Un atisbo de calma asomó por la sede de las SSF de New Jersey. Ya nadie gritaba, aunque la preocupación por el estado de Anne Fairbanks, que seguía secuestrada, continuaba estando presente. Seguían los mismos en el despacho de Nick. Hugo, pese a todo el estrés que llevaba encima, consiguió quedarse dormido en el sillón donde se sentó antes. El cansancio de las dos pruebas en el mismo día no le perdonó. Los demás hablaban entre susurros. Alice con Nick, en una esquina, parecían mantener una conversación que no tenía nada que ver con el asunto que los había reunido. Eve, Logan y Alan comentaban lo ocurrido. Los tres estaban de acuerdo que Aron Ross no tenía culpa de lo que había hecho, y mostraron sorpresa por ese nuevo y peligroso superpoder que alguien estaba utilizando para fines no muy éticos. Ahora, discutían sobre quién era la gran víctima de este embrollo.
-Sin duda -apuntó Alan-, para mí, la mayor víctima desde que empezó esto es Anne.
-Bueno, Alan, Phil también ha estado secuestrado. Y más tiempo -puntualizó Eve.
-Sí, pero todos los que pueden haberse visto perjudicado por todo esto han elegido estar aquí. Todos nos lo hemos buscado, de una manera u otra. Anne ni siquiera es miembro de las SSF. Su pecado ha sido querer a Peter Fairbanks más de lo que se merece.
Todos asintieron, aceptando ese argumento como definitivo. Una vez terminado el debate, el silencio se hizo dueño de la sala. Ya no sabían qué hacer mientras esperaban a que el cuerpo de Aron Ross diera señales de vida.
-¿Llamamos a Emma? -propuso Logan.
-Será lo mejor -dijo Eve-. Nick, vamos a llamar a Emma, ¿de acuerdo?
-De acuerdo. Decidle que traiga lo necesario para que se recupere lo más pronto posible.
En cinco minutos, la doctora apareció en el despacho empujando un carrito de metal lleno de botes y utensilios médicos.
-No aseguro que se encuentre en condiciones cuando despierte -fue todo lo que utilizó como saludo.
Se puso a trabajar inmediatamente con Aron, y aunque traía todo un arsenal de medicamentos, impregnó un pañuelo con disolvente y se lo puso en la nariz para que lo oliera. De un brinco se despertó, pero sus ojos indicaban que todavía estaba convaleciente.
-Toma, bébete esto -le dijo, tendiéndole una taza humeante.
Le dio un sorbo, y contrajo la cara con gesto amargo.
-Dios santo -dijo. Su tono había cambiado considerablemente. Ahora no parecía tan brusco-. ¿Qué es esto?
-Café puro -contestó Emma-. No quiero meterte más medicamentos, así que la cafeína te espabilará al menos por un rato. Chicos -se dirigió a los cinco que estaban de pie-, yo ya he terminado, si se pone peor, llamadme. Tengo todo lo que necesito aquí.
-Perfecto, gracias Emma -dijo Nick, mientras ella se daba la vuelta y salía de la habitación-. Aron Ross. Bienvenido de nuevo al mundo, tenemos mucho de lo que hablar.
El hombre asintió con gesto apesadumbrado mientras el mismo Nick le desataba del sillón al que estaba amarrado. Eve despertó a Hugo, y se sentaron todos en semicírculo, para darle el protagonismo a Aron.
-Bien, Aron -comenzó a hablar Nick-. Cuéntanos desde el principio, por favor. Desde que te persuadieron.
A Hugo le pareció que Aron no podría hablar. Menos después de haber salido de aquel estado en el que se encontraba, y además de sumarle que acababa de salir de un estado de desmayo por inhalación de disolvente hacía prácticamente dos minutos. Pero el café que tenía entre las manos parecía ser más efectivo de lo que creía, y el hombre, apoyando los codos sobre sus rodillas y agarrando fuertemente la taza, comenzó a relatar sus vivencias. No comenzó de inmediato, sino que necesitó unos segundos para decidir por qué punto iba a empezar.
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Un héroe inesperado TERMINADA
Science FictionTodo comienza una tarde fría de Enero en Princeton, New Jersey. Hugo Davidson, nuestro protagonista, sale de la universidad sin ni siquiera imaginarse el vuelco que sufrirá su vida de un momento a otro. Una organización secreta nacida poco después d...
