La poderosa y juguetona magia golpeó de lleno en mi galante rostro. Con desesperada necesidad mi perfilada nariz respiro el aire tan particular que rodeaba al callejón Diagon, lleno de alegría y felicidad algo de lo que mi vida, hoy por hoy, carecía.
El bullicio de la gente era tan ensordecedor que llegaba a lastimar mis tímpanos, las tiendas se encontraban, en su mayoría, abarrotadas por aquellos magos llenos de curiosidad o con deseos de comprar. Algunas curiosas miradas se acentuaban en mi persona; unas furtivas y otras más que notorias, otros rozaban mi hombro al pasar por el abarrotado callejón sin cuidado alguno. Seguí mi camino ondeando la larga capa oscura que descansaba sobre mis hombros.
El misterio de mi vida estaba a punto de ser desvelado y el veredicto de mi destino estaba a nada de ser dado. Mi caminar era rápido y decidido al lugar que seguramente me ofrecerían las respuestas que tanto anhelaba, o más bien, el lugar que negaría o afirmaría mis suposiciones.
- Entra, desconocido, pero ten cuidado
Con lo que le espera al pecado de la codicia,
Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,
Deberán pagar en cambio mucho más,
Así que si buscas por debajo de nuestro suelo
Un tesoro que nunca fue tuyo,
Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado
De encontrar aquí algo más que un tesoro - Se escribía en dorado una advertencia disfrazada en un lema que prometía sangre y sufrimiento a aquel que se atreviera a romperlo.
Bajo una alta e impresionante fachada recubierta de mármol blanco, unas grandes puertas de bronce bruñido se hallaban tras unas escaleras resguardadas por un duende a cada lado uniformados en oro y escarlata. Me observaban con suma cautela; era consciente de la magia de los duendes, sumamente extraña y diferente a la de un mago promedio, es muy probable que hayan encontrado una anormalidad en mi persona ya sea por el glamour que llevo puesto o por el tumulto de magia que me rodeaba como advertencia. Unos minutos duró la guerra de miradas entre los duendes y mis ojos que, en estos momentos, se acentuaban un poco más al dorado cosa que no cambiaba mucho mi color original.
Los duendes son muy obstinados y en base a esto, y sin ninguna otra opción, deje que mi magia revoloteara alrededor de los duendes que pasaron de una mirada asesina a una llena de sorpresa, sin expresar absolutamente nada abrieron las grandes, y aparentemente, pesadas puertas.
Tras esas imponentes puertas se encontraba el vestíbulo, una pequeña sala con aun mas puertas.
Cruzando el vestíbulo repleto de duendes se entra a la sala principal. Una cámara de mármol muy extensa con más de cien duendes sentados en taburetes altos tras largas mesas.
El sonido característico de las monedas chocando unas con otras se detuvo por un instante, las miradas de los duendes me inspeccionaron por unos segundos con leve curiosidad para después regresar a lo suyo, contar monedas.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco segundos bastaron para que Gornuk, el duende encargado del mostrador, me cediera de su total atención. Su negra mirada me escaneo con nada de sutileza, una mirada llena de todo menos confianza. Los duendes son una raza totalmente diferente; los tratos con los magos siempre han estado cargados de tensión durante siglos. Errores de ambos bandos ha habido y con ello una creencia se creo entre algunos duendes, y los de Gringotts son quizás más propensos a esto, no se puede confiar en los magos sobre asuntos de oro y tesoros, pues no respetan el concepto de propiedad de los duendes; el creador es y será el legítimo dueño de cualquier tesoro, una filosofía con muchos espacios en blanco.
- Requiero una prueba de herencia, señor - dijo Harrison lo suficientemente alto para que el duende, desde su elevada posición, le escuchara. Su mirada oscura me observo con una pizca de desprecio y escrutinio, y, sin avisar, abandonó su puesto con una mirada silenciosa que prometía su regreso.
- Por aquí, mago - el que antes se imponía alto y poderoso, desde su posición, ahora era diminuto, nada que prometiera ser peligroso aunque aún seguía con una actitud completamente gruñona.
En silencio, mis pies siguieron al duende hacia una de las tantas puertas allí presentes, una doble puerta de color caoba con finos detalles dorados se alzó al final del camino, al igual que la primera vez, sin avisar, Gornuk salió de la escena dejándome a solas con tan imponente puerta, mis nudillos conectaron con el relieve desigual de la puerta y una voz grave se alzo.
