A l g o d ó n

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Esta vez, lo que despertó al chico con cabello blanco no fueron los rayos del sol, sino aquel delicioso olor a sopa instantánea que inundó su nariz. ¿De qué sabor era? Ah, se relajó tras darse cuenta que era su favorita; pollo. Abrió los ojos con cansancio, bostezando mientras se sentaba en el incómodo colchón que yacía sobre el suelo.

Rubén y Mangel habían llegado una noche antes, y por "celebrar" se olvidaron de acomodar todas las cosas que traían de casa. El camión que contrataron sus padres para ambos llegaba con más cosas la próxima semana, así que mientras debían sobrevivir con un colchón, una miniestufa, una hielera, dos garrafones de agua y una plancha que les había regalado la dueña de los pisos para sus uniformes.

La vestimenta era sencilla, pues consistía de jeans negros, una camiseta con el logo de la escuela y una corbata de colores opcionales. Todo esto gracias al Consejo Estudiantil, liderado por el perfecto estudiante modelo Samuel de Luque. O al menos, eso había leído en el sitio web, casualmente hecho por el Consejo.

Le parecía demasiado gracioso el cómo se expresaban del chico como si fuera una especie de deidad, pero estaba acostumbrado a eso y más de la ciudad donde ambos chicos venían.

-Estarán listas en 5 minutos, Rubius, así que ve vistiéndote de una vez -dijo Mangel, acomodando su corbata color azul índigo, mirándose a sí mismo por el modo selfie de su cámara a falta de un espejo en la habitación.

El contrario le miró fijamente sin que el otro lo notara. Hace tiempo Rubén había descartado aquella atracción hacia su mejor amigo, pues ya había rechazado a éste hace unos años. Años en los que Rubén nunca le dijo que en realidad sí lo consideró como algo más, pero tenía miedo de lo que pudiese pasar, cortando así el tema por completo tras ese incómodo momento para los dos.

Doblas al final se levantó como pudo y se duchó con prisa, pues a medio camino Mangel le había dicho que quedaban 15 minutos antes de iniciar las clases. Tras 5 minutos, ambos salieron de casa y caminaron mientras comían las sopas instantáneas como desayuno.

Oh, si tan sólo sus madres los vieran.

-¿Ya sabes qué club elegirás? -preguntó Rubén.

-Creo que lo sabré cuando lleguemos, pero por ahí leí que hay algo de cinematografía.

-Tú vas a ser un dios, muchacho, y te gustará.

-Yo editaré tus vídeos de cómo aprender a tocar la guitarra en 5 minutos.

-Tonti... -, un fuerte ruido de un automóvil derrapando y con música a tope les interrumpió, estacionándose justo enfrente de la escuela. Del deportivo salió un chico con piel clara, pelirrojo claro y ojos verdes. Al instante llamó la atención de todos los alumnos que rondaban por la entrada. Mangel cruzó miradas con él, pero el chico sólo siguió su camino.

-Menudo chico, ¿no? -dijo el castaño.

-Sí...oh mira, ahí está el cesto, dame tu envase -. Y mientras Rubius tiraba la basura, Mangel sólo pudo analizar el deportivo enfrente suyo; blanco, con una franja roja inferior y con sólo el vidrio delantero como protección. Los había visto en televisión con su padre, era un Fiat 124 S. Siempre había querido ver uno en persona, pero no esperaba que fuera en un pueblo como ese.

Se quedaron cerca de la entrada de la escuela cuando entraron, pues le habían prometido a Auron encontrarle por ahí. A los nuevos estudiantes se les pedía ir al auditorio, pues el presidente del Consejo les daría la bienvenida y podrían elegir el club que quisieran.

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-Luzu, hombre, ¿cuánto te tardaste escribiendo esto, tres días?

Borja rió-. Una hora en realidad, no es muy difícil motivar a las personas que te importan.

-Me siento mal quedándome todo el crédito, Luzu. No puedo.

-Ya me lo pagarás después, anda ve que ya es hora, Vegetta -le animó, empujándolo hacia el escenario del auditorio. Samuel no se sentía nervioso, llevaba frente a los alumnos 2 años ya, organizando todo tipo de eventos dinámicos y daba un discurso en todos ellos. Luzu era su mano derecha desde hace un tiempo, pues la estabilidad emocional de Samuel había sufrido un percance justo antes de iniciar ese ciclo escolar.

