Capítulo 3

69 13 30
                                    

Así que el chico misterioso con faros matadores es él... Manos cálidas.

El rubio frente a mi se acerca a la cama dando unos pasos muy pausados y eso me hace fruncir el entrecejo.

Está meditando en acercarse, a mi parecer.

—Disculpa si te incomoda mi presencia. —Susurra mientras me mira fijamente— Es que no quise irme sin saber como estabas. De hecho, no quisiera irme hasta que te den el alta. Nunca me había pasado algo como esto. —Hace una pausa— Mi abuelo alguna vez me dijo exactamente lo mismo que tu me haz dicho hace unas horas atrás, los faros de mi auto son escandalosos. —Suspira— Con esta experiencia definitivamente los cambiaré.

Escucharlo decir eso me hace sonreír y bajo la mirada hacia mis manos entrelazadas.

—¿Acaso no tienen algún tipo de control de luminosidad o como se les llame esa cosa? —Pregunto con algo de vergüenza al no recordar el nombre.

—Si. —El sonríe— De hecho, ese es el más bajo.

—Oh... —Mis ojos se abren de par en par por la impresión— Entonces, creo que seria bueno que los cambies. Imagínate que hubieras tratado de huir de la escena del crimen, todos al rededor te verían sin dudar.

Escucharlo reír me hizo alzar la mirada hacia su rostro, lo cual me arrepiento segundos después de haber hecho porque lo que mis ojos ven me deja en el sosiego.

El chico misterioso ahora con nombre, Jared, tiene la sonrisa más hermosa que alguna vez haya visto en toda mi vida.

El recuerdo de Zeta vino a mi mente inmediatamente, el casi nunca sonreía. Siempre estaba serio, pero me demostraba su afecto con mimos y apapachos, así que lo que no demostraba con sus expresiones faciales, lo hacia con sus palabras y tacto.

Su toque, aparte de su cercanía, es lo que más extraño de todo el.

¡¡Basta!! No es momento para caer en lo mismo de siempre. Las comparaciones no son buenas.

Ningún otro hombre que conozca será como Zeta. Debo aceptarlo de una vez por todas. Debo abrir mi mente, ampliar el pensamiento y dejar de aferrarme al pasado.
Debo dejarlo ir.

Por amor a dios y a mí misma.

Mi sonrisa muere ante el recuerdo y mi propia tortura mental y una sensación de pesar invade el centro de mi pecho, hasta que siento una mano apretar mi antebrazo haciendo que con esa acción mi piel se sienta erizada de pies a cabeza.

Un suspiro me abandona cuando logro recuperar la compostura y con cuidado de no menospreciar su buena intención alejo mi brazo de su tacto. Alzando mi rostro para encontrar su mirada, decido cambiar de tema al susurrar:

—No tienes porque quedarte. Te agradezco el gesto y por traerme, pero estaré bien.

El niega con la cabeza y vuelve a tomar distancia.

—Es lo mínimo que puedo hacer. Además, mi tío me mataría si te dejo abandonada a tu suerte.

Lo escuchado me hace fruncir el ceño y...

—¿Tu tío?

—Si. —El me sonríe y vuelvo a sonrojarme— Mi tío Piero me ayudo con el papeleo de tu ingreso al hospital.

Zeta & Jared - Dos Amores, Un Destino © (Pausada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora