos en su juventud. Era la primera vez que sentía su calidez, que pudo sentir la calidez de su colonia tan cerca. La punta de sus dedos parecía hormiguear por el abrazo que le había dado al cuerpo del contrario. Sentía una emoción rara en el pecho, y a la vez un deje de timidez le empezaba a atormentar. Sus mejillas enrojecieron ligeramente.

Que vulnerabilidad. Todo su cuerpo, su ser, su mente. A pesar de los años y de la distancia, había algo entre los dos que no se había perdido. Una chispa. Una emoción. Todavía quería a Minho. Su corazón aún se aceleraba, aún se movía con su silueta. Lo sabía. Lo entendió a los pocos días que el castaño empezó a quedarse con él en aquella gigante casa donde cuando eran unos críos habían recorrido divertidos pensando que el tiempo les sobraba. Pero había algo distinto entre quererlo allí, viéndolo todos los días cocinar y ayudándolo a sentirse mejor, como si ambos supieran que debían esperar, a sentirlo entre sus brazos y escucharlo preocupado mientras lo consolaba.

Eso era intimidad. Era algo incluso más cercano que un beso. Era como si Minho sostuviera y arropara con sus brazos su cuerpo desnudo para que nada le hiciera daño. Lo estaba ayudando en su máximo momento de debilidad. Mientras su cuerpo completo temblaba, Minho lo sostenía para que pudiera seguir. Le daba fuerzas. Lo amaba. Lo amaba aunque él estaba roto. Le sanaba las heridas con su amor. 

-Toma, intenta beber un poco. Te va a ayudar a entrar en calor y relajarte más- dijo, ofreciéndole la taza con té. Jisung la aceptó un poco cohibido. Intentando no temblar tanto aunque su cuerpo seguía débil. Sin embargo, observó como Minho se iba a sentar en el sofá de al frente y lo detuvo con un suave tirón en su brazo.

El castaño pareció entender y volvió a sentarse a su lado, mirándolo en silencio mientras él bebía su té.

Jisung aprovechó para observarlo bien también. Como seguía vestido con el uniforme formal de su trabajo, y como este acentuaba su figura y su atractivo. Llevaba casi un mes allí, viviendo con él. Ayudándolo a conllevar la pena por su madre. No lo había a nada, ni siquiera habían vuelto a tocar el tema de ellos dos desde el día del funeral. Jisung se lo agradecía infinitamente. Habían discutido una vez sí, debido a que Jisung se preocupó cuando Minho no llegaba a su hora normal por las tardes. Apareció de madrugada. Había tenido unos conflictos en la carretera. Jisung lloró de la impotencia. Minho no contestaba sus llamadas. El castaño lo entendió aún sí, lo ayudó a relajarse y prometió tener más cuidado con su celular.

"Lo siento". Gesticuló con sus manos.

-No te disculpes. No es tu responsabilidad lo que te pasa. Después de todo lo que has tenido que pasar nadie puede culparte. A mí no me molesta, sé lo duro que debe ser para ti conllevar esos ataques.

Jisung lo observó en silencio. Minho ya era todo un adulto. Sabía qué decir y siempre le decía justamente lo que él esperaba escuchar. Aún así Jisung podía ver al niño que conocía a veces salir a la luz en las cosas más tontas y banales. Sin embargo, ahí estaba de nuevo, aquel castaño risueño, siempre comprendiendo  su desastre, amando sus piezas rotas. Poniéndose en su lugar aunque a veces Jisung se encerrara en sí mismo y no pensara en nadie más.

"No te merezco, Minho" señaló, dejando su taza vacía en la pequeña mesa que decoraba en centro del salón.

-¿Por qué dices eso?

"Siempre estás ahí para mí. Te quedaste conmigo para ayudarme. Siempre me salvas. Sin embargo, a veces yo no soy lo suficientemente empático y solo me cierro en mí. Pero tú nunca  haces eso. Siempre piensas por los dos. Por mí". Minho lo observó en silencio unos segundos antes de responderle. 

-No seas tonto, Jisung- dijo sonriendo como si supiera algo que él no. -Cuando te vi pensé que el único idiota que se había quedado en el pasado era yo. Pero tú me seguías queriendo. Me quedé contigo porque no pienso irme ahora que soy yo quien tiene la libertad de elegir. Me quedo contigo porque te quiero. Sé que no estás bien pero lo comprendo, no te voy a dejar por eso. Estoy aquí porque quiero estar siempre contigo. Quiero estar contigo en tus tormentas y en tus praderas. Y quiero que tú estés bien.

Jisung sonrió estremeciéndose. A quién le había dado tanto para merecerse a un chico así. Para que aquel sentimiento tan bonito volviera a renacer en su corazón. Tantos años pensando que su peor prisión era el silencio, sin darse cuenta, que en silencio las cosas se pueden apreciar mejor. Un pequeño recuerdo se cruzó en su mente. De él y Minho sentados en las ramas del sauce mientras llovía. Nadie más que ellos conocía los secretos de ese lugar. Un sitio donde nadie los podía encontrar, donde el silencio se transformó en amor.

Tomó una de las manos de Minho y se llevó el dorso a sus labios. Depositó un suave beso allí y moviendo sus labios sin provocar ningún ruido, le dijo.

"Gracias. Gracias por todo Minho" y luego, viendo el brillo en aquellos suaves ojos cafés, se levantó de su posición unos centímetros y le dio un beso en los labios. 




Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Apr 26, 2020 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Silence | MinsungDonde viven las historias. Descúbrelo ahora