Algo que rompería a cualquiera que lo pasara; terminar tu relación de hace 3 años porque la persona que tanto amabas se enamoró de alguien más. Todos los días, Samuel debía ver a Guillermo como los demás, como un simple amigo con el que casi no hablaba desde hace semanas. Y le extrañaba, pero Willy se veía bastante feliz sin él. Esperaba no quebrarse a mitad del discurso, tenía que mantener la profesionalidad que llevaba en la sangre.

Se acercó al estrado y acomodó el micrófono, después sonrió cálidamente, llenando de confianza a los estudiantes.

-¡Buenos días, alumnos! Me es grato darles la bienvenida a la preparatoria, pero no por eso voy a aburrirlos con mis palabras, todo lo que voy a decirles es útil para su primer día de clase. En estos momentos perderán una clase nada más, por lo que deberán incorporarse en la siguiente. Esta hora será para que elijan el club en el que estarán, ver el mapa pegado en la entrada para encontrar el baño y los salones, acomodar las cosas en sus casilleros y...

-¡Mangel, mira, ahí está el club de audiovisuales! ¡¿Ya viste los instrumentos del club de Música?!

-Eh, sí, sí... -respondió con nerviosismo, gracias a la imprudencia de su amigo todas las personas en aquel auditorio les miraban, algunos se reían de ellos y él sólo podía intentar controlar a su mejor amigo.

Samuel suspiró, no era la primera vez que le interrumpían, pero ¿tan abruptamente? Jamás.

-Rubén Doblas -exclamó, llamando la atención del chico y cruzando miradas con él. Sus ojos eran verdes, como los de Willy-. Entiendo la emoción y el entusiasmo de ser un nuevo estudiante, pero interrumpir a alguien es una falta de respeto, así que le pido por favor que guarde silencio y se acomode correctamente sobre su asiento para poder continuar.

Rubius sólo sintió la necesidad de que se lo tragara la tierra en ese momento, sin embargo, tuvo que fingir que las personas en realidad se reían de su cabello, cosa que tampoco le tranquilizaba tanto.

Tras el discurso por fin se reunieron con Auron, pero tuvieron que separarse debido a que Mangel y Auron ya sabían qué club elegir, se sintió solo. Estaba rodeado de personas que nunca había visto, así que la ansiedad le hacía querer huir de ahí.

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A Mangel le había pedido el presidente de su nuevo club, Alex, que le ayudara a dejar el equipo de sonido en el aula, así que llevaba las bases de las bocinas en ambos brazos. Cuando al fin halló la puerta del club, estuvo a punto de abrirla hasta escuchar arcadas viniendo de afuera, pues el salón de audiovisuales estaba hasta casi el fondo detrás de la escuela. "Como si fuera el club menos querido" pensó Miguel.

Dejó las cosas en la entrada y se acercó lentamente a la puerta que daba la parte trasera de la institución, asomando su cabeza con lentitud. Sus ojos notaron al chico pelirrojo de hace rato, estaba vomitando mientras maldecía, en cuclillas y apoyado de la pared a su lado.

Fue entonces que Mangel salió de su escondite y colocó una mano sobre su hombro y sostuvo su coleta de caballo para evitar que se ensuciase. El contrario le miró asustado, pero tenía una expresión que a Manuel le tranquilizaba bastante.

Se recargó en el chico castaño mientras recuperaba su respiración normal, Miguel sacó un pedazo de papel que llevaba en el bolsillo y se lo ofreció, cosa que el chico agradeció bastante.

Tras unos minutos de que el pelirrojo dejara de vomitar y bebiera de la botella de agua que llevaba, Mangel decidió hablar.

-¿Te sientes mejor, eh...Fernández? -lo había visto en la placa del automóvil, no esperaba recordarlo,

Escuchó al chico reír, aunque no cruzaban miradas.

-Llámame Lolito.



¡Espero que tengan un lindo día!

As a flower - Karmaland AUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora