CAPÍTULO 4

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-Hugo, ¿estás bien? 

-No estoy seguro, Jane. No sé cómo he acabado aquí. 

Cuando llegó la hora Jane, Noah y Hugo fueron a una sala especialmente preparada para los preparativos de las pruebas, aunque cualquiera hubiera dicho que la sala se parecía más a un camerino de uno de los mejores teatros del mundo. Solo que no tenía espejo. 

«Para evitar inseguridades» pensó Hugo. «Pero han fallado...» 

Hugo estaba sentado en un sillón con reposabrazos altos, inclinado hacia adelante con las manos entrelazadas. Nunca antes se había sentido igual de nervioso. Se estaba preguntando si realmente cabría la posibilidad de que la prueba saliera mal y... cayera en su primer combate. No llegó a preguntarlo finalmente para no oír ninguna respuesta que no le agradara o que le pusiera aún más nervioso. 

Jane se acuclilló para ponerse a la altura de la cara del chico. Se apoyó en la rodilla de éste, y se percató de que tenía el mismo tic nervioso en la pierna que ella. Lo miró buscando las palabras que necesitaba para tranquilizarlo. Lo que no sabía es que si tenía que buscar esas palabras para tranquilizarse a sí misma o al propio Hugo. 

Noah estaba jugueteando con un cubo de rubik, aparentemente concentrado, ajeno a la situación. Aun así, el trabajado cuerpo del chico se volvió hacia los otros dos y comenzó a hablar, para alivio de Jane. 

-Hugo, es normal que estés así. De hecho, estás estudiando psicología, seguro que sabes por qué te está pasando esto, y seguro que sabes controlarlo. No es fácil que tu vida de un vuelco tan grande que no sepas realmente si estás de pie o boca abajo. No es fácil. -Jane se incorporó para apoyarse en una mesa con utensilios de maquillaje, simplemente para contemplar la escena, cabizbaja-. Pero tienes que saber que donde estás sentado ahora mismo, esta sala, todo el edificio de las SSF -Noah se estaba acercando a Hugo por detrás sin alterar el tono de voz, ni dejar de toquetear el cubo de rubik-, las propias SSF, no están al alcance de cualquiera. Phil Lewis era uno de los mejores guerreros que New Jersey y sin duda los Estados Unidos han conocido. Podría haber elegido a muchas personas para que le sucedan en el cargo. Muchísimas. Sin embargo te eligió a ti. El por qué solo lo sabe él. -Hugo escuchaba serio sus palabras, cuando Noah llegó a su lado y se agachó del mismo modo que lo hizo Jane hacía un momento-. Pero hay que estar muy ciego para no darse cuenta del potencial que tienes. Llevas el fundamento, las raíces de las SSF, no en la sangre, sino en el corazón. 

Se tomó una pausa para mirar fijamente a Hugo a los ojos. Hugo también hizo lo mismo, y soltó un suspiro. 

-Seguro -prosiguió Noah- que Phil se dio cuenta cuando era tu profesor. Seguro que supo que tu sed de vivir era el hacer felices al mayor número de personas posible. Por eso te escribió tu nombre en el fichero, estoy seguro. Llevas defendiendo la felicidad de tus allegados desde que naciste, Hugo Davidson. E incluso sin que sean tus allegados eres capaz de dar tu vida, tu propia vida, para salvar la de los demás, como demostraste en la guardería. Llevas las SSF en la sangre, Hugo. Recuérdalo. 

Hugo asintió, pensando en lo que acababa de oír. ¿Sería capaz de hacer feliz a un mayor número de personas si conseguía entrar en las SSF? ¿Cómo era capaz un ejército invisible de ayudar a la gente a ser feliz? Era un bonito modo de verlo, desde luego. Noah desvió sus dos hermosos ojos azules de la vista del chico, y se incorporó. Transmitía una seguridad envidiable, muy similar a la que transmite un hermano mayor, aunque Hugo juraría que él era mayor que su compañero. 

-Gracias, Noah. Lo tendré en cuenta. 

Sonrieron ambos. Estaban en el mismo barco, estuviera Hugo nervioso o no. Jane por su parte tenía la mirada perdida, seguramente su mente divagaba sobre lo que acababa de decir Noah. Salió de su ensimismamiento cuando pensó en qué hora sería. Miró furtivamente a su reloj, que marcaban las 17:30. 

Un héroe inesperado TERMINADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora