El pasado de Aura Hasthings le pasara factura justo en su último año en el instituto más prestigioso de toda California. Todo cambia cuando conoce a un par de hermanos famosos por su familia, e influyentes.
Las terribles mentiras desde las más alt...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ya arrancamos de nuevo, puta madre.
Una mañana más.
Tomo el Marc Jacobs gris y me detengo frente al espejo de cuerpo completo, justo frente a mi cama, me observo detalladamente.
Siempre tengo esa imagen de seguridad. Esa postura impecable. Ese aire de confianza que parece inquebrantable cuando estoy frente a otros.
Pero cuando estoy sola...
Dudo.
Mi autoestima cae en silencio, como algo que se desprende sin hacer ruido.
¿Por qué no puedo empezar una mañana sin sobrepensar?
Intento apartar esos pensamientos. Giro la mirada hacia el tocador. Otra diadema distinta a la de ayer descansa ahí. Y, aun así, dudo.
La expresión que usó el tercermundista de ayer vuelve a mi cabeza. Denigrante. Burlona.
<<Vamos, Aura. No dejes que un idiota te diga qué ponerte. A ti no te parieron para ser una perra débil. >>
Pero odié su mirada.
Me miró como si fuera la típica chica que por ir bien vestida es una descerebrada. Como si vestir rosa significara vivir en un mundo de Barbie.
No puedo creer que todavía existan personas que te juzguen por verte bien. Que te señalen y concluyan que eres una tonta solo porque te gusta la moda.
Cada vez que parpadeo, vuelve su expresión.
"Seguro es de esas que se despiertan temprano para maquillarse."
¿Y qué si lo hago? ¿Y qué si no lo hago?
Sería mi decisión. Solo mía.
No me arreglo para conseguir un chico. Y aunque a veces me haga la tonta fingiendo que no merezco uno... justamente esos que miran así son los que terminarían tratándome como un juguete.
No puedo permitirme dudar de cómo me veo solo por ese imprudente.
Es un idiota.
Las mujeres vestimos como queremos desde que Mary Phelps Jacobs creó el sostén. Así que, honestamente, que le den.
La chica del espejo me sostiene la mirada.
—Esta chica va a dominar el mundo.
Tome la diadema y me la puse, corrí al closet y busco una falda del uniforme un poco más corta. Antes me aterraba usarlas. No por mis piernas. No por el qué dirán. No por el "mírenla, parece una cualquiera".
No.
Me aterraban por todas esas noticias escabrosas sobre chicas abusadas "por vestir cosas cortas".