- Adelante - Griphook esperaba con fingida paciencia al mago que exigía de sus servicios, hace unos minutos Gornuk arribó a su oficina anunciando que un peculiar, por no decir extraño, mago hizo presencia en Gringotts con el propósito de obtener un pergamino con su posible herencia, no pedí más detalles y ordene a Gornuk que trajera a mi presencia a él extraño mago.
- Lamento la interrupción, señor Griphook- Harrison hizo todo lo posible por evitar que el nombre del duende saliera lleno de veneno, aún no olvidaba como ese embustero elfo los abandonó en la cámara de Bellatrix en la búsqueda de los horocruxes pero tenía que fingir por lo menos, hasta conseguir lo que había ido a buscar.
- Tres Galeones - Era obvio que Griphook no haría un trabajo por caridad aunque fuera mismísimo Merlín. Siempre debería haber un precio o un intercambio de por medio para expedir sus servicios.
Harrison, en términos de dinero, era encasillado en el concepto de Homeless en esta nueva dimensión pues si bien en su otra vida era millonario en esta no tenía su, necesario, regalo de consolación por la muerte de James y Lili Potter afortunadamente su espontaneidad le ayudaba en situaciones claves y agradece que los magos británicos fueran tan ingenuos.
Harrison no emitió ningún sonido como respuesta pero esa fue dada al momento que, de su bolsillo, sacó tres monedas bañadas en oro, coloquialmente conocida como Galeones en el mundo mágico Británico. Sin preguntar el duende le arrebató, lleno de codicia, el dinero que reposaba en su mano izquierda para depositarlo, sin cuidado alguno, en uno de los tantos cajones de su sala.
- Su mano - Tal parece que el aborrecimiento era mutuo, sin tan siquiera preguntar mi nombre el malhumorado duende exigió mi mano con una daga ya lista, extrañamente hermosa, en su mano derecha.
Un hilo escarlata proveniente de mi mano izquierda cayó sobre el pergamino posado en el escritorio del duende. La sangre se esparció lentamente por el pergamino dejando a su paso letras legibles de color dorado, al término del proceso la herida sangrante en mi mano desapareció dejando una piel nívea y blanca sin herida; el pergamino fue tomado en un principio por Griphook, su mirada recorría con ferocidad el pergamino en sus diminutas manos, una, dos, tres veces leyó y releyó la información del pergamino esperando que la información en el pergamino sea todo menos correcta.
Harrison recibió el pergamino de las temblorosas manos de Griphook, algo impensable en los duendes. Pocas cosas sorprenden a los duendes y Harrison esperaba que sea algo totalmente a su favor.
- Harrison Azrael Vasilis Morte Peverell, heredero de la antigua y casa ancestral Vasilis - Morte - Peverell; protegido de la santa muerte.
La información era esclarecedora, su conjetura era correcta: de cierto modo le quitaba un peso de encima. Un alivio fugaz acaricio su alma para después desaparecer al pensar en sus planes futuros. Afortunadamente no era Harry Potter o más bien ya no era Harry Potter, aunque era un alivio su nueva identidad estima que la cruz en su espalda será aun mas pesada que la anterior.
Griphook cambió totalmente su actitud despectiva a una llena de cautela, el intercambio de palabras se hizo pesado y lleno de tensión, aún sin deshacerme de mi glamour, ya que no existía una pizca de confianza por parte de ninguno, empecé a pautar los puntos de confidencialidad sobre mi identidad al igual que el manejo de mis cuentas con las cuales contaba, unos minutos duró el intercambio de condiciones que se pacto y selló con un pergamino de confidencialidad en nombre de la noble magia. Sin ánimos de divulgar más sobre el asunto abandone la oficina de Griphook con un leve asentimiento de cabeza, regrese sobre mis pasos hacia la salida de Gringotts con total serenidad, los duendes me observaban con perspicacia y la mirada de Gornuk, una vez más, llena de escrutinio me analizaba.
Gornuk desde su posición lo pudo notar, dos hermosos destellos adornaban y sobresalían de la mano izquierda del joven, destellos que antes no se encontraban ahí, no era un mago promedio de eso estaba seguro, ese mago era un Lord y a juzgar por los anillos sería un Lord de mucho cuidado.
Sus memorias le mostraban con mucha claridad el ¿cómo? y ¿cuando? murió por ende ese asunto estaba más que zanjado, la verdadera y aterradora incógnita era el cómo terminó en tan desdichada condición.
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He is the new black || Harry Potter ||
RandomLos días y las noches pasaron, tanto luz como oscuridad vivían en la ignorancia de ser los mas fuertes, con los ideales correctos y las razones correctas por cuales luchar mientras, en la penumbra de las sombras, un joven con habilidades inigualabl...
