Capítulo VII: Roto

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Las semanas se convirtieron en meses las cosas gracias a Jotaro se habían calmado enormemente, aquellos imbéciles abusadores habían dejado de molestarme por completo, y aunque ahora la gente ya no me miraba con asco, ahora lo hacían con cierto ¿Miedo?.

Las chicas habían dejado de correr detrás de los brazos de Jotaro, pues ahora un nuevo rumor se había instalado en la escuela, todos decían que el y yo éramos pareja, además ninguno de los dos había hecho el intento de desmentir aquello.

_Noriaki.

La grave voz de Jotaro lo sacó de sus cavilaciones, la clase ya había terminado, y el azabache ya lo estaba esperando en la puerta de entrada.

Aunque el peligro había pasado y ya no era necesario que Jotaro fuera a todos lados con el, esto ya se había vuelto una costumbre para ambos.

_¿Que tal estuvieron tus clases?.

Le pregunté mientras caminábamos rumbo a la salida del colegio.

_Aburridas, pero el día mejoro al verte.

Dijo con la mirada fija en el frente, ocasionando un sonrojo en el pelirrojo, aquello le pareció hermoso.

_También mejoro bastante mi día al verte.

El azabache oculto su vista con la gorra.

Ambos continuaron caminando, para su sorpresa Jotaro extendió su mano, tomando la suya.

_Necesito decirte algo.

Asentí y el azabache comenzó a llevarme hacia una zona bastante alejada, vi como algunas flores empezaban a florecer gracias a la primavera.

Aquella zona era parte del patio de Jotaro, una zona a la que su madre le ponía vital importancia.

_Kakyoin, me gustas.

Sabía que él chico frente a él no era la persona más expresiva del mundo, pero aquello bastó para que su corazón estallara de felicidad.

_Jotaro...

No sabia que decir, era la primera vez que alguien se le confesaba de esa manera.

El azabache dio un paso hacia el y lo beso, sintiendo la calidez de aquel beso mis brazos instintivamente se colocaron en los hombros de él mayor, al mismo tiempo que el sujetaba su cintura.

_¿Puedes quedarte hoy a dormir conmigo?

Su corazón se quebró otra vez, ya sabía a dónde iba aquello, aun así sonreí.

_Claro, solo debo llamar a mi mamá.

_Bien, iré a preparar el futon, mi madre irá hoy a casa de una amiga así que no estará, podemos aprovechar para hacer algo.

Sentí las lágrimas a punto de estallar, el nudo en mi garganta lastimaba, aun así lo seguí al interior de la casa, Jotaro se fue a la habitación y yo me quedé ahí en la sala, tras marcar el número de mi madre y que me diera el permiso colgué.

Sentí un vacío en el interior, como si hubiera quedado un hueco.

Realmente era un estúpido.

¿Porque pensé que Jotaro me quería?
Sabía lo que pasaría a continuación, Jotaro había dicho eso para lograr que me acostara con el, esa noche tendrían sexo y con ello, Jotaro se llevaría lo último que me quedaba en el alma.

Desde joven había descubierto el vacío de la soledad, y ahora que creyó ser rescatado de aquellas profundas aguas, sentía como volvía a hundirse.

Aunque no podía culpar a Jotaro, después de todo al conocer su pasado, lo sucio que era, ahora quería su recompensa, después de todo, lo había ayudado, y era justo pagar por aquello.

_Me daré un baño antes.

Dije desde la cocina a lo que Jotaro solo dijo que si, que había toallas limpias en el baño.

Camine hacía este, no quería esperar por el agua caliente así que solo abrió la llave del agua fría, aprovecho para dejar caer las lágrimas que su corazón estaba guardando, dejó que toda aquella tristeza se fuera con él correr del agua.

Se concentró en limpiar bien cada parte de su cuerpo, si Jotaro lo tomaría, quería que al menos el esfuerzo que el azabache uso para protegerlo le fuera correctamente recompensado.

Cerré la llave y me coloque aquella toalla en la cintura, camine con decisión al cuarto de Jotaro, al entrar en el, el azabache se encontraba poniendo un disco en su pequeño reproductor.

_Estoy listo.

Dije y deje caer la toalla que cubría mi cuerpo, me acerque con paso decidido y comencé a besar el cuello del azabache, me acerque a su oído.

_Puedes hacer lo que quieras conmigo.

Le dije en un susurro, Jotaro me apartó de su cuerpo, su mirada estaba visiblemente confundida.

_¿Te encuentras bien? Esto... es repentino.

¿Repentino? ¿Pero si el...?

_¿No me invitaste para que tuviera sexo contigo? Ya sabes como recompenza por...

_Calla

Jotaro se levantó, sacó de su closet una prenda interior y una camiseta.

_Ponte esto.

Me dijo tendiendome aquellas prendas, las tomé y me las coloque aun en estado de confusión, Jotaro tomó la toalla que había arrojado al suelo y comenzó a secar mis cabellos por los que aún resbalaba agua.

_Si no te secas bien terminaras resfriandote.

_¿Jotaro que demo...?

_¿Creíste que solo te dije aquello y te invite a dormir para tener sexo contigo?

No sabia como contestar aquella pregunta, pensaba que las intenciones eran demasiado claras.

_Kakyoin, lo que te dije era en serio, te quiero, y jamas tuve dobles intensiones el día de hoy.

Dijo el azabache mientras frotaba su cabello, agradecía aquello, pues sus ojos empezaban a volverse cristalinos y no quería que él viera eso.

_Además, soy asexual.

Dijo con calma el peli negro.

Sabía a la perfección lo que esa palabra significaba.

Y aquello le tomó aún más por sorpresa.

_Dios, soy tan estúpido, dios, ahora esto es tan vergonzoso yo...

Jotaro callo mis palabras uniendo sus labios a los míos, amaba aquellos labios, y ante ese beso dejé que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas.

_Jamás te haré daño Noriaki, lo prometo. No quiero que estés solo de nuevo.

_Jotaro.

Deje que sus brazos me abrazaran, la esperanza regresó a mi corazón, quizá yo era una persona digna de amar, quizá por fin podría acallar los demonios que rondaban mi cabeza y que me impedían pensar correctamente.

Quizá, Jotaro era el indicado para quedarse en su corazón.

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